vuelven a sala dos bodegones del pintor

El Reina Sofía estrecha lazos con Manuel Valls al recuperar dos pinturas de su padre

Es tan valorado en su país, que el Museo Reina Sofía acaba de tener un gesto de cariño y complicidad con Manuel Valls, Primer Ministro francés

Foto: Xavier Valls i Subirà © Fototeca.cat
Xavier Valls i Subirà © Fototeca.cat

Es tan valorado en su país que el Museo Reina Sofía acaba de tener un gesto de cariño y complicidad con Manuel Valls, primer ministro francés desde hace una semana: el director Manuel Borja-Villel ha ordenado sacar de los almacenes dos bodegones del padre del político, el pintor figurativo Xavier Valls (1923-2006), para colocarlos en la planta cuarta del edificio Sabatini, en la Colección 3, en el espacio que antecede a la importantísima sala 427, titulada Figuras de lo humano.

Los dos bodegones de cerezas y melocotones de Valls están rodeados por los mejores pintores de la experiencia figurativa del arte contemporáneo español e internacional: Luis Gordillo, Darío Villalba, Francis Bacon, Richard Hamilton, Michelangelo Pistoletto, Philip Guston, Ronald Kitaj y la fotógrafa Diane Arbus. Un marco incomparable, ideal para cualquier pintor español y, desde luego, para el padre del ministro llamado, tarde o temprano, a presidir la República francesa.

“Los hemos colgado hace unos días”, señalan los responsables del museo, coincidiendo con los movimientos del Gobierno de François Hollande, tras el batacazo del Partido Socialista en las elecciones municipales, que auparon a Valls a un lugar privilegiado, como el de su padre en estos momentos. A pesar del evidente y llamativo contraste de la obra del pintor catalán con sus compañeros de sala, desde el Reina Sofía indican que se habían expuesto y retirado hasta seis veces en los últimos seis años. Al parecer, los dos cuadros son suplentes sin un espacio claro en la exhibición de las colecciones del centro. De hecho, cuando Manuel Borja-Villel reordenó las colecciones de la cuarta planta decidió mandar al almacén las dos pinturas.

Los dos bodegones tal y como se ven desde hace unos días.
Los dos bodegones tal y como se ven desde hace unos días.

La última vez que se retiraron de las salas fue por motivos de conservación: los informes de restauración indican que “sufren una sensibilización debido a la intensidad lumínica, lo que aconseja un tiempo limitado de exposición”. Los responsables del museo aclaran a El Confidencial que aparecen ahora después de haber tomado “un período de descanso”.

Coincidencias y casualidades

La coincidencia geopolítica se refuerza con la reactivación de un proyecto de exposición retrospectiva en la sede que tiene el museo en el Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) –paralizado en estos momentos por falta de financiación–-, en marcha desde que Manuel Valls fuese nombrado ministro del Interior. El Reina Sofía confirma también que el proyecto está en proceso y este periódico ha podido saber que una de las arquitectas de exposiciones habituales de la institución ya trabaja sobre el diseño de la muestra.   

Esta decisión viene a subrayar las buenas relaciones que el museo de arte contemporáneo español mantiene con su homólogo francés, el Centro George Pompidou, en París. Manuel Borja-Villel sigue estrechando lazos artísticos con el país vecino, con la novedad que esta vez trasciende los vínculos artísticos para consumar en los políticos.

Un pintor olvidado   

Xavier Valls, especialista en bodegones, abandonó el barrio de Horta de Barcelona, en 1949, con una beca que el Gobierno francés le concedió como pintor. En ese traslado se casa con Luisangela Galfetti, con quien comparte apartamento en la capital. En las vacaciones de verano de 1962, en Barcelona, nació el primogénito, Manuel.   

La Fundación Vila Casas preparó una exposición el pasado septiembre; sin embargo, es una figura poco tratada incluso por las autoridades catalanas, que le dedicaron una muestra en el Museo de Arte Moderno del Ayuntamiento de Barcelona hace casi treinta años. Pocos museos españoles tienen obra suya. De hecho, el primer reconocimiento oficial de su trabajo en España no llega hasta 1982, en la sala de exposiciones de la Subdirección General de Artes Plásticas (Paseo de Recoletos, 22), con 140 óleos, dibujos y acuarelas. Pero después de aquella gran antológica, poco más. En 1993 obtiene la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y recibe el Premio Nacional de las Artes Plásticas de la Generalitat de Cataluña. 

Los dos óleos sobre tela que se conservan en el Reina Sofía demuestran la imperturbable figura de Valls, que inmunizó su técnica –con extrema coherencia– contra la evolución y el paso del tiempo. Entre Melocotones y jarro, de 1974, y Bodegón con cerezas, 16 años después, apenas hay alteración en la luz con la que los ha congelado e, incluso, en el tamaño de los lienzos (ambos miden 92 por 73 cm). Todo es quietud, precisión, sencillez y colores suaves como el pastel. Se ganó a pulso el apodo del “pintor del silencio”. Mirada suave y dulce que vuelve para reivindicarse como algo ajeno, por ejemplo, al ruido de la política. O no tanto.

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