Tendencias musicales del año

Lo mejor de la música en 2013: las periferias acaban con el rock y el indie

Del global bass al techno pasando por la resurrección del hip hop y el poder jamaicano. Cuando el indie y el rock desaparecieron del mapa musical

Foto: Harlem Shake en las calles de Polonia (EFE)
Harlem Shake en las calles de Polonia (EFE)

Como en tantos otros años de la posmodernidad, no ha habido una tendencia clara en 2013. Seguramente lo más reseñable sea el romance de EEUU con la música electrónica (sube la fiebre por los discjockeys) y la pujanza de estilos como el trap, el zouk bass y el reciclaje del folclore latino para la pista de baile (no nos referimos al llamado electrolatino, sino a la cumbia digital y el global bass). Mal año para el rock y también para el llamado indie, que hace ya dos décadas que emite señales de agotamiento creativo, a pesar del apoyo entusiasta de la crítica musical.  

Death Grips y los maestros del ruido

Jueves del festival Primavera Sound: un ritmo taladrante y un negrazo pegando gritos,  desnudo de cintura para arriba.  Más que canciones, parece que estemos escuchando latigazos. Posiblemente, el mejor concierto del año, con tanta adrenalina como los comienzos del hardcore o del gangsta-rap. Un banda sonora perfecta para tiempos de crisis y conflicto político. Este ha sido un buen año para el ruidaco, desde la gira de los veteranos Godflesh al martilleo de Vatican Shadow, sin olvidar al tortuoso Andy Stott. El medidor de intensidad también se rompió en el concierto de Cut Hands, actual proyecto de William Bennett, maestro del volumen desatado desde su época en los pioneros Whitehouse. Su apuesta actual es mezclar ruido y ritmos africanos, todo ello envuelto en imágenes de vudú y cataclismos.
 


La fiebre del bajo global

El abaratamiento de  la tecnología ha tenido serias consecuencias en la música. ¿La principal? Los chavales de los barrios pobres tienen algo parecido a la igualdad de oportunidades a la hora de componer. Además de la escena de la cumbia digital, vivimos la fiebre del zouk bass (de origen antillano) y la explosión global del trap. El ubicuo Harlem Shake (Baauer) fue el himno de este último estilo, pero quien rompió de verdad las caderas de sus seguidores fue Uz con su sesión del Mulafest 2013 (Madrid). Otro nombre destacado este año es Uproot Andy, gracias a su contagioso proyecto discográfico Worlwide Ting, que funde ritmos latinos (nuevos y viejos) para obtener uno de los sonidos más contagiosos de la cultura de clubes actual (su laboratorio son las fiestas Qué Bajo de Brooklyn, Nueva York). Si quieren calentar la pista de baile, también podemos recomendar Empacho Digital, el disco de mash-ups de Villa Diamante



Vuelve el feminismo pop

La palabra feminismo llevaba veinte años proscrita del debate musical. La última vez que se escuchó fue a comienzos de los noventa, con la icónica Courtney Love y la explosión riot grrrl. Este año ha vuelto con fuerza, gracias a Cómo ser mujer, el bestseller autobiográfico de Caitlin Moran, que empezó su carrera como periodista musical. Su libro, lleno de acidez y sentido del humor, tienen páginas memorables sobre pop, electrónica y rock, como esas donde ridiculiza el culto masculino a la figura de Keith Richards. En España, nació el colectivo Sras Que Hablan de Música, dedicado a analizar con perspectiva de género la cultura popular. Revistas femeninas como SModa o YoDonna se han animado también a denunciar el evidente machismo del mundillo musical.  

Brotes verdes en el hip-hop cañí

Hablemos claro: el rap español no ha llegado nunca a despegar. Los artistas que destacan son más excepciones que consecuencia de la escena. Un par de nombres pujantes han destacado este año por su frescura y su flow. Primero hay que mencionar al joven Jarfaiter, rimador suelto y macarra que empieza a crear culto en Youtube. Temazos como Nadie nos quiere (con samplers de Rajoy) o Destroy anuncian un artista con sustancia y desparpajo. También hay que mencionar a El Coleta, rapero del barrio madrileño de Moratalaz que mezcla hip hop descarado con referencias a la rumba setentera,  las películas quinqui y la cultura pop de los ochenta. La mismísima La Mala le invitó a subir al escenario en su último concierto madrileño. Por cierto, ella ha firmado este año un disco notable, titulado Bruja, escogido entre los mejores del año por la prestigiosa web NPR (siglas de la radio nacional pública estadounidense). 



Subidón techno

Así lo explicaba Óscar Mulero en la entrevista que le hicimos el pasado octubre: "El techno se está viniendo arriba otra vez. En Inglaterra hay nombres potentes como Perc y Shifted. También veo una escena fuerte en Los Ángeles, con nombres como Developer, Silent Servant o Truncate (que además hace cosas chulas bajo el nombre Audio Injection). Vivimos una especie de resurrección: el minimal ha dado la vuelta completa desde el rollo pausado hasta un endurecimiento que ha vuelto a ser techno”. También se acordó de artistas como el estadounidense DVS1, el británico Ben Klock y los españoles Reeko (Oviedo) y Psyk (Madrid). A estos podemos añadir otros artistas electrónicos en plena forma como Marcel Dettmann, Blawan o Pariah. En España, colectivos como Postclub, HolyDubs o el festival asturiano LEV están demostrando gran nivel. Definitivamente, los partidarios de los sonidos electrónicos más potentes están de enhorabuena. 

Rodillo rapero

No ha sido mal año tampoco para el hip-hop. Kanye West entregó un álbum con ritmos incendiarios, tristemente lastrado por una letras megalómanas (divertidas a veces, ridículas otras tantas). Le pierde, muchas veces, su tendencia fashion (va camino de convertirse en el Zoolander del género). Algo parecido ocurre con A$AP Rocky, el mejor debutante del año, un rimador de primera que tiene el defecto de que muchas veces sus letras parecen catálogos de revistas de tendencias. Por debajo de estos, una nueva generación viene pegando fuerte, con nombres como  Raider Klan, King Louie, Hitta Chee o Shady Blaze. Con la debacle económica, el hip hop estadounidense vuelve a sonar a gueto y a desafío cultural. 
 

 Channel One y otros soundsystems jamaicanos

La actual explosión de la música electrónica nace en Jamaica en los años cincuenta con la invención de los soundsystems, bafles gigantescos para escuchar música en la calle. Más de medio siglo después, el dub sigue siendo el género más elegante y poderoso de la isla. Artistas y colectivos  como Abba Shanti, Channel One, Iration Steppa`s, Blackboard Jungle o Jah Tubby prenden fuego cada noche a la pista de baile. Este año han seguido firmando sesiones memorables en festivales grandes como el Rototom (Benicassim), pequeños como el Organic Roots (Madrid) o sesiones de madrugada como The Bus en Razzmatzz (Barcelona).Podemos acercarnos con tranquilidad a escuchar a  cualquiera de ellos porque nunca dan una sesión mala, aguantando durante tres y cuatro horas el nivel de variedad y pegada sonora. Noche a noche, van haciendo afición.

 África y Oriente próximo

Uno de los discos más vibrantes del año ha sido Wenu Wenu, del cantante sirio Omar Souleyman, que además ofreció conciertos arrolladores en Madrid y Barcelona. También merece mención Nomad de Bombino, guitarras distorsionadas y ritmos febriles con el punto justo de crudeza. Jama Ko, de Bassekou Kouyaté & Nogoni Ba, recoge la intensidad de la situación política de Mali, fundiendo con naturalidad sonidos modernos y  tradicionales (otro ejemplo de esto podría ser Hotel Univers, de los congoleños Jupiter y Okwess International).Dentro de la música festiva, hay que destacar la pujanza del electro-chaabi egipcio. Si se busca algo más clásico, podemos recurrir a estrellas como Rokia Traoré (con el suavito Beautiful Africa), Cesária Évora (disco post-mortem) o Femi Kuti (con himnos afrobeat como No Work, No Job, No Money).

 La veteranía es un grado

Por aquí cerca, hay que destacar La ruta del genets, disco en directo de Xabier Baró y L`Art de la Troba, el cantautor más en forma de la última década. Aunque suene a boutade, es el único en la península que aguantaría tan fresco una comparación con Bob Dylan. Otro que mantiene su altísimo nivel es Jabier Muguruza, respaldado en Beste Hogei por su espléndido equipo de músicos y letristas.  Tampoco faltan buenos momentos en Sensación Térmica, la última entrega de Kiko Veneno, con piezas tan cálidas como La vida es dulce, Mala suerte  o Los planetas (aunque los experimentos del productor, Raúl Refree, no aportan nada sustancial a su estilo) .

Otros veteranos que pueden presumir de maestría pop son Fangoria, capaces de firmar estribillos tan redondos como Dramas y comedias o Desfachatez. Los maños Tachenko publicaron el notable  El amor y las mayorías, con piezas tan sencillas y pegadizas como Campos de Marte, Suerte y Relámpago o Dame una pista

El año ha sido particularmente estéril dentro del rock. Quien sea adicto al género puede probar con Víctoria mística de Triángulo de Amor Bizarro, que combina ruido noventero con malestar político. O quizá probar con Salsa de cuervo, de los asturianos Fasenuova. Como poco, tiene la mejor frase promocional del año: “el disco que, en un más difícil todavía, pondrá de acuerdo a bakalas, punks, gafapastas y nuevos románticos”.

 ¿Adiós a la mitomanía?

Uno de los grandes lastres de la historia de la música popular es la mitomanía.  Se puede notar desde la adoración ciega que se profesa a Justin Bieber hasta la que -en otro registro- se rinde hace décadas a Tom Waits, David Bowie o Van Morrison. Por eso hay que celebrar que los libros sobre música estén empezando a perder el respeto a las vacas sagradas. El título clave de este año ha sido Bono: en el nombre del poder (Harry Browne), el retrato más demoledor jamás publicado  de una estrella de rock (centrado en su actividad política).

En España, se publicaron volúmenes sobre Pegamoides (Patricia Godes), Mecano (Grace Morales) o Kortatu (Roberto Herreros e Isidro López) que cuestionan duramente la historia oficial sobre La Movida, La Transición y la resistencia política en los ochenta .Lo bueno es que parece que esta línea va a tener continuidad. Para 2014, la editorial Contra prepara una historia oral del indie llamada Pequeño Circo, firmada por el periodista Nando Cruz, que incluye voces críticas con el género.  Malpaso, nuevo sello editorial con interés por la música, cocina estos días las memorias de Tibu, mánager histórico de la escena española (Hombres G, Aute, El Canto Del Loco...) dispuesto a destapar algunos secretos y delirios de las estrellas.

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