No somos cucarachas: por qué nos molesta tanto la humedad en verano
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Calor y humedad: mala combinación

No somos cucarachas: por qué nos molesta tanto la humedad en verano

Seamos sinceros, a nadie le gusta sudar, y menos si es a todas horas

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Existe un fenómeno veraniego que ni siquiera quienes prefieren esta estación del año a cualquier otra son capaces de defender. Cuando sucede, salir a la calle puede ser un auténtico tormento hasta para quienes entregan su alma al sol, porque seamos sinceros, a nadie le gusta sudar, y menos si es a todas horas. Así que, tal vez sea el momento de pausar el debate entre las nociones de buen y mal tiempo y hablar de un enemigo común: la humedad.

La humedad, es decir, la cantidad de vapor de agua que posee el aire, y su mayor o menor presencia en el ambiente puede dificultar la capacidad de regulación de la temperatura corporal, según el Servicio Meteorológico Nacional de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Como muchos ya habrán notado, los días en los que los índices de humedad son elevados tendemos a sentir más calor que en días secos, y he aquí la explicación científica que apunta directamente al cambio climático:

Cuando el sudor se desprende por la superficie de la piel, el calor de nuestro cuerpo evapora ese sudor en el aire, por lo que la piel vuelve a enfriarse. La humedad, sin embargo, no permite que el sudor se evapore con facilidad, porque el aire del entorno ya tiene un alto contenido de vapor de agua y no puede absorber mucho más. A partir de esta ecuación, no es difícil adivinar que cuanto menos se evapore la humedad de nuestra piel, más acalorados nos vamos a sentir. Por eso da igual cuántas veces te duches a lo largo del día: si hay humedad, poco puedes hacer contra ella, o sí.

Un presagio del futuro

Según los investigadores del NOAA, hay otro factor fundamental en esta fórmula infernal: la temperatura. En este sentido, advierten que un aumento de 0,55 grados Celsius (ºC) equivale a un aumento de 4 por ciento del vapor de agua (humedad) en la atmósfera. Por ello, nos sentimos más térmicamente incómodos en verano que en invierno. Este dato no solo es crucial para entender por qué la humedad nos molesta más en verano que en invierno, incluso si los niveles de humedad son idénticos, sino que también se convierte en un presagio constante del futuro si las sociedades actuales no toman conciencia colectiva del calentamiento global y sus consecuencias.

El aire caliente y húmedo no solo es molesto para la piel, también dificulta la respiración. En este caso, como consecuencia no de su alto contenido de vapor de agua, según recoge Capital Weather Gang de The Washington Post, sino debido a que dicho vapor de agua expulsa pequeñas cantidades de los gases que transportan del aire seco, entre ellos nitrógeno y oxígeno, y a menos cantidad de este último, más difícil el trabajo de nuestros pulmones. Es más, en días así nuestros cuerpos ya se ven afectados por el sobrecalentamiento, así que por si fuera poco, tiende a esforzarse más para algo tan espontáneo como es respirar.

​No somos cucarachas

Si bien nuestros cuerpos tienen cierta capacidad de adaptarse a las altas temperaturas y la alta humedad, esto no significa que podamos resistir cualquier aumento de estas (no olvidemos que no somos cucarachas). De hecho, necesitamos hasta dos semanas para acostumbrarnos a alteraciones meteorológicas como esta. “Se tarda una media de nueve a 14 días en aclimatarse por completo, según las condiciones físicas, el tamaño corporal y la aclimatación previa”, sostiene Larry Kenney, profesor de fisiología y kinesiología en Penn State, en declaracioens recogidas por Live Science.

Así, las personas transcurrimos una serie de etapas en nuestro proceso de adaptación térmica. Como recoge el mencionado portal, “en las primeras, ocurre la dilatación de los vasos sanguíneos que permite un mayor flujo de sangre cerca de la superficie de la piel; así, el sudor puede salir fácilmente fuera del cuerpo. Esto, a su vez, da lugar a un descenso de la frecuencia cardíaca, y proporciona más líquido para la sudoración.

Pasados los primeros días, entre el tercero y el quinto, “la tasa de sudoración comienza a aumentar”. En cualquier caso, esto es orientativo y temporal, ya que según asegura Kenney: “De manera similar a como podemos perder la condición física y la fuerza si uno se salta un mes en el gimnasio, la adaptación térmica puede disminuir si no se ejercita”. Actualmente, este investigador se encuentra estudiando qué combinación de temperatura y humedad está más allá de la tolerancia humana, con la mirada de la ciencia hacia el futuro.

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