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La muerte alrededor del mundo según los objetos que crearon para ella
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Un único significado

La muerte alrededor del mundo según los objetos que crearon para ella

Muchas regiones del mundo celebran la muerte como parte de la vida que ofrece la naturaleza porque, al fin y al cabo, surgimos de ella y pertenecemos a ella, como unos muñecos con los que una criatura deja de jugar

Foto: Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia

Si no puedes con el enemigo, únete a él, o algo así podría decirse de lo que los humanos han acabado considerando a lo largo de los siglos con respecto a la muerte. No hay nada que hacer, no se pueden recuperar las vidas que nos dejan en el plano terrenal, no se puede rebobinar el ritmo de los corazones que dejan de latir y, de repente, el cuerpo ya no funciona. O tal vez sí haya algo que hacer, ubicar en la memoria colectiva ese ritmo frenado, como la única posibilidad de revivir: dándole forma a lo que sería, una calavera que puede tomar multitud de aspectos, todo depende de la cultura, del entorno, de un pensamiento compartido que se ha depositado como un abrazo en cada civilización y en cada grupo.

Así, muchos países, regiones, lugares alrededor del mundo celebran la muerte como parte de la vida. No se trata de celebrar en un sentido alegre, pero sí en el de sentirse bien con la naturaleza misma porque, al fin y al cabo, surgimos de ella y pertenecemos a ella. Como unos muñecos con los que una criatura deja de jugar.

Foto: Imagen: iStock

Aunque a menudo contengamos la muerte en espacios construidos por y para ella, como hospitales, tanatorios y cementerios, hay algo más allá de todos ellos, esa noción de entendernos pequeñitos, como juguetes, a veces mal y a veces bien, agradecidos o enfadados con el mundo que nos hace posibles, volvemos a serlo para siempre. Desde las momias egipcias (o todas las momias ancestrales que se han elaborado en todo el planeta) hasta las máscaras de difuntos que se elaboraron en Europa desde la Edad Media y hasta entrado el siglo XX, aquí una serie de pequeñas representaciones de la inmensidad que significa morir:

Las momias egipcias

placeholder Fuente: British Museum
Fuente: British Museum

El primer y más clásico de los objetos directamente relacionados con la muerte humana son las momias que los antiguos egipcios creaban para preservar el cuerpo de sus muertos, personas y animales. El fin de este rito era, como el de tantos, preservar el regreso del alma después del peligroso viaje al más allá. En el caso de los animales, se hacía para que acompañaran a los muertos o como ofrendas a los dioses.

No obstante, no solo existen estas, en la actualidad la sociedad ha descubierto la costumbre en torno a las momias en numerosas culturas diferentes, desde África hasta América, Asia o Europa. Por ejemplo, las momias que todavía dan valor al pueblo italiano de Venzone, o las milenarias momias de la Cuenca del Tarim en China o las momias de los niños de Llullaillaco, halladas a una altura de 6739 metros, cerca de la cima del volcán con el mismo nombre, en el oeste de la provincia argentina de Salta.

Figuras en el Día de Muertos

placeholder Mictlantecuhtli, dios de la muerte. Fuente: Wikipedia
Mictlantecuhtli, dios de la muerte. Fuente: Wikipedia

Otro de los grandes conocidos sobre la muerte es el Día de Muertos de México, un rito lleno de colores y olores que ha llegado a convertirse en parte de la cultura popular moderna, esto es, expandiéndose como una especie de ceremonia llamativa para el resto del mundo. Sin embargo, fuera de este país poco se conoce acerca de los objetos que dan forma a dicha jornada, los objetos auténticos.

Cada altar en esta celebración posee un sinfín de detalles realizados a mano para abrazar la muerte. Por ejemplo, las figuras de esqueletos de papel maché, típicas de la zona del lago Pátzcuaro en Michoacán. Esta fiesta familiar y comunitaria por la que se espera que los muertos regresen a la tierra, proviene de antiguas creencias que se integraron al catolicismo tras el asalto de España a México en el siglo XVI.

Para entender el origen de esta relación, explica Marcos González Díaz, corresponsal de 'BBC Mundo News' en México, hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años, donde algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

La Danza de la muerte

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Fuente: Wikipedia

Si pensamos en la muerte en Europa, tal vez tardemos más en hallar formas comunes de simbolismo, pero esto no significa que no las tengamos. Todo lo contrario, en Europa la muerte también tiene forma de esqueleto. Aunque ciertas prácticas sobre este han desaparecido con el tiempo, una vez existió la llamada Danza de la Muerte, de la que todavía en la actualidad se desconocen muchos aspectos.

Entre lo que se sabe, nuestros antepasados ya sabía que la muerte no distingue entre un rey, un granjero y un mendigo, y así lo representaron en curiosas pintura, especialmente en el centro del continente. Las imágenes de la Danza de la Muerte sirvieron como memento mori, un recordatorio de la inevitabilidad de la muerte, estrechamente vinculada a las ideas cristianas de una vida terrenal piadosa que asegura un lugar en el Reino de los Cielos. Dichos recordatorios teológicos aparecerían en murales e impresiones de iglesias, así como en artículos personales y domésticos.

La Danza de la Muerte, también llamada Danse Macabre, es un concepto alegórico medieval del poder conquistador e igualador de la muerte, expresado en el drama, la poesía, la música y las artes visuales de Europa occidental, principalmente a fines de la Edad Media. Estas creencias probablemente cobraron impulso a finales de la Edad Media debido a la obsesión por la muerte inspirada por un brote de Peste Negra a mediados del siglo XIV y la devastación de la Guerra de los Cien Años (1337-1453) entre Francia e Inglaterra.

Retratos de cráneos

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Fuente: Wikimedia

Todas las culturas alrededor del mundo capturan la imagen de los muertos desde la nobleza que su fin sobre la vida terrenal establece para honrar y preservar la memoria que dejan. En el continente africano, por ejemplo, el pueblo Asante (también conocido como Ashanti), situado en el actual sur de Ghana y el sureste de Costa de Marfil, creó "retratos" de terracota de sus gobernantes con parte de sus propios cráneos.

Durante el funeral, estos eran colocados en el cementerio en una arboleda sagrada, y al rededor de ellos se celebraban los ritos conmemorativos anuales. La sociedad asante es matrilineal, y es probable que los fabricantes de tales objetos fueran mujeres, ya que las mujeres han utilizado principalmente la arcilla como medio artístico en muchas culturas africanas.

Estas esculturas, detalla Alexander Ives Bortolot en 'Artes funerarias reales de Asante', varían ampliamente en tamaño y estilo, combinan características individualizadas con rasgos idealizados, presentando a los difuntos como personas únicas que encarnan valiosos principios de belleza y liderazgo

Las cabezas enemigas

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Fuente: Wikipedia

Hablando de muerte, esta no es siempre natural y tardía, la violencia forma parte de nosotros desde los principios de nuestra historia. Así, la muerte violenta se ha diferenciado de la muerte natural a través de las culturas y épocas.

Entre el pueblo jíbaro de Ecuador, por ejemplo, recogían las cabezas de sus enemigos (tsantsas) y celebraban con ellas una fiesta al regresar a su aldea con la tsantsa para asegurarse de que el espíritu del enemigo no buscara nunca venganza. Sin embargo, esta práctica se extiende más allá de la venganza hacia la supervivencia y la creencia jíbara de que el poder espiritual (arutum), adquirido con la transferencia del espíritu del enemigo a su asesino, puede hacer que el asesino sea inmune a una muerte violenta similar.

Figuras de protección

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Fuente: Wikipedia

Los koktu o kkoktú son figuras funerarias coreanas que protegen, sirven y cuidan a los difuntos durante el camino al más allá. Se trata de representaciones de guardianes que sirven a los muertos guiándolos y ahuyentando a los malos espíritus, para que vayan a salvo a través de la muerte. Tradicionalmente, van subidos a un animal como un caballo, tienen aspecto serio y portan armas como espadas. Más tarde, también tomaron la forma de un oficial del ejército o policía con un atuendo de inspiración occidental, con un sable, y en la actualidad hay una enorme variedad de figuras.

En la mitología coreana, como en otras muchas, se creía que los muertos estaban angustiados y confusos cuando sus cuerpos se volvían hetéreos. Como solución a ello, una procesión de figuras los acompañaría, cuidándolos y protegiéndolos, pero también entreteniéndolos. Se trata de estatuillas hechas de madera, que se popularizaron durante la dinastía Joseon.

Máscaras mortuorias

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Fuente: Wikipedia

También son conocidas las máscaras mortuorias que se elaboraron hasta hace relativamente poco para honrar especialmente la memoria de las personas que en vida fueron consideradas importantes y famosas. Se emplearon, sobre todo, en Europa y estuvieron presente hasta finales del siglo XIX y desde la Edad Media.

Asimismo, la confección de máscaras mortuorias de miembros de la sociedad que se consideraban menos dignos, como esta del criminal francés Norbert, puede asociarse con la pseudociencia discriminatoria de la frenología. Los frenólogos creían que la forma y el tamaño del cráneo eran indicativos de los rasgos de personalidad. Por lo tanto, se utilizaron moldes de yeso de criminales ejecutados como ayuda para respaldar tales afirmaciones.

Muñecas funerarias

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Fuente: latinamericanstudies.org

Las muñecas funerarias de Chancay son un tipo de ajuar funerario utilizado por la cultura Chancay, una civilización precolombina ubicada en el actual Perú. La cultura Chancay existió desde aproximadamente el año 1000 dC hasta el 1450 dC. Suelen estar hechas de tela y se depositaban en las tumbas para ayudar a los difuntos a permanecer tranquilos.

Si bien la tradición había casi desaparecido, en la actualidad numerosos artesanos y artesanas del país la están recuperando siguiendo patrones muy similares a los clásicos. Están cargadas de iconografía local en sus ropajes y en sus rostros, con muchos significados diferentes que giran en torno a la vida y la muerte.

No se sabe, sin embargo, si fueron hechas específicamente para ser colocadas en tumbas como ofrendas funerarias, o si representan posesiones de la vida que fueron enterradas con sus dueños.

Si no puedes con el enemigo, únete a él, o algo así podría decirse de lo que los humanos han acabado considerando a lo largo de los siglos con respecto a la muerte. No hay nada que hacer, no se pueden recuperar las vidas que nos dejan en el plano terrenal, no se puede rebobinar el ritmo de los corazones que dejan de latir y, de repente, el cuerpo ya no funciona. O tal vez sí haya algo que hacer, ubicar en la memoria colectiva ese ritmo frenado, como la única posibilidad de revivir: dándole forma a lo que sería, una calavera que puede tomar multitud de aspectos, todo depende de la cultura, del entorno, de un pensamiento compartido que se ha depositado como un abrazo en cada civilización y en cada grupo.

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