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El Acqua Tofana: un frasco de tocador que mató a cientos de maridos en el siglo XVII
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La venganza de las mujeres

El Acqua Tofana: un frasco de tocador que mató a cientos de maridos en el siglo XVII

Desde los muros traseros de la capital italiana, en una botica encubierta donde silenciosamente las ventas no hacían más que dispararse, se dispensaba un producto clandestino que era la única solución para muchas mujeres

Foto: The love potion, obra de Evelyn De Morgan (1903). (Wikipedia)
The love potion, obra de Evelyn De Morgan (1903). (Wikipedia)

"Les mataré, a la fuerza recurriendo y la audacia. Porque, por la señora lo juro a quien venero de modo especial, Hécate, que me ayuda y habita en el rincón más íntimo de mi casa, ninguno de ellos podrá reír pensando que padezco", dice el personaje de Medea en la obra de Eurípides.

Ya en la Europa del siglo XVII, la tragedia griega seguía presente para buena parte de las mujeres, para las que el matrimonio con un hombre (en el cielo o en la Tierra) era el único destino, una jaula a la que las asomaban desde que nacían. El desarrollo personal en ellas era una cuestión ajena, a menudo sospechada, pero tenían pocas opciones más allá de encontrar un marido, y una vez que la figura masculina figuraba como dueño, era imposible irse del yugo que la posesión suponía.

Foto: Fuente: Wikipedia

Así, solo la muerte al otro se avistaba como recurso, pero conseguirla no era fácil. Entonces, una mujer italiana encontró una solución que cumplía con esos escasos márgenes que pudieran tener: inmediatez, discreción y naturalidad. Esta es la historia de un misterioso líquido que liberó y atemorizó a la sociedad barroca a partes iguales.

placeholder Circe ofreciendo la copa a Odiseo, de John William Waterhouse (1891). (Wikipedia)
Circe ofreciendo la copa a Odiseo, de John William Waterhouse (1891). (Wikipedia)

Perfumes, cosméticos y veneno

Los detalles de sus orígenes y composición permanecen inmersos en el relato popular que quedó de sus resultados, entre lo macabro del pecado y el menosprecio a las mujeres. Una pócima, decían, subyugando al misterio las complejas realidades de maltrato y desgracia de aquella mitad de la población silenciada. En pocos años, más de 600 hombres habían muerto bajo los efectos de una magia que no era sino un salvoconducto, pero antes de que el secreto del Acqua Tofana pudiese ser revelado, el asunto era ya de la Inquisición.

placeholder Destiny, de John William Waterhouse (1900). (Wikipedia)
Destiny, de John William Waterhouse (1900). (Wikipedia)

Todo comenzó en Italia. Allí, la primera mención registrada al respecto data de entre 1632 y 1633, cuando se llevaron a cabo dos juicios por envenenamiento en la ciudad de Palermo, Sicilia. En la primera, que tuvo lugar en febrero de 1632, una mujer llamada Francesca la Sarda fue ejecutada por usar un veneno que mató a su víctima en tres días. En julio de 1633, una segunda mujer, Teofania di Adamo, fue ejecutada por un crimen similar.

La teoría más extendida, de hecho, se ha hecho eco especial de esta última o, mejor dicho, de su descendencia, Giulia Tofana. Para saber más sobre ella, eso sí, hay que remontarse al siglo XIX, con los relatos que dejaron entonces dos historiadores: Allesandro Ademollo en su obra 'I Misteri Dell'Acqua Tofina' y Salomene-Marino, en su artículo 'L'Acqua Tofana'. Ambos coinciden en que Tofana nació en Palermo en 1620. La joven supo pronto los detalles más importantes sobre la muerte. Di Amado era su madre, y una mujer que fabricaba y vendía perfumes, cosméticos, hierbas medicinales y otros mejunjes de diario. Denunciada y torturada por matar con veneno a quien, según algunas fuentes de épocas posteriores, era su marido, dejó todo su legado a su hija de solo 13 años.

La fórmula misteriosa

Para entonces, Tofana ya existía en el horror de ser mujer en un mundo masculino y violento. La supuesta decisión de su madre y su posterior asesinato, aquella culpa inminente que llegaba desde fuera: la asesina, la bruja, la harpía, la mujer indecente y sucia, no hizo pues más que reforzar su sentido de protección. Así, pese al peligro evidente que corría, continuó con el legado: perfiló sus conocimientos sobre hierbas y pronto comenzó a vender un veneno que podía acabar con cualquier persona, con cualquier marido.

placeholder Detalle de María Magdalena, de Artemisia Gentileschi. (Wikipedia)
Detalle de María Magdalena, de Artemisia Gentileschi. (Wikipedia)

"Tras diversos intentos por obtener la fórmula del veneno de su madre, el que mataba lentamente, sin llamar la atención, logró crear uno posiblemente más letal. Su fórmula dejaba la piel de los muertos rosada. Sin olor. El veneno no tenía sabor, era una mezcla de arsénico y antimonio, cuya administración debía realizarse un poco cada día, mediante un número preciso de gotas vertidas en el vino o sopa", apunta el historiador y periodista Miguel Ángel Ferreiro.

Si bien se desconoce la fórmula exacta del Acqua Tofana, es bien posible que fuera una mezcla de arsénico, plomo y belladona, pero su aspecto líquido, inodoro e insípido ha generado duda a lo largo de los siglos hasta la actualidad. Nadie aún ha podido descifrar el resultado de aquel curioso conjunto de sustancias que se vendía disfrazado de maquillaje en polvo o "Maná de San Nicolás de Bari", un reconocido aceite curativo de la época que se promocionaba como gotas milagrosamente desprendidas de los huesos de este santo.

El arma homicida perfecta

De esta forma, disfrazando pequeños botes de ungüento cosmético, la táctica de d'Amado en las manos de Tofana se convirtió en un popular negocio en Roma: operaba desde los muros traseros de la capital, en una botica encubierta donde silenciosamente las ventas no hacían más que dispararse. Para muchas mujeres, aquel comercio clandestino era la única solución: si necesitaban matar a sus maridos, el Acqua Tofana era el arma homicida perfecta para esconder entre sus artículos de tocador.

placeholder Frascos en los que se vendía el Acqua Tofana. (Wikipedia)
Frascos en los que se vendía el Acqua Tofana. (Wikipedia)

Maria Aldobrandini fue una de sus clientas próximas. Miembro de uno de los clanes nobles más poderosos e influyentes de Roma, la habían casado con el duque Francesco Cesi, vástago de una familia muy distinguida (su padre había sido un científico destacado e íntimo de Galileo, y él mismo era sobrino del futuro Papa Inocencio XI). Ella tenía 13 años. Él era, al menos, 30 años mayor que ella.

Nueve años después, en 1657, Cesu murió repentinamente. Nadie lo sabía, pero su esposa tenía mucho que ver. Poco después, se convirtió en el hombre más rico y poderoso de entre los involucrados en el escándalo masivo de envenenamiento con Acqua Tofana.

Lo más sorprendente de esta historia podría ser que, decidida a ello, recurrió al sacerdote de su iglesia habitual; sin embargo, nada más lejos de la realidad: Girolamo de Sant'Agnese, cura de Agone, una iglesia situada en el centro de Roma, tenía un hermano boticario con acceso al veneno, según aparece indicado en una investigación publicada por Salomène Marino y Ademo Llo en 1891.

"Aunque Tofana ha sido retratada como malvada y siniestra, la escritora Hanna Mckennet reivindica que solo era una mujer más"

En ese sentido, Giulia aparece retratada en los anales de la historia como la líder de una red que se extendía por Sicilia, Nápoles y Roma. Como explica el antropólogo BB Wagner en 'Ancient Origins', "aunque Tofana ha sido retratada como malvada y siniestra, su reputación original, según reivindica la escritora Hanna Mckennet, era la de una mujer más, 'amiga de todas las mujeres de clase baja', pues su clientela estaba compuesta principalmente por mujeres empobrecidas y maltratadas de clase trabajadora". No obstante, personas de todos los perfiles acudieron a ella, también por motivos de lo más dispares.

placeholder Circe, de John William Waterhouse. (Wikipedia)
Circe, de John William Waterhouse. (Wikipedia)

Junto a ella, Girolama Spara actuaba de ayudante y, más tarde, en el lugar mismo de Giulia. Algunos aseguran que era su hija, otros que se trataba de una amiga. Como indica el historiador Mike Dash en su trabajo, la organización de Tofana puede haber empleado a más de 200 personas, entre ellas: "mujeres sabias, astrólogos, alquimistas, hombres de confianza, brujas, boticarios turbios y abortistas clandestinos que entre ellos decían fortunas y hacían horóscopos, vendían pociones de amor y amuletos de la suerte, curaban el dolor de muelas y también se ofrecían a realizar abortos".

En los márgenes y la oscuridad

No se trataba, por tanto, de un hecho aislado. Las Tofanas, a su manera, marcaron el devenir de las fuerzas conjuntas oprimidas. La muerte de su líder lo constata, porque con esta la historia se volvía a repetir: Los historiadores no atinan con la fecha exacta de la muerte de Giulia, aunque la ubican en la década de 1650. Tampoco está documentada la forma en que murió, pero sí lo que sucedió después. Sencillamente, sus conocimientos ya no podían morir.

placeholder Detalle de Judith con la cabeza de Holofernes, de Paolo Caliari. (Wikipedia)
Detalle de Judith con la cabeza de Holofernes, de Paolo Caliari. (Wikipedia)

Otras mujeres comenzaron a conformarse como envenenadoras profesionales y sus prácticas llegaron a Francia de la mano del químico Exili y de Madeleine d'Aubray, la marquesa de Brinvilliers, que desató tal escándalo en la Corte de Versalles que el rey Luis XIV tuvo que crear un órgano judicial específico para juzgar estos casos: el Tribunal de Venenos. De país en país, la venganza de las mujeres estableció un marco de futuro con la Inquisión de fondo.

Los inframundos siempre estuvieron ahí, como márgenes arrastrados a la oscuridad, y el del Acqua Tofana fue parte de un tiempo donde todos los márgenes canalizaron el devenir de la historia. Si como reconoce el antropólogo Marvin Harris en su libro 'Vacas, cerdos, guerras y brujas', el sistema socioeconómico actual surge de la enseñanza del miedo a determinados sectores sociales entonces, como explora Mckennet, aquellas redes temidas proporcionaron cambios políticos y curas no solo para dolencias que la iglesia y la medicina no podían curar, también para las que la historia por sí misma no podía cambiar.

"Les mataré, a la fuerza recurriendo y la audacia. Porque, por la señora lo juro a quien venero de modo especial, Hécate, que me ayuda y habita en el rincón más íntimo de mi casa, ninguno de ellos podrá reír pensando que padezco", dice el personaje de Medea en la obra de Eurípides.

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