el partido nació hace cinco años

El dilema Vox: entre la información y la amplificación

El terremoto Vox ha irrumpido en la agenda política con 12 escaños en el Parlamento de Andalucía. Tras años de invisibilidad en la prensa, el partido y sus dirigentes copan titulares día tras día

Foto: Santiago Abascal, líder de Vox, en una imagen de archivo. (Reuters)
Santiago Abascal, líder de Vox, en una imagen de archivo. (Reuters)

Nadie les vino venir. Al menos no así. Vox, la gran revelación de las elecciones de Andalucía, ha entrado en la agenda como elefante en cacharrería con 12 escaños y las llaves para elegir al próximo residente del Palacio de San Telmo. Fundado hace cinco años, el partido y su líder Santiago Abascal han sido casi invisibles para los grandes diarios y las cadenas de televisión durante los últimos años. Hasta ahora.

La formación, que hasta hace unos meses dudaba si presentarse, no ha gozado de la misma cobertura que el resto de partidos políticos y ni siquiera la demoscopia detectó el empuje que iba a tener. En las últimas elecciones generales, el partido cosechó menos de 57.000 votos. Ya entonces, Abascal explicó a El Confidencial que la falta de focos y micrófonos les estaba pasando factura.

El fichaje del padre de Monedero, la entrega a Carles Puigdemont de unas esposas y el Código Penal y el despliegue de una bandera española en Gibraltar son ejemplos de las apariciones de Vox en prensa en los últimos años, todas ellas flores de un día que no terminaron de dar fuelle al partido. El punto de inflexión llegó el pasado octubre, cuando el mitin organizado en Vistalegre reunió a más de 10.000 personas y abrió el debate sobre qué tratamiento informativo debe recibir una formación que no contaba por entonces con ningún tipo de representación institucional.

Ahora, respaldado por casi 400.000 votos, el partido ya no busca su minuto de gloria y se ha convertido en el tema estrella de todas las portadas y tertulias pese a las críticas que han recibido sus postulados que para algunos se mueven en la órbita del fascismo. “Hay que cubrir a Vox como cualquier otro partido que se presenta a unas elecciones”, señala Nemesio Rodríguez, presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). “Personalmente, no soy partidario de discriminar a ninguna formación que se presente legalmente a unos comicios”.

Desde el plató de Ana Rosa Quintana al estudio de ‘Hora 25’ con Àngels Barceló, los dirigentes de Vox han saltado al ‘prime time’ tras su meteórico ascenso para explicar una batería de propuestas que incluye la derogación de la ley de violencia de género, el cierre de las televisiones autonómicas y un fuerte control migratorio, entre otras.

Ana Rosa Quintana entrevista a Santiago Abascal en su programa. (Telecinco)
Ana Rosa Quintana entrevista a Santiago Abascal en su programa. (Telecinco)

En esta ‘tournée’, Vox aseguró en la cadena SER que, por ejemplo, los datos de hombres asesinados en el ámbito doméstico se “ocultan” cuando lo cierto es que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) publica anualmente estos datos en su web. “En este país tenemos un problema y es que vivimos de declaración en declaración”, señala Nemesio Rodríguez.

Una tesis similar es la que mantiene Berta Herrero, periodista especializada en Unión Europea y comunicación política. “El error está en quedarse en ‘lo espectacular’, como pasó con Vistalegre o con la noche electoral, cuando lo deseable sería ir al fondo de diversas cuestiones”, explica a El Confidencial. “Los medios no pueden limitarse a difundir el programa de la formación, sino que tienen que aportar datos sobre qué supondría en la práctica y si se podría llevar a cabo o no". En este sentido, la periodista recuerda la teoría de la falsa equivalencia del profesor Robert G. Picard: "Hay que hablar de lo que es aceptable en una democracia, no del apoyo que pueda tener lo inaceptable".

Sobre si hay excesos o no en la cobertura del partido, el presidente de la FAPE apunta a que hay una “sobredimensión informativa lógica” como consecuencia del sorprendente resultado electoral que se templará con el tiempo. A este respecto, cabe recordar que Pablo Echenique, secretario de Organización de Podemos, ha señalado que los medios de comunicación han coadyuvado al auge de Vox con su “alarmismo”.

Para Herrero, la prensa debe conceder espacio a las actividades de Vox en la medida en la que ha obtenido representación parlamentaria pero, eso sí, no a cualquier precio: “El espacio no es para amplificar la burrada de turno, sino para informar debidamente a los ciudadanos de qué iniciativas están secundando u obstaculizando, cómo están votando, en qué nombramientos están participando, etc”. Rodríguez, que comparte esta reflexión, recuerda que es un partido que puede tener influencia a nivel nacional y que no tendría sentido ignorar lo que está pasando.

“Lo que dan a entender las entrevistas a votantes andaluces es que el apoyo a Vox podría estar movido por un sentimiento antiinmigración o por cómo se han hecho las cosas en Cataluña”, añade Herrero. “El problema está en que no se explica a esos mismos votantes que, en un Estado de derecho, Vox no podrá hacer ni la mitad de las cosas que pregona a los cuatro vientos”. Al igual que Unidos Podemos, algunas de las medidas de Vox son de tal magnitud que pasarían por un proceso constituyente.

Otra derivada de la entrada de Vox en el juego político es la etiqueta que se les va a colgar. ¿Fascista? ¿Ultraderechista? ¿Liberal? Abascal, que ha recibido felicitaciones de Marine Le Pen por el resultado, se ha limitado a autodefinir la formación como “antipodemita y anticomunista”, pero lo cierto es que su programa no anda lejos de los del húngaro Víktor Orbán y el italiano Matteo Salvini. Para Nemesio Rodríguez, el término fascista es demasiado grueso y apela a un debate estéril y superado. “Ahora estamos hablando de otras cosas". Tanto él como Herrero coinciden en tildar a la formación de ultraderechista. En cualquier caso, tras la irrupción en Andalucía, ahora toca esperar a ver si Vox se despereza política y mediáticamente en el resto de España o si vuelve a la segunda fila otros cinco años.

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