capilla ardiente del guitarrista

Paco de Lucía llena el Auditorio Nacional por última vez

Autoridades del mundo del arte y la política y cientos de aficionados de toda España acuden a despedir al maestro del flamenco en el Auditorio Nacional

Foto: Capilla ardiente del guitarrista Paco de Lucía en el audientorio nacional (EFE)
Capilla ardiente del guitarrista Paco de Lucía en el audientorio nacional (EFE)

Cientos de personas esperaban fuera del Auditorio Nacional formando una cola que daba la vuelta a la manzana y parecía no tener final. Una fila de claveles blancos y rojos esperaban a que las puertas se abrieran para homenajear a Paco de Lucía. El guitarrista ha llenado hoy por última vez el Auditorio Nacional, aunque esta vez no haya sido por su música, sino por su muerte.

Aficionados al flamenco de todas partes de España que se habían acercado a despedir al “maestro”, como Alejandro Miguel, que se encontraba de viaje en Madrid y acudía al Auditorio junto a su mujer y arrastrando dos maletas. Para ellos Paco de Lucía es algo más que una leyenda: “La última vez que le vimos en concierto fue en un sitio muy bonito, al aire libre y allí nos prometimos”, explicaba a El Confidencial. “Para nosotros era lo máximo, y queríamos venir a despedirle”, añadía emocionado.

De Salamanca se había acercado Santiago Hernández, guitarrista profesional. “Me iba a arrepentir de no venir teniéndolo tan cerca”, cuenta mientras recuerda cómo la guitarra de Paco de Lucía fue su maestra. Su decisión de acercarse a despedir al músico fue tan improvisada que ni siquiera tuvo tiempo de pasar por casa a dejar su instrumento.

Santiago Hernández recuerda especialmente un concierto en su ciudad en el que De Lucía salió al escenario con fiebre: “Estaba enfermo y tocó como una mala bestia, como un portento, como lo que era”.

No fue el único que acudió con su guitarra. Muchos quisieron despedir al maestro de la mejor forma posible: con música. Conciertos improvisados de armónica y cantaores de flamenco se iban turnando mientras aguardaban para entrar en el local.

Además de los cientos de aficionados anónimos, muchas personalidades del mundo del arte y la política se acercaron a la capilla ardiente para mostrar sus condolencias a la familia del artista.

La primera en llegar fue Massiel, amiga de la viuda, que manifestó encontrarse “desolada”. “Ha muerto un talento de los que uno ve una vez en la vida”, contó a la prensa.

Otro de los primeros en acudir fue Miguel Ángel Arenas “Capi”, productor de Paco de Lucía en la década de los 80 e íntimo amigo de la familia. Él pudo ver al guitarrista el día antes de su fallecimiento y no dudo en calificarle como “uno de los mejores músicos del siglo XX y XXI”. Agarrada a su brazo estaba la cantaora María Vargas, que contaba muy emocionada como llegó a grabar un LP con él y lo bien que lo pasaban en sus giras por Alemania: “La última vez que le vi fue en una fiesta, tocando la guitarra, junto a Alejandro Sanz” recordaba.

Cientos de personas esperan para entrar en el Auditorio Nacional (J.Z)
Cientos de personas esperan para entrar en el Auditorio Nacional (J.Z)
José Carmona, miembro de Ketama definió a Paco de Lucía como “la biblia del flamenco”: “Influyó a todos los jóvenes flamencos y revolucionó la guitarra” añadió el músico.

Gabriel de la Tomasa pudo estar con Paco de Lucía poco antes de su muerte y todavía se encontraba en shock: “Había dejado de fumar hace veinte días, desde que falleció su amigo Félix Grande y estaba haciendo deporte, sus hermanos mayores no se lo explican”, comentaba afectado mientras alababa a un “genio irrecuperable”.

A las dos de la tarde por fin se abrieron las puertas y la gente pudo entrar a despedir a Paco de Lucía. Los grupos comenzaron a entrar y firmar en los libros colocados para expresar las condolencias. Cada poco tiempo la cola de amantes del flamenco se detenía para que entraran las autoridades. Los primeros: Cristina Cifuentes y Ana Botella, que salieron a la intemperie a recibir al Príncipe Felipe.

Juntos entraron en el Auditorio y dieron el pésame a la familia del artista. En el centro del escenario, su ataúd, cubierto por dos banderas, la española y la andaluza, y a su lado una fotografía suya tocando la guitarra. No podía ser de otra forma.

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