El deportista a seguir | El base estrella del Madrid al que no le gustaba el baloncesto
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El deportista a seguir | El base estrella del Madrid al que no le gustaba el baloncesto

Un espacio en el que destacaremos a ese deportista con menos nombre, pero que lo tiene todo para ocupar grandes titulares y que queda eclipsado por las estrellas de (casi) siempre

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Ilustración: Sergio Beleña.

Sucedió hace poco más de una década. La Selección llegaba al Mundial de Básquet de Turquía con un combinado muy potente, aunque con las bajas de Pau Gasol y José Manuel Calderón. El comienzo en el torneo fue dubitativo, con dos derrotas ante Francia y Lituania, pero, poco a poco, el equipo de Sergio Scariolo fue cogiendo dinámica positiva y se entonó, al punto de ser considerado uno de los favoritos: no en vano, era el vigente campeón del mundo y tenía en sus manos revalidar el título... Hasta que en cuartos se disipó la ilusión por 'culpa' de un genial base serbio que provocó, posiblemente, una de las derrotas más dolorosas del baloncesto nacional.

La impresionante victoria ante Grecia en octavos reanimó a la 'ÑBA', que se mediría a la poderosa Serbia en cuartos. Los dos primeros cuartos fueron para los balcánicos, muy superiores, pero Navarro logró igualar la contienda en el tercer periodo. Llegaba el momento de la verdad, pero cada vez que España se acercaba en el marcador, Serbia apretaba el acelerador. A falta de 1:40, la Selección perdía por cinco: misión difícil, pero no imposible... Y aparecieron Navarro y Marc Gasol para lograr la igualada a 89 a falta de 25 segundos. Pero Milos Teodosic dijo 'basta': con un triple de más de ocho metros, hundió a España en el último segundo. Adiós y gracias.

Foto: Imagen: Rocío Márquez.

Aquel triplazo, grabado a fuego en la memoria colectiva, fue una de las eliminaciones más dolorosas de la Selección, pero un niño que por aquel entonces tenía poco más de seis años descubrió a un jugador que le llamó la atención... a pesar de no sentir especial deseo por el baloncesto. Años más tarde, cuando comenzó a jugar en serio, le convirtió en su referente: se fijó en sus movimientos, en sus decisiones en pista, en su mecánica de lanzamiento o en su inteligencia para leer el juego, a lo que sumó sus innatas cualidades para convertirse en una de las joyas del baloncesto patrio. El Real Madrid ya le ha dado la alternativa y Juan Núñez apunta muy alto.

Con solo 17 años y dos días, el base de Villaviciosa de Odón (Madrid) debutó en las semifinales de la Liga Endesa contra Valencia Basket, lo que le sirvió para convertirse en el cuarto jugador más joven de la historia del baloncesto español en debutar en los 'play-off'. Se trata de uno de los grandes talentos de la cantera del Madrid, uno de esos jugadores diferentes que no necesitan de las estadísticas para encandilar al aficionado: muchas veces, nos centramos en números, valoraciones y estadísticas frías. Núñez no solo tiene eso, sino que cuenta con un desparpajo y una manera de ver el baloncesto que pocos tienen y, además, un techo de aprendizaje difícil de fijar.

Los 'highlights' de Núñez en el ANGT de 2021

Pero la historia de Núñez es, cuanto menos, curiosa. Desde muy pequeño, sus padres pronto le vieron cualidades para hacer deporte, por lo que le preguntaron a qué quería jugar. Su respuesta fue clara: "Quiero jugar al balonmano". El madrileño mostraba cualidades, pero sus progenitores vieron algo más allá. Los dos, jugadores de baloncesto en su juventud, vieron que podía triunfar en este mundo: buen control del balón, enorme visión de juego, buenas capacidades físicas... "Juan, ¿te gustaría hacer una prueba en el Madrid de baloncesto?", le preguntaron. No solo la hizo, sino que desde entonces, 2015, fue considerado una de las joyas de la cantera.

"A mí no me gustaba el baloncesto, pero empecé en el Real Madrid y ahí comencé a amarlo", explicaba el propio jugador en 'ESPN' hace un par de años. Sin embargo, desde que llegara a la cantera blanca, fue quemando etapas a una velocidad exagerada, gracias a sus cualidades: capacidad de mando, buena toma de decisiones y, sobre todo, un liderazgo impropio para un jugador de su edad. Pero su salto de calidad llegó en 2018, cuando fue nombrado mejor jugador de la Minicopa y 'MVP' de la Euroliga júnior; solo un año después, fue una de las piezas clave que llevaron a la Selección sub-16 a la medalla de oro en el Campeonato de Europa... y llegamos a 2020.

El debut de Núñez con el Real Madrid

La pandemia de covid-19 obligó a jugar la fase final de la Liga Endesa en la burbuja de Valencia y Pablo Laso decidió llevarle con el primer equipo. No llegó a jugar, pero el técnico —un gran base ofensivo en su época como jugador— vio algo en él que le recordaba a sí mismo. A pesar de no debutar, volvió a llamarle en la pretemporada, donde contó con muchos minutos, y confirmó sus sospechas: hay una futura estrella en Juan Núñez. Laso quedó prendado de su juego, consciente de que es un jugador que será básico en el Madrid, siguiendo a los Willy Hernangómez, Luka Doncic, Usman Garuba, Boris Tisma, Matteo Spagnolo o Tristan Vukcevic, entre otros.

Ahora, las lesiones de Sergio Llull y Nico Laprovittola no solo le han hecho entrar en la rotación, sino que se ha visto obligado a dar un paso adelante y acompañar a Carlos Alocén en la posición de base en el momento decisivo de la temporada... Aunque eso le hiciera perderse la final de la Euroliga júnior, que volvió a ganar su equipo, en esta ocasión ante el 'eterno enemigo', el Barcelona. Juan Núñez, el 'niño' al que no le gustaba el baloncesto, ha demostrado estar preparado para cualquier reto. Valiente, elegante y con las ideas claras, con solo 17 años tiene una personalidad arrolladora, de la que Laso está convencido de poder sacar grandes réditos. El niño prodigio de la cantera blanca ya es una realidad: aún está lejos de Teodosic, su ídolo, pero sabe que algún día será él quien meta esa triple.

Sucedió hace poco más de una década. La Selección llegaba al Mundial de Básquet de Turquía con un combinado muy potente, aunque con las bajas de Pau Gasol y José Manuel Calderón. El comienzo en el torneo fue dubitativo, con dos derrotas ante Francia y Lituania, pero, poco a poco, el equipo de Sergio Scariolo fue cogiendo dinámica positiva y se entonó, al punto de ser considerado uno de los favoritos: no en vano, era el vigente campeón del mundo y tenía en sus manos revalidar el título... Hasta que en cuartos se disipó la ilusión por 'culpa' de un genial base serbio que provocó, posiblemente, una de las derrotas más dolorosas del baloncesto nacional.

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