Qué debes leer | El derecho a llevar armas (de bronce) ya lo inventaron los antiguos
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Qué debes leer | El derecho a llevar armas (de bronce) ya lo inventaron los antiguos

El filólogo clásico David Hernández de la Fuente publica ‘El hilo de oro’ (Ariel) un ensayo fascinante sobre cómo explicar nuestro presente a la luz de los mejores clásicos

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Imagen: Irene de Pablo.

Para uno de los primeros y simpáticos ateos de la historia, el filósofo griego Epicuro -célebre por su hermoso jardín-, la pregunta acerca del mal sólo admite dos respuestas: o Dios quiso eliminar el mal y no pudo, luego no es todopoderoso, o pudo hacerlo pero no quiso, en cuyo caso es malvado. Los antiguos discutieron mucho sobre esto, también sobre el derecho de los ciudadanos a llevar armas (de bronce) para su autodefensa como hacían los hoplitas, acerca del peligro de que la milicia supervise las actividades de una sociedad libre (al estilo pretoriano) y, en fin, sobre la política, el amor, el sexo, las clases medias, la enfermedad o la muerte. Todos nuestros debates, todas nuestras esperanzas y ansiedades… ya las pensaron un griego y/o un romano.

El profesor de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid David Hernández de la Fuente acaba de escribir un libro que tiene mucho de fascinante vagabundeo filosófico y literario entre la Antigüedad grecolatina y el presente que despliega un juego de espejos para entendernos a nosotros mismos mientras nos deleitamos con el pasado. Se titula 'El hilo de oro. Los clásicos en el laberinto de hoy' (Ariel) y contiene también ejemplos aleccionadores ante las amenazas de hoy.

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Por ejemplo: "La historia del pensamiento político, desde el mundo griego clásico hasta nuestros días, está llena de ejemplos lúcidos de contestación frente al nacionalismo como modelo político. Desde antiguo, las mentes más avanzadas han ponderado más bien la nación jurídica de ciudadanos iguales, más allá del estado tribal o de la sociedad de clases y el patriotismo constitucional de un estado participativo y democrático que puede englobar a naciones culturales diversas, frente a la obsesión romántica -y de infausta memoria por sus repercusiones en el siglo XX- de la identidad entre nación, lengua, religión o Estado. La unidad de dispares bajo el imperio de la ley, en libertad e igualdad ('eleuthería' e 'isonomía') en un Estado unido, protector de minorías, fuerte y justo es un postulado de la teoría política clásica que ha pasado a nuestros días".

Pero 'El hilo de oro' es, además, un perfecto catálogo de lecturas para adentrarse en los clásicos que cortocircuita esa alegación tan habitual como falsa que reza así: ¿qué tienen que decirme a mí estos tipos de hace dos mil años? Pues la realidad es que cuando uno se atreve a hincarle el diente Homero, Tucídides, Platón, Aristóteles, Sófocles, Safo, Cicerón o Amiano Marcelino, los encuentra sorprendentemente refrescantes y modernos, como a esos amigos a los que hace tiempo que no vemos y que, al toparse con azar con ellos, descubres con alegría que nada ha cambiado.

Para uno de los primeros y simpáticos ateos de la historia, el filósofo griego Epicuro -célebre por su hermoso jardín-, la pregunta acerca del mal sólo admite dos respuestas: o Dios quiso eliminar el mal y no pudo, luego no es todopoderoso, o pudo hacerlo pero no quiso, en cuyo caso es malvado. Los antiguos discutieron mucho sobre esto, también sobre el derecho de los ciudadanos a llevar armas (de bronce) para su autodefensa como hacían los hoplitas, acerca del peligro de que la milicia supervise las actividades de una sociedad libre (al estilo pretoriano) y, en fin, sobre la política, el amor, el sexo, las clases medias, la enfermedad o la muerte. Todos nuestros debates, todas nuestras esperanzas y ansiedades… ya las pensaron un griego y/o un romano.

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