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La historia del pastel envenenado de Marie Lafarge: entre la verdad y el mito
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La historia del pastel envenenado de Marie Lafarge: entre la verdad y el mito

Un pastel, un matrimonio, la voluntad enterrada en un apellido. Esta es la historia de una chica que, como tantas otras, tuvo que tirar de ingenio para sobrevivir

Foto: Fuente: Wikipedia
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Un pastel, un matrimonio, la voluntad enterrada en un apellido. Esta es la historia de una chica que, como tantas otras, tuvo que tirar de ingenio para sobrevivir a la voluntad de un sistema de hombres a los que no conocía, pero que decían conocerla muy bien. Esta es la historia de Marie Fortunée Cappelle.

Antes que ella tal vez fueron muchas más. Lo cierto es que después si fueron muchas más. Sin embargo, Marie Fortunée Cappelle fue la primera. Un siglo antes de que Simone de Beauvoir dijera aquello de “No se nace mujer, se llega a serlo”, Marie estaba cocinando un pastel para su marido. Un pastel de arsénico.

Foto: Sufragistas a punto de ser conducidas a la cárcel de Holloway. (Bettmann/Corbis)

Era 1840, pleno siglo XIX, tan recargado de misterio y fetichismo, de relatos de terror cotidiano, y las preguntas sobre los derechos de las mujeres inquietaban a la sociedad. Era cierto, en ese contexto, el terror atraía como una nube de polvo sobre los miedos colectivos. El miedo decía: es historia femenina, y las histéricas acudían a escondidas a las páginas de libros baratos sobre esposas asesinas de maridos. No se nacía mujer, se llegaba a serlo.

Venganza en plato dulce

Marie tenía veintitrés años cuando la obligaron a casarse contra su voluntad con Charles Lafarge, un herrero que decía ser rico, pero estaba en bancarrota. Aunque esto en realidad solo era un detalle. Los vértices de aquel hombre eran el poder de la brutalidad: un maltratador, y tal vez herrero. Durante un viaje de negocios, Charles recibió un pastel por correo de su esposa. Su venganza.

Lo que siguió al regalo fue la muerte, en su casa, dos semanas después. Tenía arsénico en el estómago, declararon los científicos. ¿Cómo podía Marie haber hecho tal cosa? El 'asunto Lafarge', lo llamaron. Aquel hombre al que había matado, aquellas manos suyas amasando el crimen desataron los principios forenses.

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Fuente: Wikipedia

Tres grupos distintos de analistas médicos ofrecieron cuatro informes diferentes con la misma acusación: Marie lo había asesinado, Marie lo había asesinado, Marie lo había asesinado. La evidencia se tornaba reafirmación, porque cómo podía Marie haber hecho tal cosa.

El empeño de los investigadores

"Algunas de las mayores complicaciones del juicio surgieron por los intentos de los médicos provinciales de utilizar el último avance en investigación forense: la prueba de Marsh. Inventado por el químico John Marsh en 1836 como un método moderno para detectar arsénico", apunta Jess Romeo en 'Jstor'.

Las dos investigaciones previas, bajo el empeño consciente de encontrar la maldad en la acusada, habían fracasado en sus intentos. Lo de Marsh era la esperanza de los científicos: una muestra de comida potencialmente venenosa se mezclaba con zinc y ácido, generando un gas que, al prender, podía extraer la más mínima cantidad de arsénico.

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"Después de que los intentos de la prueba de Marsh arrojaran resultados negativos, la defensa llamó al famoso toxicólogo Mateu Orfila para que confirmara la falta de arsénico en el cuerpo de Charles", dice Romeo. Orfila había sido entrenado para usar el aparato de Marsh, y cubierto del respeto que su condición le ofrecía, entregó el informe final del juicio: había encontrado arsénico en el cuerpo de Lafarge.

Una historia de prejuicios

Un grabado de la época muestra cómo sentencia había recaído sobre ella mucho antes, aún mientras su marido permanecía en cama. La ilustración muestra a familiares de él apartándola de los cuidados y revisando todas las botellas y frascos para descubrir la prueba del envenenamiento que estaban seguros de que había cometido.
Su juicio generó toda la expectación posible entre la sociedad y la prensa francesa de la época, que se agolpaban a diario ante la sala donde se celebraba. "El proceso estuvo muy condicionado por los prejuicios que asociaban el envenenamiento a las mujeres, aunque las estadísticas demostraban que la gran mayoría de estos crímenes eran cometidos por hombres", afirma el historiador José Ramón Bertomeu Sánchez en 'National Geographic'.

Para Bartomeu, el problema de prueba de Marsh "residía en su alta sensibilidad, pues la menor contaminación de los recipientes y los reactivos o el mismo arsénico natural bastaban para arrojar un falso positivo", pero su prestigio bastó para que Marie fuera declarada culpable de asesinato y sentenciada a cadena perpetua.

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"Los síntomas del envenenamiento con arsénico son muy vagos y pueden confundirse fácilmente con los de enfermedades como el cólera, que había llegado a Europa hacía poco tiempo, en la década de 1830, y de la que no sospecharon". Verdad o no, Marie había sido alejada de su familia, casada sin su consentimiento, obligada a producirse a sí misma como esposa y ama de casa. Cuando Gustave Flaubert se inspiró en ella para escribir 'Madame Bovary', también olvidó aquellos detalles.

Un pastel, un matrimonio, la voluntad enterrada en un apellido. Esta es la historia de una chica que, como tantas otras, tuvo que tirar de ingenio para sobrevivir a la voluntad de un sistema de hombres a los que no conocía, pero que decían conocerla muy bien. Esta es la historia de Marie Fortunée Cappelle.

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