Qué debes leer | La mujer que decidió dejar de teñirse las canas... y todo cambió
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Qué debes leer | La mujer que decidió dejar de teñirse las canas... y todo cambió

Publicista, guionista y escritora, la siempre original Coloma Fernández Armero publica ahora 'En blanco' (Tres hermanas), una deliciosa 'nouvelle' en torno a la madurez

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Imagen: Rocío Márquez.

Y allí irrumpió en la alfombra roja de Cannes esta semana una espectacular Andy McDowell, bellísima a sus 63 años, sin esconder las arrugas ni las canas, sin hurtarse a sí misma ni a los demás el hecho de haber vivido una vida plena modelada por el tiempo. ¿Por qué siguen dando tanto que hablar las canas femeninas? ¿Por qué siguen observándose con prevención, con patriarcal sospecha, con la indecisión de no decidirse en pensar si son el resultado de la rebeldía o de la dejadez? Y eso que la pandemia llevó a muchas mujeres a decir basta, a prescindir de tirar su tiempo y su dinero tiñéndose en la peluquería para no quedar mal delante de sus iguales masculinos alopécicos. Pero entonces… ¿Cómo le puede cambiar la vida a una mujer dejarse las canas?

Publicista, guionista y escritora, la siempre original Coloma Fernández Armero acaba de publicar 'En blanco' (Tres hermanas), una deliciosa 'nouvelle' acerca de una mujer que decide dejar que su pelo encanezca libre revolucionando así su vida entera. Hay otra novelita de Emmanuel Carrere sobre un tipo que se afeita el bigote y su familia ya no le reconoce. Algo parecido le ocurre a la protagonista de 'En blanco', pero en su caso es más sutil: lo que parecen no reconocerle ya sus familiares y amistades es su propia alma.

La protagonista, una profesional liberal madura, casada y con dos hijos adolescentes, descubre asombrada cómo este hecho capilar aparentemente banal altera la actitud de quienes le rodean pero también la suya propia hacia ellos: "Ahora que me gusta tener canas, me planteo que quizás otras cosas han dejado de gustarme. Cosas como mi marido, mi casa, mi trabajo. Ver blanco lo que ayer veía negro me tiene inquieta. (...) Me llamo Inés, tengo cincuenta años. Y el pelo medio blanco, medio negro, medio gris. Medio viva, medio muerta. Medio joven, medio vieja. Medio alerta, dormida. Artista medio, medio musa. Medio".

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Pocas veces se había dado cuenta de la crisis de la mediana edad con una prosa tan feliz, con humor pero también con el dolor de la insatisfacción inevitable de descubrir que la vida nunca es plena por muy plenamente que se viva. Las páginas de 'En blanco' vuelan como una suerte de estampas escritas en estado de gracia, llenas de vitalidad en las que se despliega el encanto de la ociosidad de una vida tan próspera como marcada por los universales tráfagos de la naturaleza humana: del deseo al amor, de la irreductible independencia a la tupida red que nos ata a nuestros semejantes.

Finalmente, ningún cambio puede sostenerse demasiado en el tiempo. Y menos mal. Toca algo que se asemeja a la plenitud como escribe Fernández Armero: "Ya puedo llevar el pelo suelo, el color está prácticamente uniforme. Peino los filamentos que me conectan con el universo. Desde que está todo blanco, las señales me llegan de manera más nítida. Pongo la televisión y los presentadores del telediario responden a todas mis preguntas. Algo nuevo empieza cuando está acabando. Las amazonas cabalgan desnudas agitando sus melenas de espuma. Vienen a por mí, quieren que forme parte de los seres que cabalgan solos".

Y allí irrumpió en la alfombra roja de Cannes esta semana una espectacular Andy McDowell, bellísima a sus 63 años, sin esconder las arrugas ni las canas, sin hurtarse a sí misma ni a los demás el hecho de haber vivido una vida plena modelada por el tiempo. ¿Por qué siguen dando tanto que hablar las canas femeninas? ¿Por qué siguen observándose con prevención, con patriarcal sospecha, con la indecisión de no decidirse en pensar si son el resultado de la rebeldía o de la dejadez? Y eso que la pandemia llevó a muchas mujeres a decir basta, a prescindir de tirar su tiempo y su dinero tiñéndose en la peluquería para no quedar mal delante de sus iguales masculinos alopécicos. Pero entonces… ¿Cómo le puede cambiar la vida a una mujer dejarse las canas?

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