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conmoción y extrañeza en amorebieta

¿Por qué no han vuelto a ir a Llanes tras el crimen? La pregunta que golpea a los vecinos

Pedro y su mujer acudían con frecuencia a la vivienda vacacional de Asturias, pero el asesinato de Ardines cortó de raíz las escapadas, una circunstancia "sospechosa" para vecinos del detenido

“¿Conocéis a Pedro?”. La pregunta parece que no va con dos mujeres que no paran de hablar por el teléfono móvil a escasos metros del cordón policial establecido por la Guardia Civil. “No, no le conocemos”, niegan con la voz y la cabeza. Pero su rostro, sus miradas, el nerviosismo que exhiben les delata. “¿Eres periodista?”, interpelan antes de alejarse unos pocos metros para marcar la suficiente distancia como para huir de posibles preguntas pero como para no perder de vista el número 26 de la calle Zubipunte de Amorebieta (Vizcaya), donde los agentes permanecen en su interior para tratar de localizar pruebas relacionadas con el asesinato en agosto del pasado año del concejal de Izquierda Unida en Llanes (Asturias) Javier Ardines.

Quienes niegan conocer a Pedro Luis Nieva son en realidad las hermanas de quien es considerado el inductor del asesinato del edil, y por el que esta madrugada han sido detenidas cuatro personas —dos de nacionalidad española y otros dos argelinos—, todas ellas residentes en Vizcaya, si bien uno de ellos ha sido arrestado en Suiza, donde se encontraba. Su hermano, según las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil, habría encargado el asesinato a otro varón de nacionalidad española, quien a su vez contactó con los otros dos detenidos para la ejecución material de un crimen que tiene su origen en un móvil pasional.

Ellas ahora mantienen la calma. Nada que ver con el estado de alteración con el que se habían presentado en la vivienda al tener conocimiento de la operación policial desplegada contra su hermano a las seis de la madrugada. Seis horas después, una vez concluido el registro, los agentes se llevan esposado a Pedro y, apenas unos instantes después, tras ser retirado el cordón policial, entran a la carrera al interior de la vivienda, cuya puerta evidencia los efectos de la abrupta entrada de la Guardia Civil en el domicilio.

El silencio que mantienen las hermanas del detenido contrasta con el ruido que la operación policial ha causado en este vecindario compuesto por casas unifamiliares y que no sale de su asombro por la detención de uno de sus residentes. “¿Cómo es posible?”, se preguntan los vecinos con estupor. Porque el arrestado no solo es el marido de una prima de la mujer de Ardines. Más allá de esta vinculación ‘política’, al detenido y al asesinado les unía una estrecha relación de intimidad. Ambos matrimonios salían juntos y compartían muchos momentos cada vez que Pedro y su mujer, Katia Blanco, de origen asturiano, acudían a la vivienda vacacional que tienen en Belmonte de Pría (Llanes), ubicada a escasos metros de la casa del concejal de IU, que falleció a consecuencia de varios golpes recibidos en la cabeza a unos 300 metros de su vivienda.

Estado en el que ha quedado la puerta de la vivienda de Pedro Luis Nieva tras la operación policial de la Guardia Civil para su detención. (J. M. A.)

“En las redes sociales puedes encontrar numerosas fotos de los dos juntos de juerga”, afirma un conocido de Pedro, aún en “estado de 'shock”. Borja, que conoce al arrestado “desde que era pequeño”, tiene puesta toda la atención en la televisión del bar Aterpe, situado a pocos metros de la vivienda de Pedro, y en el que un grupo numeroso de vecinos sigue con atención las noticias que escupe la pantalla sobre el asesinato. Con los brazos cruzados, está a punto de comerse la pantalla. “¡Manda cojones!”, clama una y otra vez en alto llevándose las manos a la cabeza. “Pues si ha sido él, lo tiene que pagar”, surge, contundente, una voz femenina.

El móvil pasional del crimen está en boca de todos, y da pie a una cascada de preguntas. ¿Tenía Pedro celos por la buena relación que existía entre su mujer y el edil asesinado? ¿Sospechaba que existía una relación íntima? ¿Creía que Ardines iba detrás de su mujer? ¿Le quería dar solo un susto a Ardines por ello y la cosa se les fue de la mano a los autores materiales del crimen? Son preguntas sin respuestas que se lanzan los vecinos unos a otros. Porque nadie quiere mojarse. Pero hay otra pregunta que, sin tener contestación, ya dice mucho solo con el enunciado para quienes conocen al matrimonio. ¿Por qué Pedro y su mujer no han vuelto a ir a la vivienda de Belmonte de Pría tras lo ocurrido el 16 de agosto de 2018?

Con mayor o menor frecuencia, las escapadas a Asturias desde Amorebieta eran habituales, pero el asesinato del concejal de IU cortó de raíz los viajes. Los 200 kilómetros de distancia no se han vuelto a unir desde entonces. “¿Qué pasa? ¿Ya no vais a Llanes?”, le preguntó inocentemente un vecino a Katia hace unos días. “Es que ahora hace frío por allá”, fue su respuesta.

"¿Qué pasa? ¿Ya no vais a Llanes?", le preguntó inocentemente un vecino a Katia hace unos días. "Es que ahora hace frío por allá", fue su respuesta

Y ahí quedó la cosa. Pero ahora, con la detención de Pedro y confirmado el posible móvil pasional del asesinato, hay quienes en el vecindario se cuestionan los motivos de esta ausencia por tierras asturianas. Algunos ponen el acento en esta “sospechosa” circunstancia. La sombra de la duda se extiende entre los habitantes de este municipio vizcaíno de cerca de 19.000 habitantes, quienes se preguntan, extrañados, por qué el matrimonio no ha vuelto a la vivienda vacacional desde el crimen. “Ella tenía que sospechar, se tenía que oler algo”, afirma un hombre en uno de esos corros de vecinos que surgen alrededor de la vivienda del arrestado. “Algo tenía que estar pasando para que no fueran a Llanes”, apunta otro varón. “Yo no sé qué decir, no sé”, confronta otra persona. “Lo que está claro es que si ha sido por celos ha destrozado a tres familias, la suya, la de su mujer y la de Asturias”, zanja una conocida de Katia.

Agentes de la Guardia Civil custodian la vivienda del detenido en Amorebieta durante su registro. (J. M. A.)

Pedro, un “vecino de Amorebieta de toda la vida” de 48 años que regenta en la actualidad una pequeña empresa de suministros, lleva “unos 30 años” junto a Katia, con quien ha tenido dos hijos, de unos 20 y 22 años, que también suelen escaparse a la vivienda asturiana para estar con la pandilla de allí . “¡Joder, cómo se puede tener celos después de 30 años juntos! Se le ha tenido que ir la cabeza”, exclama, sorprendido, un vecino. “La gente está muy loca. Muy mal debes de estar para hacer esto y arruinar la vida a toda la familia”, asiente su mujer. "Los celos son muy jodidos. Como seas celoso, se te puede ir la cabeza", apunta al respecto un vecino sin querer "justificar, ni mucho menos", la actuación de quien es considerado inductor del crimen.

La hipótesis del móvil pasional como causa del asesinato ya fue adelantada por El Confidencial el pasado mes de septiembre. En todo caso, el motivo de los celos que esgrimen los investigadores no parece convencer a todos los vecinos. “No puede ser. Tiene que haber algo más”, repite una y otra vez una conocida de la familia. “Es una historia muy rara”, corrobora su amiga, que no se cree el exclusivo argumento del crimen pasional. ¿Y qué más puede haber? Aquí, surgen muchas especulaciones, opiniones personales. “Yo no sé qué pensar. Eso ya se me escapa”, espeta Borja, que, en todo caso, descarta que Pedro sea "celoso". Como también rechaza que sea "agresivo". Por eso, asegura estar “de mala hostia” por algún comentario entre el vecindario que tilda de “violento” a su amigo. “Es todo corazón, humilde, caballero, buena gente…”, replica. A su lado, un “íntimo” de los dos hijos del arrestado confirma sus palabras. “No se puede decir ninguna palabra mala de la familia”, destaca.

El móvil pasional no parece convencer a todos los vecinos de Amorebieta: "No puede ser, tiene que haber algo más", "es una historia muy rara"...

El pasado domingo, Borja estuvo tomando “unos tragos” con Pedro en el bar, adonde el detenido acudía de vez en cuando. “Aquí siempre ha estado muy callado. Actuaba de forma educada y respetuosa”, apunta quien está al otro lado de la barra. Mientras habla, por la televisión se repiten una y otra vez las imágenes de Pedro abandonando la vivienda familiar junto a agentes de la Guardia Civil con semblante serio y sin decir nada ante las preguntas de los medios de comunicación de si fue el instigador del asesinato. La capucha no oculta su cara, cubierta con una frondosa barba que contrasta con el imberbe rostro de las fotografías de las redes sociales. Otra circunstancia que alimenta las especulaciones en la calle.

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