Las cuatro personalidades que adopta un mal jefe y que hacen peligrar su puesto
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CEOS SIN CONTROL

Las cuatro personalidades que adopta un mal jefe y que hacen peligrar su puesto

Saber liderar un equipo no está reñido con echar muchas broncas y ser inflexible, al contrario. Un experto del 'coaching' ejecutivo explica a qué se deben estos arrebatos y qué hacer para cambiarlos

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Todos en algún momento de nuestra vida laboral hemos tenido alguna experiencia negativa con un jefe. A no ser que hayas entrado en una empresa por la puerta grande, lo normal es que comiences tu andadura laboral desde los puestos más pequeños, y es ahí donde se producen los mayores choques de realidad y los encontronazos con algún superior que o bien se levanta demasiado a menudo con el pie izquierdo o tiende a imponerse por las malas al faltarle las credenciales necesarias de liderazgo positivo.

En general, no es fácil ser buen jefe. Se entiende que cuanto más puestos asciendes mayor es la responsabilidad. Ya no solo debes ocuparte de realizar todas las tareas que te encargan tus otros superiores (porque todos los jefes tienen otros jefes por encima), sino liderar a un equipo que, dependiendo de su tamaño y de sus mecánicas de trabajo, será más o menos difícil de capitanear. De ahí que en los últimos años se hayan puesto muy de moda los 'coaches' de liderazgo ejecutivo que publican libros y ofrecen charlas para distintas organizaciones.

"El mal comportamiento tiene un componente inconsciente, se da cuando nos sentimos amenazados"

Personas como Kristoffer Carter, experto en todo lo relacionado con el liderazgo y 'coach' de ejecutivos de alto rendimiento, quien ha estudiado y analizado cuáles son las cualidades que reúnen los mejores jefes. La sociedad ha cambiado y con ella las formas de liderar a una plantilla. La gestión de los recursos humanos se ha orientado más hacia el estímulo profesional, la flexibilidad del empleado y la capacidad de escuchar que hacia la reprimenda clásica por haber llegado tarde o por no haber cumplido los objetivos establecidos. Y esto Carter lo sabe, de ahí que haya publicado un interesante artículo en la revista 'Fast & Company' en el que repasa aquellas actitudes que hacen que cualquier puesto de liderazgo se tambalee, bien por no saber dirigir a un equipo de personas o por no controlar el temperamento.

"Cuando los líderes tienen malas actitudes hacia sus empleados, como gritar para hacerse oír o mandarles callar a la primera de cambio, generalmente no es su intención", asevera de forma conciliadora Carter. "El mal comportamiento tiene un componente inconsciente, se da cuando nos sentimos amenazados. El 'yo' interior reacciona saboteándonos a nosotros mismos y al entorno, metiéndonos en problemas que luego debemos solucionar". El experto ha decidido ahondar más en estas malas prácticas de liderazgo que en las buenas, sin duda una perspectiva mucho más útil porque consigue que identifiquemos cuáles son los aspectos que están destruyendo no solo el buen ambiente y la relación con sus empleados, sino su carrera como líder.

El "conejo veloz"

"Cuando los líderes se asustan y lo único que hacen es apagar constantemente incendios", asevera Carter. Este comportamiento lleva a una pérdida de confianza de los empleados, pues solo sabe moverse en situaciones límites o de urgencia, dando la impresión de descontrol y poniendo a su equipo a trabajar rápido y de forma urgente. Lo peor es que si no sigues su ritmo se molestará aún más, algo que no debería ser así. "Juzga a todos los que no actúan lo suficientemente rápido a medida que se enfurece", recalca. ¿Cómo cambiar esta actitud? "Este tipo de jefe necesita relajarse", incide. "Puede conseguirlo realizando algún hábito que fomente la atención como meditar. Esto le ayudará a ver las cosas como son, en lugar de correr despavorido tratando de mantener todo bajo control".

El "Game Face"

El que siempre sonríe y nunca muestra ningún atisbo de vulnerabilidad. De algún modo, el experto se refiere a este tipo de líder como aquel que obvia los problemas o no se enfrenta a los conflictos, solo se limita a sonreír y esconderse en la medida de lo posible de sus responsabilidades como jefe. Además, se muestra inflexible ante las demandas de sus empleados. "Debe reconocer y compartir sus sentimientos, ser honesto con sus pensamientos o sus sensaciones corporales cada vez que acude a una reunión, es un buen comienzo para cambiarlo", aconseja Carter.

Foto: Nina y su amiga, cuando fueron enfocadas por la televisión en directo (ITV Sport)

El "Phantom Pest"

"Este es el que está constantemente enfrentándose a su propio poder", asegura Carter. El CEO que siempre critica aspectos irrelevantes del trabajo, "como las fuentes de letra que han escogido para un Power Point", en vez de estar enfocándose en lo realmente importante. "En lugar de dar un paso audaz hacia lo desconocido, donde puede estar la próxima innovación, permanece pendiente de los detalles".

El "Estrella Negra"

Estos jefes nunca están contentos con nada y en vez de localizar y saber aprovechar las cualidades de sus empleados, lo que hace es actuar de forma que parezca que domina la situación. "Es posible que es el tipo de líder que diga: 'Aquí hay espacio para todos', cuando su plantilla le ven como una persona inaccesible o muy distante de la realidad de la empresa", explica Carter. Para los que encajen más en esta categoría, el experto aconseja tomarse el liderazgo como "una gran responsabilidad y no tanto una carga". Y sí, pasarse más por los estratos inferiores de la oficina o estar abierto a las opiniones de las personas a su cargo para así fomentar una relación de mayor cercanía.

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