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El libro pide pena para las grandes operadoras
  1. Cultura
LOS EDITORES DENUNCIAN LA SITUACIÓN DEL SECTOR DEL LIBRO FRENTE AL TECNOLÓGICO

El libro pide pena para las grandes operadoras

Parecía una regresión a los ochenta. Una pareja en un escenario. Uno de ellos enseña el vaso de agua que lleva en una mano y la

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El libro pide pena para las grandes operadoras

Parecía una regresión a los ochenta. Una pareja en un escenario. Uno de ellos enseña el vaso de agua que lleva en una mano y la botella en la otra. Sirve el líquido casi hasta rebosar. Y lo bebe. “Tenemos que discutir qué es lo importante: si el líquido o el recipiente”. Ninguno de ellos viste frac ni calza sombrero de copa, así que ni ellos son una pareja de cómicos, ni esto es un chiste. Es una metáfora sobre las tensiones que hay entre el mundo de la cultura (el agua) y el de las telecomunicaciones y tecnológicas (el vaso). Así arrancaba Xavier Mallafré, vicepresidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), su intervención en la que destripó los entresijos del “Informe sobre la situación de la industria y el comercio del libro con respecto a la protección de la creación cultural”.

El titular con el que concluyen su análisis señala que “España desprecia la cultura como motor de empleo, crecimiento económico y proyección internacional”. El lobby de los editores mueve ficha y apuesta por jugar fuerte en plena cocción de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. Denuncia la falta de implicación del Gobierno en el desarrollo del crecimiento del PIB de este sector al Estado, que en la actualidad es del 3,7% (41.000 millones de euros) y más de 625.000 empleos, según el anuario de Estadísticas Culturales de 2011. Sin embargo, está muy por debajo del 4,5% de la media europea, que de cumplirse supondría un aumento de 70.000 puestos de trabajo más.  Las empresas editoriales pierden frente a las tecnológicas en la generación de beneficios económicos

El informe pretende poner en valor el sector del libro en Europa frente a las empresas de tecnología: “En la presunta batalla entre cultura y tecnología las empresas editoriales pierden frente a las tecnológicas en la generación de beneficios económicos y no constituyen un sector rico como, interesadamente, se pretende hacer ver. Además, hay que tener en cuenta que, al contrario de lo que ocurre en el sector del libro, ninguna de las grandes empresas tecnológicas son europeas”.

Editores, primero

Reivindican la defensa de lo propio y llaman la atención al Gobierno a que actúe a favor de uno de los valores europeos en el mundo: en tecnología no es líder, pero sí en la edición que entre los diez grandes grupos editoriales, ocho son europeos y, de ellos, uno español. La recriminación sucede en el momento más oportuno. Javier Cortés, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, dice que es “clave”. Por supuesto, se refiere al trato de favor que hasta el momento han recibido el sector de las telecomunicaciones en el reparto de la tarta digital española. Y en un fino gesto de reivindicación empresarial volvía a aludir a la batalla para darse valor: “Los editores llegaron antes que Telefónica a Latinoamérica”.

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“Sin ninguna duda hasta el momento el Gobierno ha sido más favorable con el sector de las telecomunicaciones. Por ejemplo, los gobiernos se han gastado una ingente cantidad de dinero en la invasión tecnológica de las aulas, pero no en dotar las mismas de contenido digital. Y esto es sólo un problema de España, no ocurre en ninguna otra parte del mundo”. Es la primera vez que un cargo de la industria cultural no zurce al españolito con los calificativos de “pirata”, “chorizo”, “ladrón”… “No he dicho ni una sola palabra mala sobre el lector”, remata su intervención, en la que sí señaló a las presiones de las telecos como uno de los problemas de la falta de voluntad política en la lucha contra la piratería.

Las telecos han sido mucho más fuertes hasta el momento que la cultura en la pelea por la definición del uso digital de la cultura, por eso Cortés ha cargado con artillería pesada: “Que la nueva Ley de Propiedad Intelectual se aplique y llegue a donde tenga que llegar. Desde el que consume ilegalmente al que se lucra, al que se anuncia… ¿y por qué no llegar al operador tecnológico?”, se ha atrevido a especificar contra el mayor rival de la industria cultural en la lucha contra la piratería.

Reforma insuficiente

Cortés ha sido tajante y directo con la reforma de la norma, en pleno borrador, al afirmar que es “insuficiente” y que sólo piden “que las nuevas conductas culturales estén reguladas, porque en eso consiste un Estado de Derecho”. Calcula el robo de la propiedad intelectual en 200 millones de euros perdidos, de ahí que ya hayan presentado sus alegaciones a la reforma de la ley: “La utilización de los contenidos digitales en el mundo educativo se ha quedado sin protección. Nos preocupan los segundos usos de los originales y las cantidades por compensación son ínfimas. Además, queremos una ley con recursos y funcionarios que trabajen en ella, y una intervención directa”.   Ni el consumo ni el producto cultural de nuestros días tienen que ver con la época en que se aprobó la actual Ley

La actual ley de Propiedad Intelectual, ha añadido, responde a los parámetros culturales de los años ochenta –casi de cuando aquella pareja de cómicos analizaban la imposibilidad de llenar un vaso de agua si éste estaba bocabajo- y ni el consumo ni el producto cultural de nuestros días tienen que ver con aquello. Por eso definió el momento por el que atravesamos como clave para “dar un paso firme a favor del valor económico y cultural” de esta industria. Lanzaba el mensaje franco al Gobierno de Mariano Rajoy, durante la presentación del informe en La Casa del Lector de Matadero.

Los editores piden la misma voluntad política que ha conseguido concienciar a la población de la defensa del medio ambiente y de la prohibición del alcohol al volante. En esa voluntad política también le exigen al Gobierno una revisión del sistema impositivo y que se juegue una demanda de Bruselas por colocar el IVA reducido para el libro electrónico. “Crecer sólo es posible innovando, pero tenemos muchos lastres. El pasado año los editores hicimos un esfuerzo superior a la facturación: sólo recuperamos un 3 % del 48 % invertido en la digitalización de nuevos títulos”, apuntó Mallafré.

Parecía una regresión a los ochenta. Una pareja en un escenario. Uno de ellos enseña el vaso de agua que lleva en una mano y la botella en la otra. Sirve el líquido casi hasta rebosar. Y lo bebe. “Tenemos que discutir qué es lo importante: si el líquido o el recipiente”. Ninguno de ellos viste frac ni calza sombrero de copa, así que ni ellos son una pareja de cómicos, ni esto es un chiste. Es una metáfora sobre las tensiones que hay entre el mundo de la cultura (el agua) y el de las telecomunicaciones y tecnológicas (el vaso). Así arrancaba Xavier Mallafré, vicepresidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), su intervención en la que destripó los entresijos del “Informe sobre la situación de la industria y el comercio del libro con respecto a la protección de la creación cultural”.