Casto Méndez Núñez: un héroe macerado en pólvora
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Las deudas de la memoria

Casto Méndez Núñez: un héroe macerado en pólvora

La historia de un excelente matemático y un estudioso de la náutica que orbitó por todos los mares conocidos

Foto: Méndez Núñez cayó herido durante el bombardeo a los fuertes de El Callao
Méndez Núñez cayó herido durante el bombardeo a los fuertes de El Callao

Habría amado la libertad, creo yo, en cualquier época, pero en los tiempos en que estamos me siento inclinado a adorarla.

Alexis de Tocqueville.

Era hijo de una larga tradición militar; en vez de pantalones cortos, llevaba el uniforme en la sangre. Durante toda su vida llevó en sus singladuras la épica con la que los niños juegan a ser héroes, con la diferencia de que a este formidable marino le duro toda la vida.

Orbitó por todos los mares conocidos y más. En un contencioso entre argentinos y uruguayos echó mano de sus dotes diplomáticas. En Guinea incautó a unos mequetrefes la rapiña con la que habían despojado a unos desgraciados marinos locales devolviendo íntegramente el botín a las atribuladas víctimas. Pero infatigable en esa corriente de repartir estopa y hacer justicia de la buena, aterrizó un buen día en los pagos de Filipinas. Aquello fue el principio del acabóse para las mesnadas de piratas y forajidos locales que vivían en un agosto permanente.

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Joló y Mindanao están situadas al sur-sureste de la miríada de islas que configuran el archipiélago filipino, determinando el apéndice de un atomizado conglomerado de islas que se orienta hacia Malasia. Los piratas que operaban en esta área eran de una ferocidad legendaria (ya Emilio Salgari lo mentaba en sus entretenidas novelas). Procedentes de esa enorme isla colindante, estos elementos con turbante, castigadas dentaduras por las secuelas del tabaco masticado y armamento de baratillo, no cejaban de hostigar los intereses españoles. Méndez Núñez, un excelente matemático y conocedor de la náutica en sus lecturas más profundas, a la sazón comandante jefe de la división, decidió acabar con su principal reducto en Palagulan, en apariencia, una fortaleza literalmente inexpugnable

Pero Méndez Núñez no estaba solo. El más tarde trágico héroe de la desigual batalla de Santiago de Cuba, el Almirante Cervera junto con un potente contingente de infantería estacionada en Mindanao y bajo la dirección del coronel Ferrater, horquillaron el tiro de la artillería de la prácticamente recién salida nave del astillero evitando que el buque se cruzara con la orientación del oleaje y así, facilitar el tiro. Era el 26 de junio del año 1861 y la entrenada tripulación de la fragata Constancia apoyada de otras dos cañoneras, disparaban a placer contra aquella imponente fortaleza sin que la artillería defensora generara problemas serios a los españoles por su escaso alcance. Cerca de medio millar de los subidos guerreros de tez cetrina, perderían la vida en el ataque siendo capturados varios centenares de prisioneros.

En una de las islas de Joló, el mando español los dejaría aislados del mundo y rodeados de unos enormes cocodrilos con hambre atrasada. Por cortesía se les permitiría llevar sus dagas. Mal pronóstico.

"La reputación que se había labrado era tal, que el Almirantazgo le concedería el mando de la polémica fragata blindada Numancia"

Todos los mandos serían ascendidos por méritos de guerra tras la decisiva intervención de la tropa de Ferrater que, al asalto, darían un escarmiento antológico a aquellos pirados. El año anterior habían causado estragos sin cuento en el atribulado archipiélago que los consideraba una plaga bíblica. Eran especialistas en no dejar títere con cabeza, pero habían tropezado con la horma de su zapato. Se calcula que durante los años posteriores la amenaza quedó absolutamente conjurada. El escarmiento fue de antología y los hombres del turbante no volverían a las andadas. Quedaba bien claro quien cortaba el bacalao.

Casto Méndez Núñez ya ascendido a capitán de navío, entraba en la leyenda. Comenzaba el mito de un marino con estela.

La reputación que se había labrado de experto y con recursos era tal, que el Almirantazgo le concedería el mando de la polémica fragata blindada Numancia, una nave cuyas características tácticas y técnicas, así como su blindaje excesivo en zonas determinadas de la obra muerta y frágil en otras, generaba dudas sobre su presunta solvencia en combate. Con una dotación muy seleccionada y finalizadas las pruebas de mar y tiro previas, el buque se prestó para realizar la singladura más dura en la carrera militar de aquellos entrenados marinos.

placeholder Castro Méndez Núñez (Wikimedia)
Castro Méndez Núñez (Wikimedia)

La Numancia atravesó el estrecho de Magallanes y demostró que un buen liderazgo y un conocimiento de la nave suelen ser una combinación que puede rozar la excelencia.

En los antiguos territorios españoles en América ocurría que a causa de la pésima gestión de Eusebio de Salazar y Mazarredo, en aquel tiempo enviado del gobierno y con unas cuestionables ínfulas de virrey, por motivos harto confusos y difíciles de precisar, pero muy alejados de los modos diplomáticos, más conciliadores, despachó órdenes de desembarcar en la isla de Chinchas, un lugar guanero que proporcionaba fertilizantes en abundancia a Perú. Dicho en román paladino, ni con una lupa se podría haber encontrado esta isla en el mapa, pero este inextricable personaje de una soberbia singular, nos metió a los españoles en una guerra por la puerta de atrás. Este lamentable episodio desató las hostilidades de Perú contra los españoles. Chile en solidaridad con sus vecinos decidió no proporcionar víveres ni carbón a los barcos españoles. Ya no había marcha atrás.

Tal como estaba el percal, O Donnell que se había inclinado por tensar la cuerda más todavía, envió una flota de media docena de fragatas. El presidente peruano Pezet en 1865 y en contra de la voluntad mayoritaria del pueblo peruano, pasó por el aro tragando quina. El Tratado Pareja – Vivanco cerraría aquella surrealista patochada bananera que no tenía que haber ocurrido.

"La gota que colmó el vaso fue un mandato en el que se expresaba sin ambages el bombardeo de la hermosa ciudad de Valparaíso"

Tras derrotar a Perú en un amago de guerra, ahora le tocaba el turno a Chile. Chile tenía una excelente infantería y una gran tradición marcial, pero eso no bastaba. La marina española podía atacar con cierta impunidad cualquiera de las muchas ciudades costeras de la nación chilena. Mientras hacían las fragatas españolas ejercicios de tiro al blanco, tropezaron con los restos de la flota peruana que combinada con la chilena sufrieron una severa derrota en los estrechos del Canal de Abtao, cerca de la isla de Chiloe un 7 de febrero durante el verano austral con un resultado catastrófico para nuestros hermanos sudamericanos a pesar de que ambos países se adjudicaron la victoria sobre nuestros marinos.

Pero el tema se les estaba yendo de las manos al poner en práctica las órdenes provenientes de Madrid. La gota que colmó el vaso fue un mandato en el que se expresaba sin ambages el bombardeo de la hermosa ciudad de Valparaíso.

Toda la oficialidad desde Casto Méndez Núñez hasta el último marino no aceptaron de buen grado atacar una población civil indefensa y así lo hicieron saber al alto mando, que inflexible a las quejas de los subordinados, ordenaría por segunda vez el ataque contra esa alfombra de bellas construcciones recostada sobre a orillas del océano Pacífico. Era una Semana Santa cuando un 31 de marzo se consumaría el oneroso bombardeo de esta castigada ciudad.

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Algo más tarde de estos hechos, hacia el 14 de abril, los barcos españoles se dirigirían hacia el Puerto del Callao. Este lugar estaba extraordinariamente defendido por una imponente fortaleza artillada hasta los dientes y con cañones de gran calibre. Durante cinco horas ininterrumpidas un infierno de fuego arrasaría la fortaleza no sin por ello, causar serias perdidas en la flota peninsular. Tras hacer una exhibición de músculo, por fin llegaría un diez de mayo la orden de arriar testosterona.

Pero ya de vuelta a la península, el rayo que no cesa, le haría al almirante una seria advertencia. Tras una penosa agonía, el día 21 de agosto del año 1869 su castigado cuerpo rendiría cuentas a la eternidad.

La muerte de Méndez Núñez conmocionó a las gentes sencillas y al estamento militar por supuesto, desencadenado una ola de solidaridad entre el pueblo español y los uniformados. La consternación subsiguiente generó una sentida pesadumbre entre las gentes de a pie; era un hombre sencillo, honesto y muy querido a nivel nacional. Su muerte privó al país de una parte de la grandeza lograda por este hijo del mar. Su memoria conservará indeleble la figura de un uniformado de confianza, de un militar de valores impecables, de un hombre de acción decisivo ante la batalla.

En el puerto de Vigo se encontraba en el momento del óbito, fondeada una escuadra inglesa en visita de cortesía; al mando de la misma estaba el almirante Mc. Dowell con seis acorazados de línea. Ellos, los ingleses, formados en impecable orden, desde las cubiertas de aquellas naves descargaron una salva de fusilería y otra de artillería honrando a un hombre infrecuente, a un marino excepcional.

In memoriam.

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