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Doña Urraca, una reina indomable que gobernó Castilla con vigor
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Doña Urraca, una reina indomable que gobernó Castilla con vigor

Por cuestiones del destino acabaría siendo reina por pleno derecho, y defendería lo que era suyo con uñas y dientes, sin remilgos ni complejos, adelantada a su tiempo

Foto: Litografía de doña Urraca I de León.
Litografía de doña Urraca I de León.

La televisión ha hecho mucho por la psiquiatría: no sólo ha difundido su existencia, sino que ha contribuido a hacerla necesaria

Alfred Hitchcock

Es más que posible que el actual concepto de Unidos en la Diversidad, lema de la Europa moderna, fuera quizás el nexo que antaño, en el medievo, tuviera mayor vigencia que en el momento que hoy estamos viviendo en nuestra ancestral Iberia- Hispania- España.

La globalización no es algo que hayan parido cuatro políticos, sociólogos y economistas o personajes adelantados como Chomsky, Klein, los norteamericanos repartiendo estopa o esos señores de la antigua cepa oriental de ojos rasgados que parecen estar siempre espiando a todo quisque. La globalización como "Dios manda" es más probable que fuera una invención de los españoles cuando el largo y caprichoso brazo del destino nos acercó más allá de lo que las expectativas de un enorme marino quizás balear, quizás genovés, llamado Colón, esperaba.

Es bastante probable que el término globalización caminara en paralelo con el de Hispanidad en las postrimerías del siglo XV. La audacia de algunos marinos escapando de un país depauperado y cansado de batallar contra los del turbante, empujó probablemente a una generación de militares, navegantes, mercaderes y aventureros a la búsqueda de griales tan inexistentes como ubicuos.

Las mujeres en la España anterior a la Conquista no eran eran floreros, ni comparsas ni secundarias; mandaban con poderío incontestable

El empuje común en aquella enorme empresa que asombró al mundo conocido, no nos apartó de nuestras tradicionales disputas de parvulario, zarandajas varias y guerras civiles; pero si puso de manifiesto lo que somos capaces de hacer cuando tenemos una buena dirección y una motivación que nos amalgame. En la España pretérita a la Conquista del reino Nazarí de Granada, hubo mujeres con un poder descomunal poniendo firmes a bigardos de imponentes barbas que más bien parecían armarios de Ikea. No eran floreros, ni comparsas ni secundarias; mandaban con poderío incontestable y las gentes subordinadas padecían severas lumbalgias de tanta genuflexión.

De entre todas ellas, destacó una reina de la que no cabía duda, tenía una autoridad indiscutible y más testosterona que un percherón Breton. Sucedía que los godos residuales se refugiaron en el Reino de Asturias y desde allá, desde ese reino en las montañas, de vez en cuando bajaban a arrear unos guantazos a los moritos para mantenerse en forma. Con el tiempo, un rey asturiano de nombre Alfonso III generaría por precipitación el que más tarde sería llamado Reino de León.

Aparece en el escenario Alfonso VI de León, un rey cristiano con su propio harén y una vida sexual bastante ajetreada (se pasaba más tiempo en posición horizontal que vertical)

Años más tarde, aparece en el escenario de la historia Alfonso VI de León, un rey cristiano con su propio harén y una vida sexual bastante ajetreada pues se pasaba más tiempo en posición horizontal que vertical. El citado rey solo tuvo un hijo varón llamado Sancho que murió en combate en la batalla de Uclés (Cuenca) a manos de los Almorávides.

Las mujeres no tenían preeminencia en la sucesión salvo que surgiera un tema tan determinante como la muerte del futuro sucesor, Sancho en este caso, o de que el varón de la estirpe fuera un vaina o un crápula. En aquel tiempo, apañar los matrimonios estaba a la orden del día. Doña Urraca por aquel entonces, era una criaturita de diez añitos y su buen padre con el ánimo de forzar alianzas sólidas y duraderas, le encasquetó un mozalbete (Raimundo de Borgoña) que le sacaba casi doce años a la criatura. No se sabe cómo apagaría el galo sus calenturas; pero el caso es que el asunto acabó como en las películas de Bollywood, con algodón azucarado.

A Urraca no le resultó fácil reinar, pero le echó un par de ovarios y triunfó ante tanto machismo

Ante la evidente preocupación de Alfonso VI en sus rifi – rafes con los Almorávides (en Sagrajas cerca de Badajoz) hacia octubre del año 1086 los súbditos de Allah le aplicaron un correctivo a este rey invicto en un montón de batallas. A partir de esta colleja, intentó implicar a la Casa de Borgoña (su segunda mujer Constanza provenía de ese linaje) que junto con otros reyes peninsulares crearon una coalición contra esta turbamulta de creyentes del Corán.

Pero Urraca por cuestiones de lotería inversa (muerte de su hermano en Uclés y viuda temprana de su marido Raymundo) acabaría siendo reina de pleno derecho. No le resultó fácil rodeada de una aristocracia felina, pero le echó un par de ovarios y triunfó ante tanto machismo. Si se puede…

En Toledo, hacia el 1108 de la cronología humana, las noblezas leonesa y castellana confundidas por la grave situación (el padre de Doña Urraca era ya un hombre de provecta edad), intentaron dirimir ante la curia que obraba de arbitraje, una solución para tan delicada situación. Salió sorpresivamente Doña Urraca al estrado y les soltó una filípica que dejaría turulatos a los asombrados congregados de aquel auditorio de oropel que no esperaba su presencia.

Esa prematura unión entre Castilla y Aragón debió de esperar todavía cerca de cuatro siglos

Cuando el padre de Urraca estaba con un pie en el más allá, apareció, así como quien no quiere la cosa, Alfonso de Aragón el Batallador –un tipo de 190 cm y un ego del mismo tamaño que quiso meterla en cintura a esta brava mujer. Meter, metió lo que pudo y punto, pero esa prematura unión entre Castilla y Aragón debió de esperar todavía cerca de cuatro siglos, donde un matrimonio por amor alumbraría lo que podríamos definir la Nueva España, o al menos un esbozo de la misma.

Foto: Foto: Hispania Nostra

El caso es que el aragonés le quiso “levantar” el reino de Castilla, el de León y el de Galicia (mancomunados políticamente, pero separados en lo administrativo) en incluso las “parias” (tributos que pagaban los moritos por la protección de los reyes cristianos), pero como ya hemos adelantado, Doña Urraca era bastante granítica y al aragonés le salió el tiro por la culata. El arzobispo de Toledo, a la sazón una autoridad muy vinculada a la reina le indicó al subido “maño” la dirección que debía de tomar y le acompañó por cortesía hasta la puerta de salida.

Doña Urraca defendió con uñas y dientes sus posesiones y metió en cintura a todos los que se la quisieron jugar. Era una mujer de armas tomar

Lo cierto, es que se las hicieron de todos los colores por aquello de los estereotipos. Pero ella, Doña Urraca defendió con uñas y dientes sus posesiones y metió en cintura a todos los que se la quisieron jugar, era una mujer de armas tomar.

Sin remilgos ni complejos, mujer adelantada a su tiempo, con media docena de amantes a sus espaldas; esta reina peleó con denuedo por su libertad como persona y como mujer triunfando sobre algunos esclerotizados e hipócritas caballeretes de salón.

Según el Cronicón Compostelano, rigió los destinos de sus vastos reinos durante 17 años hasta que la muerte hizo su trabajo de dislocación de la realidad. Esté donde esté, seguro que estará en la brecha.

Doña Urraca, todo un personaje.

La televisión ha hecho mucho por la psiquiatría: no sólo ha difundido su existencia, sino que ha contribuido a hacerla necesaria

Globalización Toledo
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