¿Tu jefe hace esto? Las peores formas de liderar un equipo de trabajo
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MALAS PRÁCTICAS LABORALES

¿Tu jefe hace esto? Las peores formas de liderar un equipo de trabajo

La mala actitud de un superior puede hacer que todos los proyectos de una empresa se tambaleen. ¿Cómo corregirlo y crear un buen ambiente de personas que cooperen entre sí y estén satisfechas?

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Te puede gustar más o menos el trabajo, pero lo que está claro es que si no existe un buen ambiente entre las personas que lo conforman, los lunes se te harán un suplicio nada más salgas de casa. Y los martes y los miércoles. A fin de cuentas, mucha gente que considera que no ha tenido buena suerte con sus jefes darían lo que fuera por estar en un trabajo peor, pero en el que se respire tranquilidad y buen rollo. Por ello, si eres uno de esos afortunados que mantienen una relación sana con sus superiores a la par que con el resto de la plantilla, disfrutando todos de un buen ambiente, tal vez este artículo sea un compendio de actitudes por las que no te gustaría pasar en la vida.

Las fórmulas laborales están cambiando y con ellas las formas de liderar una organización. Ahora prima más el desempeño de 'soft skills', es decir, la empatía o la habilidad para la resolución de conflictos en grupo, que otras competencias más técnicas. Y lo cierto es que los que están a la cabeza de los equipos deben estar a la altura si no quieren quedarse atrás. La revista 'Fast & Company', referente editorial internacional en todo lo concerniente a la cultura laboral, ha reunido algunas de las peores formas de dirigir a un equipo de trabajo, así como las consecuencias a las que se enfrentan algunos malos jefes como sigan actuando de esa forma con sus empleados.

Reparte culpas y se atribuye los logros

La actitud que más delata a lo que consideramos como un mal jefe. Normalmente se suele dar entre aquellos que ascendieron al puesto hace poco y quieren llamar la atención, aunque se da en todas las franjas de una vida laboral. Lógicamente, es la persona más visible de todo su equipo, y por tanto quien recibe los elogios. El buen líder debe asegurarse de que antes de entregar un proyecto o una tarea completada todo debe quedar perfecto, evitando posibles fallos que hayan podido cometer los miembros de su equipo.

Las organizaciones en las que las distintas áreas no se sienten integradas entre sí ni cooperan acaban colapsando con bastante facilidad

En ese caso, si algo ha ido mal no identificar y descargar toda su ira y frustración con la persona que ha cometido el error, sino asumiendo que es una actividad colectiva en la que todos forman una parte esencial, de ahí que cuando reciba elogios también deba mostrar deferencia con sus subalternos para que reciban la motivación que necesitan. Por otro lado, los malos líderes nunca reconocerán que tienen parte de culpa en los trabajos mal ejecutados. Además, irán dejando un reguero de gente descontenta y desmotivada a su paso debido a la falta de incentivos que ofrece a su equipo.

Genera incertidumbre

Los buenos jefes hacen que el panorama general de su trabajo y la empresa sea más predecible para su equipo. En este sentido, hablan claro y recompensan a las personas que cumplen con sus expectativas, evitando cambios efectuados por mero capricho. Cuando no saben algo, lo admiten y son transparentes, mientras que los malos jefes lo esconden y luego cargan con la culpa a otra persona en caso de que se vayan de la lengua. Además, un mal líder siempre está jugando con la incertidumbre a su favor, pues los empleados saben que cualquier amenaza o tesitura negativa para la empresa puede derivar en despido.

Siembra desconfianza

Para que un equipo coopere, es necesario crear una sensación de confianza. Es decir, si las partes implicadas en la resolución de una tarea no confían entre sí, será muy difícil de que salga todo bien. A este respecto, las organizaciones en las que las distintas áreas no se sienten integradas entre sí acaban colapsando con bastante facilidad. Al final, una misma tarea puede llegar a repetirse varias veces, ya que la confianza implica una buena comunicación que ayude a resolver los problemas y concluir las tareas que han sido encomendadas.

Se enfurece a menudo

Evidentemente, los castigos, los gritos o directamente las críticas por cualquier cosa acaban minando la pasión de los trabajadores por lo que hacen. El resultado será una plantilla más desmotivada y que pretende evitar a toda costa al líder, pues temen que en cualquier momento vuelvan a saltar las chispas. Al contrario, un buen jefe siempre recompensa a sus empleados por el buen trabajo desempeñado y dice de muy buenas formas aquello que han hecho mal para corregirlo. En lugar de verlo como una falta grave, lo aprecian como una oportunidad de aprender.

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Obviamente, la mayoría de los jefes tienen ambas cualidades, tanto negativas como positivas, y no hay ninguno perfecto al igual que tampoco hay líderes profundamente maquiavélicos. Estas características que hemos explicado sirven para saber más o menos distinguir, y por tanto identificar, aquellos patrones de comportamiento que no se ajustan a lo que demanda la sociedad de nuestro tiempo.

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