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Sí, el calor hace que se nos frían más neuronas de las que nos gustaría
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MENTES TÓRRIDAS

Sí, el calor hace que se nos frían más neuronas de las que nos gustaría

Hoy exploramos una serie de estudios que confirman que cuanta más altas son las temperaturas más dificultades encontramos para razonar bien o decidirnos por dos opciones

Foto: Foto: iStock.
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El calor no solo hace que por nuestras cabezas corran las gotas de sudor, sino también, de forma metafórica, que se nos caigan las neuronas. Así lo corroboran varios estudios conjuntos que intentaron demostrar cómo el clima cálido afecta a nuestra capacidad para tomar decisiones complejas o, como mínimo, que nos cueste más tiempo tomar estas decisiones.

Esto, evidentemente, podría parecer una locura o una tontería a simple vista, pues las condiciones climáticas o atmosféricas no tendrían por qué interferir en algo tan abstracto como es la inteligencia o las habilidades cognitivas. Sin embargo, los investigadores en un inicio pensaron que, ya que el cerebro es un órgano como todos los demás, este necesita energía para funcionar. Y... ¿de qué depende tener una mayor o menor volumen de energía? Entre otros factores, de los niveles de glucosa en el cuerpo. No solo usamos la glucosa para realizar actividad física, como caminar, hablar o respirar, sino también para realizar funciones mentales que exigen cierto esfuerzo de concentración como tomar decisiones, tener cierto autocontrol o resolver problemas matemáticos.

Curiosamente, el hecho de tener que enfriar el cuerpo requiere más energía que calentarlo

Por otro lado, tal y como explica 'Scientific American', que se ha hecho eco del estudio, una de las tareas más importantes del cuerpo es la regulación de temperatura. Cuando es inusualmente caliente o inusualmente fría el cuerpo tiene que echar mano de la glucosa para mantener una temperatura interna estable y que mantenga las funciones vitales en correcto funcionamiento. Por esto mismo sudamos cuando tenemos calor. Y, curiosamente, el hecho de tener que enfriar el cuerpo requiere más energía que calentarlo.

Más calor, peor intelecto

Para comprobarlo, las directoras del estudio Amar Cheema, de la Universidad de Virginia, y Vanessa M. Patrick, de la Universidad de Houston, recopilaron datos de ventas de varios tipos de lotería en la ciudad de St. Louis durante un año completo. Luego, buscó las diferencias en los patrones de los comportamientos que tenían los clientes con las ventas según la temperatura que hacía cada día. Al final, las ganancias por ventas de boletos instantáneos, que requieren cierto ejercicio mental por parte de los compradores al tener que decidirse entre varias opciones diferentes, disminuyeron un total de 594 dólares (553 euros) con cada aumento de un grado Fahrenheit (alrededor de 17 euros). Por otro lado, las ventas de los boletos de lotería más aleatorios o que no requieren de una decisión por parte del comprador, no se vieron afectadas.

Foto: Si se elige bien el destino, uno puede disfrutar de la playa en cualquier momento del año (Pexels)

Al notar esta diferencia en los patrones de compra, Cheema y Patrick no se quedaron tranquilas. Acudieron al laboratorio, donde pidieron a un conjunto de voluntarios que corrigieran un artículo mientras estaban en una habitación templada o normal (entre 19 y 25 grados). En general, observaron que las personas tendían a sentirse más cómodas con alrededor de 22 grados, por lo que dicho rango de temperatura se escogió tomando estos tres grados de más o de menos según esa base. A partir de esta desviación mínima, los investigadores ya empezaron a notar importantes diferencias en el funcionamiento cognitivo.

Cuando sometieron a los participantes a la prueba en una habitación cálida (a unos 25 grados) los resultados fueron "significativamente peores" que los de las salas frías (19 grados), es decir, no pudieron identificar casi la mitad de los errores ortográficos y gramaticales. En concreto, los que estuvieron 'en frío' solo fallaron una cuarta parte de todo el examen. Si aumentásemos la temperatura haciéndola más cálida hasta niveles tórridos (más de 36 grados, por ejemplo), esta diferencia en el desempeño cognitivo sería muchísimo más mayor.

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Para seguir demostrando sus teorías, las investigadoras decidieron someter a un nuevo estudio a una serie de voluntarios para que realizasen cálculos cognitivos más complejos. Así, se les pidió que eligieran entre dos ofertas de contratos de telefonía móvil, una más atractiva, pero más costosa a largo plazo, y otra más rentable, pero menos vistosa a simple vista. Así, los participantes en la sala fría tomaron la decisión correcta en la mitad de las veces, mientras que los de la habitación cálida solo escogieron bien una cuarta parte. Por ello, las científicas concluyeron que en climas cálidos tendemos a efectuar cálculos más simples, que no requieran esfuerzo, mientras que cuando la temperatura es baja solemos concentrarnos mejor para poder dilucidar cuál es la opción correcta.

Cuando hace mucho calor, somos menos capaces de tomar decisiones complejas, nos damos antes por vencidos y cometemos más errores en los cálculos

Por último, en un tercer estudio Cheema y Patrick se propusieron demostrar que cuando hace verdaderamente calor tendemos a huir o rechazar ejercicios de lógica complejos. De este modo, a los voluntarios se les pidió elegir entre dos tipos de producto, uno más innovador y otro más tradicional para dar con la mejor solución. Aquellos que estaban en salas cálidas tuvieron muchas más probabilidades de acabar escogiendo el más tradicional en detrimento del más innovado, pues no disponían de la información suficiente (o al menos no la supieron o quisieron analizar), para diferenciar entre ambos artículos.

Las conclusiones

Estos estudios sugieren que las temperaturas ambientales más altas cambian nuestros patrones de toma de decisiones, ya que a medida que el cuerpo lucha por mantener una apropiada temperatura interna, utiliza recursos que deberían estar disponibles para ejercer una actividad cognitiva correcta. Por ello, concluyeron que somos menos capaces de tomar decisiones complejas, tendemos a darnos por vencidos más pronto, cometemos más errores o evitamos llegar a una conclusión cuando estamos más preocupados por el calor que hace y cómo combatirlo.

Esto no quiere decir que en los climas más cálidos a las personas les cueste más usar la cabeza, puesto que todos los seres humanos nos acabamos adaptando a las condiciones del entorno. Al igual que si llevas a una persona que vive en el ecuador terrestre una temporada al Polo Norte, esta sentirá muchísimo más frío que una que esté acostumbrada a un clima centroeuropeo. Todo al final depende de cómo estén de predispuestos los cuerpos para acondicionarse a una temperatura inusual, así como de entrenados para llevar a cabo procesos lógicos complejos tanto en condiciones extraordinariamente frías o calientes.

El calor no solo hace que por nuestras cabezas corran las gotas de sudor, sino también, de forma metafórica, que se nos caigan las neuronas. Así lo corroboran varios estudios conjuntos que intentaron demostrar cómo el clima cálido afecta a nuestra capacidad para tomar decisiones complejas o, como mínimo, que nos cueste más tiempo tomar estas decisiones.

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