Abandono y desconexión: la actuación de los políticos, según los profesores españoles
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Abandono y desconexión: la actuación de los políticos, según los profesores españoles

Un nuevo estudio realizado a pocos días de que termine este año lectivo desvela lo que piensan los docentes sobre las medidas aplicadas por el Gobierno y las autonomías durante la crisis

placeholder Foto: Clase en el colegio Jesús y María de Valencia. (EFE)
Clase en el colegio Jesús y María de Valencia. (EFE)

Abandonados y poco o nada escuchados. Así se sienten la mayoría de los profesores españoles respecto a la gestión del Gobierno y las comunidades autónomas de la crisis sanitaria. En una época de tanta incertidumbre como la que vivieron desde el mes de marzo del año pasado hasta el fin de este mismo curso lectivo, los docentes han echado de menos una mayor conexión con el día a día de los colegios por parte de los políticos, tanto a nivel estatal como autonómico. Además, impera en ellos la sensación de haberles impuesto normas y protocolos poco coherentes con el devenir de las clases y ponen el foco en la escasa formación recibida, teniendo que improvisar la mayoría de las veces.

Estas son las conclusiones que extrae un nuevo estudio realizado por la plataforma digital de búsqueda de colegios Micole en colaboración con el grupo de investigación Fundamentos de la Educación y Responsabilidad Social Educativa (FERSE) de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, el cual recoge la opinión de 351 maestros y maestras al término de este curso escolar, quizás el más atípico de toda su historia. Dicho informe, que sirve para escudriñar la percepción general del cuerpo docente español durante y después del confinamiento, ha dado respuestas basándose en la titularidad del centro (público o privado/concertado), edad (de menos de 30 años a mayores de 50) y años de experiencia (desde novatos en su primer año hasta profesionales con más de 15 años de experiencia).

Foto: Fuente: iStock

Esta opinión tan mala que tienen los docentes de la gestión por parte del Ministerio de Educación y de las consejerías autonómicas contrasta con la excelente percepción que han tenido de la labor de los centros educativos para con su propio personal, alumnado y familias. Aunque en lo relativo a la actuación de las instituciones la valoración de las decisiones tomadas sube un poco en la época post-confinamiento, en ningún caso llegan al aprobado, mientras que en lo que comporta a la dirección de los centros, rozan el sobresaliente, sobre todo en los privados/concertados.

Como vemos en el primer gráfico, solo 1 de cada 4 centros privados/concertados creen que las decisiones del Ministerio de Educación fueron acertadas (25,6%), algo que contrasta con la opinión que tienen sobre la gestión de la dirección de los centros educativos, donde el porcentaje de acuerdo llega al 86,2% (en el gráfico inferior). En lo relativo a los centros públicos, el porcentaje de acuerdo con las medidas tomadas por las instituciones mejora tan solo un poco (en un 35,5%), mientras que en lo referente a las decisiones acordadas por los colegios e institutos decrece respecto a los centros privados/concertados (un 74,4%). ¿A qué se deben estas diferencias tan abismales en la percepción de la gestión llevada a cabo por las instituciones públicas y la directiva de los centros?

"Hace un año lanzamos otra encuesta que tomó una muestra más pequeña y se repitió el mismo resultado: los centros aprobaban, pero suspendían en nota todas las instituciones públicas", explica Rubén Sarmiento, cofundador de Micole y uno de los principales autores del estudio, a El Confidencial. "Todo se debe a la pura improvisación que han llevado a cabo los gobiernos, dando directrices muy poco claras sobre cómo debían actuar. Una de las diferencias más notables es que los centros, a diferencia del Ministerio o de las consejerías, escucharon las demandas y dudas de los profesores. Los docentes creen que hay una desconexión muy profunda de los representantes públicos con la comunidad educativa, no solo en lo relativo a la gestión de la pandemia, sino también en otros asuntos como la aprobación de la Ley Celaá".

Foto: La ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá. (EFE)

Francisco Ortiz, miembro del equipo de investigación FERSE, es más conciliador; cree, por su parte, que este suspenso a las instituciones también se debe a un error de atribución fundamental. "Se trata de un fenómeno psicológico muy curioso", explica a este diario. "El error de atribución externo es delegar todas las dificultades y errores en un agente externo, como si gana tu equipo de fútbol y piensas que ha ganado toda la afición, pero si pierde es culpa de los jugadores. Pero viene justificado, ya que desde hace unos años se sienten abandonados por las administraciones públicas y nada reconocidos en su labor".

Una de las claves por las que existe tal descontento es el hecho de no haber dispuesto de un protocolo de actuación para casos como este. No solo frente a la contingencia de que saltara una pandemia a nivel mundial (lo cual fue para todos bastante inesperado), sino ante la necesidad de abordar una nueva metodología de enseñanza asentada en la teledocencia y el uso de las tecnologías. Antes de la llegada del coronavirus, el debate del teletrabajo estaba muy asentado en los ambientes laborales y empresariales, pero no en la enseñanza, pues se daba por hecho que la socialización es uno de los procesos de aprendizaje personal ineludibles en la infancia. Pero después de haber pasado año y medio conviviendo con el virus y tras tantas medidas para frenar los contagios, los escolares lamentan profundamente que no hubiera un plan de teletrabajo también para ellos.

"Hemos perdido la oportunidad de poder cambiar las cosas y adoptar otro enfoque metodológico que mejorara al sistema educativo por completo"

Todos estamos de acuerdo en que la educación presencial es necesaria en las primeras etapas educativas para que el niño socialice y entre en contacto con el mundo. Sin embargo, pocas veces se había planteado el escenario de que los profesores de cursos más superiores pudieran teletrabajar como en otras profesiones, lo que ha empeorado la situación de los docentes durante estos últimos meses. "Muchos no tenían una base sólida en conocimientos tecnológicos", reconoce Ortiz. "En este apartado, los jóvenes se han sabido adaptar mucho mejor que los más veteranos, pero la ausencia de protocolos por parte de las administraciones públicas ha hecho que la educación híbrida, que llegó de golpe, fuera una pesadilla para muchos".

Al preguntar a los profesores si preferían la educación híbrida a la tradicional, las opiniones están más que divididas. En concreto, los de los centros privados/concertados están un 35,9% a favor, algo más que los de los públicos (34,6%). Sin embargo, hay que resaltar que la mayoría de los primeros marcaron la casilla de "indiferente" (48,2%), en contraposición a los de titularidad pública, en la que los tres modos de respuesta están más divididos. El debate queda, por tanto, de lo más abierto; lo que está claro es que resignarse a volver a lo de antes, después de todo lo aprendido por la fuerza sin contar con los medios, apoyos ni recursos, no es la mejor opción.

"No se puede abrir el debate de apostar por otra metodología educativa si no se abordan temas sociales como la conciliación familiar"

El investigador de la URJC pone el ejemplo de América Latina, una región en la que desgraciadamente la incidencia acumulada y la letalidad del virus todavía no ha bajado, forzando a los países a adoptar cuarentenas más largas. "En América llevan dos años de confinamiento, lo que ha provocado que hayan tenido que abordar un cambio metodológico y que las administraciones públicas no tuvieran más remedio que apostar por ello", asegura Ortiz. "En España, como ha sido muy rápido, puntual y algo así como una experiencia fugaz, una montaña rusa... hemos perdido la gran oportunidad de cambiar las cosas y adoptar otro enfoque metodológico que mejorara el sistema por completo".

Una asignatura pendiente en mitad de un mundo desigual

"Es necesario un cambio de paradigma educativo", insiste Ortiz. "El confinamiento ha sacado los problemas que ya tenía nuestro sistema de manera más incisiva. Necesitamos un giro metodológico que venga promocionado primero desde las administraciones públicas con incentivos para formar al profesorado, y sobre todo tener en cuenta a un agente educativo al que se ha tenido apartado todo este tiempo: las familias".

Foto: Dos alumnos de quinto de primaria recibiendo sus clases online. (EFE)

En este sentido, el profesor incide en el gran papel que han tenido los padres y madres a lo largo de la crisis y las dificultades socioeconómicas que muchos núcleos familiares han tenido que sobrellevar para evitar que la palpable brecha digital y social perjudicara de sobremanera a sus hijos. "No se puede abrir el debate de apostar por otra metodología educativa que rescate los aprendizajes adquiridos en la crisis si no se abordan temas sociales tan candentes como es la conciliación laboral y familiar o las brechas sociales que existen en nuestro país y entre los distintos colegios", concluye Ortiz. De otra forma, se entiende, volvería a saltar el caos.

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