Velázquez contra Dalí, la batalla final
  1. Cultura
arranca la nueva temporada de exposiciones

Velázquez contra Dalí, la batalla final

“Mal que les pese a los que tratan de reducir el éxito del museo a una fría estadística de visitantes, debemos advertir que la experiencia del

Foto: Mariana de Austria, reina de España, retrato de Diego Velázquez, de 1652.
Mariana de Austria, reina de España, retrato de Diego Velázquez, de 1652.

“Mal que les pese a los que tratan de reducir el éxito del museo a una fría estadística de visitantes, debemos advertir que la experiencia del arte en estas instituciones no tiene que ver con ninguna otra manifestación colectica de entretenimiento”, escribía el director del Museo Nacional del Prado, Miguel Zugaza, en la presentación del catálogo que recogía las fotos que Francesco Jodice hizo de los visitantes de la pinacoteca. Señalaba que el ciudadano participa de los museos con su conciencia crítica y arremetía contra quienes criticaban la “democratización del arte” por verlo como un fenómeno indignante y masivo.

No sin ironía se refería al “repentino entusiasmo público” por los museos y lo valoraba no por su efecto espectacular y populista, sino por su incidencia sobre el conocimiento: “Los amantes de Velázquez no animan a sus obras con cánticos y soflamas, ni corean al unísono el estribillo de una canción de moda, ni, menos, pierden el sentido de la gravedad y la orientación como si se deslizaran por una montaña rusa”.

Esos amantes del arte a los que se refería en su escrito hace dos años –y a quienes prefiere no llamar “público”-, tienen una nueva oportunidad de devolver a Velázquez el trono del entusiasmo colectivo, arrebatado por Salvador Dalí y el Museo Reina Sofía. Efectivamente, el éxito de un museo no se resume a la taquilla, pero ayuda a levantar cabeza cuando las cuentas de la institución entran en recesión.

Felipe IV armado y con un león a los pies, de Diego Velázquez (1652).

El as en la manga. El retrato de corte es la génesis del género, que cristalizó en el Renacimiento y que los artistas barrocos sofisticaron, como expresión de la doble naturaleza real e ideal del gobernante. La necesidad de verosimilitud se hizo imprescindible para revelar la personalización del poder. Aquella tensión entre realismo e idealismo sigue siendo inherente al retrato de Estado. En estas experiencias, Velázquez y Van Dyck fueron los dos grandes retratistas de corte del Barroco. El Museo del Prado investiga –de la mano de Javier Portús, jefe depintura española (hasta 1700)del museo- el desarrollo del retrato cortesano de Velázquez, desde su segundo viaje a Roma en el año 1649 hasta su muerte, en 1660. Con el título Velázquez y la familia de Felipe IV, se mostrará la habilidad y la selectiva alteración del decoro a favor del realismo en las visiones de los monarcas y corte. A lo largo de cinco meses (del 8 de octubre al 9 de febrero) –un mes más que la afortunada exhibición de Dalí en el Reina Sofía- se mostrarán 14 obras del pintor sevillano y algunos de los retratos que se hicieron en su entorno, así como el desarrollo del género tras su muerte.

Johann Philipp Steudner. El fundamento del Surrealismo. La Fundación Juan March mostrará el arte del pasado, desde el Medievo tardío hasta el surrealismo, para probar lo que tiene de contemporáneo y vivo. Surrealistas antes del Surrealismo. La fantasía y lo fantástico en la estampa, el dibujo y la fotografía (del 4 de octubre al 14 de enero), compuesta por cerca de 200 obras, pretende ser un inventario de la tradición para entender la complejidad del movimiento de vanguardia. Una experiencia perfecta para quienes quieran saber más de los abuelos de los surrealistas, para descubrir el porqué de Dalí. Para atraer una parte de los cientos de miles de visitantes del Reina Sofía y enseñarles la tradición de las artes gráficas como fórmula especialmente adecuada a las formas de expresión espontáneas e individuales.

Salvador Dalí. La ganga surrealista. Si en la muestra de la que acabamos de hablar hay una intención de indagación del porqué surrealista, aquí tenemos la explotación comercial de la imagen del movimiento. El Surrealismo y el sueño, en el Museo Thyssen-Bonremisza es lo que es, la apuesta sobre seguro que sigue a la moda iniciada por la exposición de Dalí en el Reina Sofía, pero con pinturas, dibujos, collages, esculturas y fotografías de André Breton, Paul Delvaux, Yves Tanguy, Renée Magritte, André Masson, Max Ernst, Jean Arp, Claude Cahun o Paul Nougé, entre otros artistas afines a la corriente artística. El museo asegura que nunca antes se había mostrado en una exposición “la vinculación surrealista entre sueño e imagen”. En total, ha reunido 163 obras que se podrán ver entre el 8 de octubre y el 12 de enero.

Juan Navarro Baldeweg.La resaca de la normalidad. Tras la marabunta surrealista que ha hecho historia, llega al Museo Reina Sofía uno de los más apetecibles arranques de temporada de los propuestos por su director, Manuel Borja-Villel. Habrá nuevo tramo de la colección: Mínima resistencia.Entre la identidad y la globalización, que explora los años ochenta y noventa en España y en el extranjero y las profundas transformaciones sociopolíticas que influyeron en las prácticas artísticas. Y vinculado de alguna manera a este repaso de los fondos, la exposición Idea: Pintura Fuerza. En el gozne de los años 70 y 80 (del 5 de noviembre al 18 de mayo), una investigación sobre la vuelta al arte figurativo de los artistas Alfonso Albacete, Miguel Ángel Campano, Ferrán García Sevilla, Juan Navarro Baldeweg y Manolo Quejido.

Chris Killip.Un viaje pesimista. El dramático trabajo del fotógrafo Chris Killip (Isla de Man, 1956) será otro de los protagonistas del Museo Reina Sofía, gracias a su punto de vista fotográfico de las consecuencias de lo que significó la política de Margaret Thatcher. Trabajo / Work (del 2 de octubre al 24 de febrero), con más de 100 fotos sobre el desgarro social en la clase obrera británica durante el desmantelamiento de la industria. Compilación de una experiencia de 40 años. Mucha atención a la exposición Formas biográficas. Construcción y mitología individual, sobre la construcción de la biografía en el arte moderno desde la década de los cincuenta, con unas 250 obras de Edvard Munch, Klee, Max Ernst, Giacometti, Warhol, Frank Kafka,Maruja Mallo oEspaliú.

MacchiaioliImpresionistas, que no falten. La Fundación Mapfre no cesa en su empeño de quedarse con el reino del Impresionismo y los fieles que van allá donde esté. Como las visiones impresionistas tradicionales se agotan, aquí tenemos una retrospectiva con cerca de 70 pinturas del curioso grupo italiano Macchiaioli dedicado al noble placer artístico de la pintura directa al aire libre. Macchiaioli. Realismo Impresionista en Italia (12 de septiembre al 5 de enero) muestra, por primera vez en España y con la coproducción de los museos d'Orsay y l'Orangerie, de París, el trabajo de artistas como Giovanni Fattori, Silvestro Lega, Telemaco Signorini, Giuseppe Abbati o Giovanni Boldini, que actuaron al calor del crítico y mecenas Diego Martelli, enamorado del movimiento.

Sylvia Sleigh.Pintura sensual y sexual. Toda su vida fiel a la pintura figurativa, Sylvia Sleigh (Gales, 1916- Nueva York, 2010) fue una de las piezas esenciales de la escena feminista neoyorquina a lo largo de los setenta. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla, le dedica la exposición La mirada inoportuna (a partir del 27 de septiembre), coproducida con la TATE Liverpool y museos de arte contemporáneo de Suiza, Francia y Noruega. La pintora se dedicó a retratar al mundo del arte al completo, desde críticos a coleccionistas, hombres y mujeres, travestidos y desnudos. Una mirada personal, irritante, cargada de detalles, fundamental en la construcción de una nueva historia de la representación. Buena oportunidad para descubrirla.

Antoni Tàpies.Una barretina medieval. Según parece, Antoni Tàpies utilizó en Pintura románica con barretina, del año 1971, parte de un fresco del siglo XII que fue arrancado del altar de la iglesia de Sant Climent de Taüll, referencia básica del románico. Entre septiembre y diciembre, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), propone la exploración del vínculo entre el pintor catalán y el arte románico con el punto de partida de la citada imagen. Taüll influyó en la manera de concebir su pintura y en su interés de reutilizar materiales para convertirlos en materia artística. De alguna manera, la relación entre el arte contemporáneo y el arte medieval quedará destacada. Ya hemos visto que no es la única institución que investiga sobre esta relación.

Museo del Prado