El deportista a seguir | El Matador, el español que está llamado a hacer historia en UFC
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EL ATLETA DEL MOMENTO

El deportista a seguir | El Matador, el español que está llamado a hacer historia en UFC

Un espacio en el que destacaremos a ese deportista con menos nombre, pero que lo tiene todo para ocupar grandes titulares y que queda eclipsado por las estrellas de (casi) siempre

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Imagen: Sergio Beleña.

Tenía poco más de ocho años y, como cada mañana, salí con mi madre a la calle de mi Vallecas natal para coger el autobús que me llevaría al colegio. Eran los primeros días de junio y, como siempre, mi balón de fútbol me acompañaba, aprovechando para dar unas patadas mientras el transporte llegaba a nuestra parada. Absorto en meter goles en la plaza donde esperaba, salí corriendo a recoger un rechace... cuando choqué casi frontalmente contra otra persona que estaba corriendo. Cuando levanté la cabeza, descubrí con quién me había golpeado: era Poli Díaz, uno de los grandes boxeadores de la historia y, por aquel entonces, todo un ídolo del barrio.

Digamos que no se tomó demasiado bien el golpe, como es obvio, y que a mí me sirvió para contar una historia entre mis compañeros de clase. Puede sonar extraño, pero ya me había levantado varias veces de madrugada junto a mi padre para ver sus combates —sí, los ochenta, mucho más laxos en todos los sentidos—, por lo que aquel contra Pernell Whitaker no fue menos. Poli llevaba un récord de 32-0 y, antes de empezar el combate, a modo de broma, mi padre fue claro: "Creo que hoy pierde porque le lesionaste con aquel golpe". El Potro de Vallecas perdió su primera pelea y mi mente de niño pensaba que parte de la responsabilidad era mía.

Foto: Ilustración: Sergio Beleña.

En aquellos años finales de los ochenta y primeros de los noventa, ver combates de boxeo se convirtió en algo bastante habitual en mi casa —como en buena parte de los hogares españoles, por otro lado—. Aquellas veladas nocturnas fueron mi primera aproximación al mundo pugilístico, donde los Tyson, Holyfield, Foreman, Castillejo, Pacquiao o Mayweather completaron la experiencia. Pero, con los años, aquellos combates de boxeo derivaron en otras especialidades como las MMA, con Connor McGregor como principal referente. Ahora, un par de años después del mejor momento del irlandés, un español lo tiene todo para hacer historia en este mundo.

Con solo 24 años, Ilia Topuria es un verdadero trotamundos que se ha sabido forjar a sí mismo y que desprende una madurez impropia de lo que señala su carné de identidad. El Matador, como le apodan, no solo rompe con cualquier estereotipo y prejuicio propio de un deporte tan duro como la MMA, sino que tiene muy claro el camino que debe seguir y el objetivo que quiere conseguir: ser el mejor de la historia de la UFC. Campeón en todos los deportes que ha practicado, siempre se ha fijado en McGregor para llegar a lo más alto. Ahora, su gran desempeño le ha llevado este 10 de julio a compartir cartel con su ídolo en el UFC 264.

Topuria nació en Halle (Alemania) hace algo más de dos décadas. De padres georgianos, pronto comenzó a practicar lucha grecorromana, donde confirmó sus grandes habilidades como luchador. Con solo 15 años, sus padres se trasladaron a Alicante, donde dio comienzo todo por casualidad. Su madre, paseando por la ciudad, se encontró con un joven con las llamadas 'orejas de coliflor' —el pabellón auricular inflamado—, por lo que le preguntó si conocía algún lugar donde desarrollar el deporte que practicaban sus hijos. En realidad, este joven hacía Jiu-jitsu brasileño, pero, aun así, le enseñó el gimnasio en el que practicaba este arte.

Solo unas horas después, Ilia y su hermano Alex acudían a aquel lugar, Climent Club, donde empezaron a practicar este deporte. Solo seis años después, el Matador se convertía en el primer deportista de origen georgiano de la historia en ser cinturón negro de Jiu-jitsu brasileño, la misma vía que su hermano siguió poco después. A partir de ahí, su camino se despejó y tenía claro lo que quería: ser el mejor luchador de artes marciales mixtas de todos los tiempos. Con una cabeza privilegiada —habla a la perfección georgiano, español e inglés, y domina el alemán y el ruso— y un físico superlativo, lo tiene todo para convertirse en uno de los deportistas de la década.

Actualmente, el Matador cuenta con un récord de 10-0 en artes marciales mixtas, logrando la victoria en siete ocasiones por sumisión, dos por KO y una por decisión unánime. Será este sábado cuando compita contra Ryan Hall, un luchador que destaca por su espectacular juego de suelo, al ser tercer grado de cinturón negro en Jiu-jitsu brasileño. La ventaja de Topuria no solo radica en que también domina este arte, sino en que, además, es un luchador con un gran juego de puños, lo que le permite tener más registros y adaptarse a la pelea que plantee el norteamericano, en un combate que llegará poco antes del esperado Dustin Poirier-Conor McGregor.

"Me he preparado más para una partida de ajedrez que para un combate, porque será una pelea muy estratégica en la que necesitaré tener mucha paciencia. No puedo perder la concentración y desviarme de lo que he planeado. En cuanto pueda, se lanzará a por mis piernas, sé lo que va a hacer. Solo tengo que ser paciente e 'iluminarlo' cuando tenga la oportunidad. Buscaré su mandíbula donde sea. Quiero noquearlo", explica Topuria a 'MMA Junkie'. Ahora, el hispanogeorgiano está a un paso de hacer historia en la UFC, un luchador que lo tiene todo para hacer historia en las artes marciales mixtas... y con el que doy gracias de no haber sido con quien choqué cuando era un niño. Un hombre de hierro contra el que me habría hecho daño de verdad. No le llaman el Matador por su pasión por los toros...

Tenía poco más de ocho años y, como cada mañana, salí con mi madre a la calle de mi Vallecas natal para coger el autobús que me llevaría al colegio. Eran los primeros días de junio y, como siempre, mi balón de fútbol me acompañaba, aprovechando para dar unas patadas mientras el transporte llegaba a nuestra parada. Absorto en meter goles en la plaza donde esperaba, salí corriendo a recoger un rechace... cuando choqué casi frontalmente contra otra persona que estaba corriendo. Cuando levanté la cabeza, descubrí con quién me había golpeado: era Poli Díaz, uno de los grandes boxeadores de la historia y, por aquel entonces, todo un ídolo del barrio.

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