La increíble historia de la fuga nocturna de los prisioneros de Argel
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Épica hazaña

La increíble historia de la fuga nocturna de los prisioneros de Argel

Una primavera de 1766, hacia las doce de la noche un grupo de famélicos y desesperados prisioneros iniciaron una de las más sorprendentes hazañas. Esta es su historia

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La peor muerte es la muerte de la esperanza.

-Anónimo.

En Berbería, una especie de sultanato bananero que teníamos enfrente del sur de España y que hace alusión a las regiones costeras de Libia, Túnez, Marruecos y Argelia; allá por el año del Señor de 1766, hubo que plantar un potente ofensiva contra estos bárbaros bereberes que periódicamente arrasaban las costas españolas con objeto de capturar esclavos y mujeres para enriquecer sus harenes. Tanta afición le habían cogido al tema que se había convertido en una cuestión de estado.

Nuestro país acababa de salir de su enésimo enfrentamiento contra Gran Bretaña en la que posiblemente sea la guerra más larga de la historia si sumamos el contencioso entre España y los británicos a las razias castellanas del almirante Tovar, Bocanegra y Pero Niño en los saqueos de la costa inglesa incluido el incendio de Gravesend – el puerto de Londres-, un episodio bastante desconocido por estos pagos.

En un descanso entre partido y partido, se implementó una potente flota para escarmentar a los “plastas” del turbante que se habían envalentonado y estaban causando estragos en lo que hoy es la costa almeriense y la de Murcia. La Armada combatía siempre que podía con denuedo a aquellos sarracenos muy subidos con su emergente mercado, pero la flota más allá de que estaba muy dispersa entre la protección de los buques que traían la mercadería desde América, y la escasez u obsolescencia de los demás navíos; no tenía naves suficientes para mantener el litoral a salvo de los constantes ataques de los adoradores de Allah.

Nuestro país acababa de salir de su enésimo enfrentamiento contra Gran Bretaña en la que posiblemente sea la guerra más larga de la historia

Todos conocemos la figura legendaria del almirante Barceló, encargado por La Corona de desinfectar aquella plaga. Pero aun con todo y con eso, faltaban Barcelos suficientes para dar un soberano escarmiento a aquellos osados berberiscos.

El “negocio” de estas gentes dedicadas a la piratería más extrema, iba desde la incautación de bienes hasta el rapto de hombres para funcionar como galeotes, niños para sospechosos menesteres y mujeres para la trata de blancas. Eran una manifestación del horror puro. Los lugareños tenían un temor reverencial porque los saqueos iban muy lejos en frecuencia y profundidad en el territorio peninsular.

A lo largo de los cerca de 250 años de actuación de estas hordas marinas, varios cientos de cautivos consiguieron escapar con mejor o peor fortuna

Obviamente, los capturados no tenían otro objetivo que huir de las manos de estos implacables amos que los reventaban hasta la extenuación. Pero el problema en cuestión no era otro que la limitante muralla líquida que suponía el Mediterráneo o el llamado actualmente Mar de Alborán; que si ya es difícil cruzarlo hoy con los medios modernos, no es muy complicado pensar lo que podría suponer en aquel entonces.

A lo largo de los cerca de 250 años de actuación de estas hordas marinas, varios cientos de cautivos consiguieron escapar con mejor o peor fortuna. Los que eran capturados sufrían inenarrables torturas y ejecuciones sumarias para rematar, otros morían en brazos de la locura por deshidrataciones evidentes en estas latitudes, otros lo hacían por exceso de ingesta de agua salada y algunos de ellos, conseguirían llegar a la península; los menos claro.

Uno de los episodios más sonados fue el de 16 prisioneros que consiguieron alcanzar el territorio patrio en unas condiciones más que extremas, heroicas. Hoy se sabe con detalle de esta epopeya por lo documentada que está. Existe una relación de los que lo intentaron, así como de los tiempos aproximados que permanecieron en cautividad.

La edad media de cautiverio de los que consiguieron huir era de doce años como prisioneros en las lóbregas mazmorras de Argel, pero un malagueño de nombre Luis Nogales pasó 23 años a pelo quedándose prácticamente ciego; cuando retornó era ya un hombre cercano al umbral de la muerte por la cantidad de enfermedades solapadas que había contraído; su cuerpo era literalmente una llaga por la falta de higiene y las horas extras de las garrapatas y piojos.

Los prisioneros que estaban en el ajo, llevaban mucho tiempo tramando la fuga. Habían construido dos embarcaciones de fortuna con pequeños mástiles y unos remos sin pulimento ni nada parecido a algo que tuviera que ver con la palabra diseño. No obstante, los del turbante en una de las guardias, encontraron las pequeñas naves y directamente les prendieron fuego.

La precaria embarcación no llegaba a seis metros de eslora. Fue este pequeño barco el que les llevaría a la gloria y el reconocimiento posterior

Pero la peor muerte que hay es la de la esperanza y estos marinos, soldados y gentes de tierra adentro siguieron con el plan.

Se diseñó un tercer bote que intentaba emular las formas de un queche, embreado en las juntas para evitar el ingreso de agua marina y al mismo tiempo, muy estrecho para hacer bancadas de remo. Fue este pequeño barco el que les llevaría a la gloria y el reconocimiento posterior. Ignacio Sesé, carpintero de ribera, se ocultó durante un mes en una cueva al borde de un acantilado y con las piezas, clavos, brea, resinas, agua dulce y algunas porciones de salazón y condumio variado, se mantuvo fuerte e invisible a las rondas de los guardianes que concluyeron que se había suicidado desde el presidio tirándose por dicho acantilado.

La precaria embarcación no llegaba a los seis metros de eslora y la carencia de estopa para calafatearla les obligaría a abusar del embreado que aunque siempre garante como aislamiento, estaba sujeto a la erosión salina. Una pequeña vela cuadrada – pues la latina exigía mayor destreza –, cuatro palos lo más parecidos a remos confeccionados de “aquella manera” y las raciones de supervivencia; eran todo su haber y poseer, además de unas sentidas oraciones por si acaso. Dos pistolones con cebadores, una carabina con ocho raciones de pólvora y sus correspondientes bolas de metal fundido además de unos improvisados cuchillos y un sable, eran toda la herramienta defensiva que portaban aquellos suicidas.

Una travesía digna de la Ilíada

Concluida aquella obra de arte, el carpintero Sesé llamó a capítulo a sus compinches en aquella incierta y fraternal aventura en la que pretendían alcanzar sus sueños. Solo un balear de Mallorca (posiblemente el único cuerdo de entre aquellas desesperadas gentes) vio que aquella chalupa tenía un dudoso futuro y se echó a un lado.

Aquella temeraria determinación rozaba la épica de los episodios de la Ilíada, aquellos increíbles sextetos del ínclito Homero.

La valerosa tripulación se repartió los roles de la siguiente manera. Un marino con años de tablas gobernaría el timón, a proa un excautivo como contrapeso, cuatro remeros – los que en mejor forma estaban –, y el resto, como lastre para bajar al máximo la gravedad y evitar vuelcos en una mar imprevisible. Así se iniciaba aquella odisea con temeraria determinación. Cualquier cosa antes que continuar en la durísima esclavitud.

Un 14 de abril llegaron a la isla de la Cabrera, ignorando su situación pero siendo conscientes de que estaban en Europa

Una primavera de 1766, hacia las 12 de la noche, en el vértice superior del reloj del tiempo y de la historia, aquellos famélicos y desesperados restos humanos iniciaron una de las más increíbles singladuras de la historia. A las 24 horas se vieron asaltados por un poniente malvado que les hizo liberar lastre y achicar agua pues de ello dependían sus vidas. Quedaron testimonialmente tres hogazas de pan duro, pero afortunadamente con parte del velamen habían filtrado varios litros de agua que podríamos calificar de dulce.

Un 14 de abril llegaron a la isla de la Cabrera, ignorando su situación pero siendo conscientes de que estaban en Europa. Las autoridades locales quedaron pasmadas ante la aparición de aquellos esqueletos vivientes y tras darles un trato generoso los enviaron en una pequeña y rapidísima goleta a Palma de Mallorca escoltados por un ágil bergantín de aduanas.

No hubo que lamentar baja alguna, salvo una previsible cuarentena impuesta por los médicos del puerto para evitar las tan temidas fiebres cuartanas

No hubo que lamentar baja alguna, salvo una previsible cuarentena impuesta por los médicos del puerto para evitar las tan temidas fiebres cuartanas. Los 16 fugitivos recibieron una cantidad magra de dinero para comenzar una nueva vida, cantidad aportada por los asombrados lugareños, las autoridades y los marinos que enterados de la gesta, contribuirían al aporte de una generosa cantidad del metal acuñado.

Varios de los fugados quedaron a cargo de las torres de vigía para prevenir precisamente eso, los ataques de los piratas de Berbería. Un exiguo sueldo y un empleo tan poético, les haría sentirse en el paraíso tras el trance en tierras africanas. Otros tomaron camino de la península para reunirse con sus familias.

Una breve historia sobre una gran hazaña.

España.

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