Aterrizar un avión con un hombre saliendo por la ventana: la increíble historia del vuelo 5390
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Aterrizar un avión con un hombre saliendo por la ventana: la increíble historia del vuelo 5390

En 1990, un avión salía desde Birmingham a Málaga cuando sufrió un accidente. La valentía de cuatro hombres a bordo es un ejemplo para la historia de la aviación

placeholder Foto: G-BJRT, el avión involucrado en el accidente (Wikipedia)
G-BJRT, el avión involucrado en el accidente (Wikipedia)

A los más aprensivos probablemente no les guste esta historia y es que algo tienen los aviones, frente a los otros conocidos como medios de locomoción, que en general infunden más temor en los individuos. Quizá porque eso de viajar entre las nubes, con los pies fuera del suelo en modo Ícaro, al ser humano no le parece natural. Sea como fuere, el año pasado sin ir más lejos fue el tercer año más seguro en la historia de la aviación, se registraron 20 accidentes fatales (hay que tener en cuenta que cada día operan alrededor de 20.000 vuelos en el mundo).

Y el 5390 fue uno más de estos vuelos que tendría que haber quedado en el olvido de la historia de la aviación y, sin embargo, será recordado siempre. Fue un 10 de junio de 1990: el avión en concreto, un British Airways, estaba previsto que despegase desde Birmingham en Reino Unido a Málaga, en nuestro país. El capitán Tim Lancaster y el primer oficial Alistair Atchison comandaban la aeronave, que despegó a las 7:20 de la mañana, hora local.

A bordo del vuelo se encontraban 81 pasajeros y seis tripulantes, y pronto alcanzó unos 5.000 kilómetros de altitud. Mientras subía, el parabrisas de la cabina de mando explotó repentinamente, y tras ello, se produjo una descomprensión explosiva que succionó al capitán Lancaster parcialmente, fuera del avión. Se quedó fuera, recostado en el techo del aparato, viendo la cola y los motores girando, hasta que perdió el conocimiento. El asistente de vuelo, Nigel Ogden, tuvo la rapidez suficiente para agarrarlo de la cintura y así evitar que se saliera del todo, salvando su vida. Atchison, que era el único piloto que quedaba y podía manejar la nave, tomó los controles del avión.

El capitán fue succionado parcialmente fuera del avión. Se quedó recostado en el techo, viendo la cola y los motores girando, hasta que perdió el conocimiento

El avión perdía altitud y Atchison no podía alcanzar las palancas del acelerador, intentó emitir una llamada de socorro, pero no pudo saber si los controladores lo estaban escuchando debido al sonido del viento. Cuando finalmente pudo contactar con un controlador, este le propuso que realizara un aterrizaje de emergencia en Southampton, un reto sin duda para Atchison, que no estaba familiarizado con la zona. Sin más ayuda que la del controlador que había sugerido Southampton, se propuso llegar hasta ahí y salvar el vuelo.

Mientras eso sucedía, Simon Rogers y John Heward, dos auxiliares de vuelo, se abrieron paso hasta la cabina. Heward golpeó la puerta, partiéndola por la mitad, y entró junto a Ogden agarrando las piernas del capitán Lancaster. A esas alturas, Ogden sufría congelación en los brazos y era incapaz de aguantar más. Dio un paso atrás y dejó que Rogers y Heward se hicieran cargo. Los dos hombres colocaron las piernas de Lancaster sobre el respaldo del asiento del capitán, con firmeza. El rostro de Lancaster, pegado a la ventana, estaba gris y ensangrentado, con los ojos bien abiertos. Al sentarse junto a otra azafata, Ogden murmuró: "Creo que el capitán ha muerto". Sin embargo, no podían liberar su cuerpo porque podía golpearse contra las alas o dañar el avión.

El rostro de Lancaster, pegado a la ventana, estaba gris y ensangrentado, con los ojos bien abiertos. "Creo que el capitán ha muerto"

Increíblemente y contra todo pronóstico, Atchison consiguió aterrizar el vuelo en Southampton, y los 81 pasajeros desembarcaron sin una sola herida. Los paramédicos encontraron que Ogden, Rogers, Heward y Atchison sufrían lesiones menores que iban desde congelación hasta shock y dislocación del hombro, según informa 'Medium'. Como es de esperar, había pocas esperanzas para el capitán Lancaster, atrapado en el exterior del avión a unas temperaturas de -17ºC. Sin embargo, cuando sacaron su cuerpo, comenzó a mostrar signos de vida: abrió los ojos, recuperó la conciencia y lo primero que dijo fue: "Quiero comer". Fue trasladado al hospital con hematomas, congelación y fracturas óseas relativamente menores. Las imágenes mostradas a continuación aparecieron en una recreación del accidente en 'Mayday: catástrofes aéreas'.

Posteriormente, al revisar el avión se descubrió que el personal de mantenimiento cambió el parabrisas y al colocar el nuevo decidió cambiar los tornillos por unos nuevos también, pero estos (los nuevos y los antiguos, puestos en una revisión cuatro años antes) resultaron ser del calibre correcto pero 2,5 mm más cortos y otros de longitud correcta pero de calibre 0,65 mm inferior a los especificados por el fabricante. El operario que realizó la sustitución se limitó a poner los mismos tornillos asumiendo que los que tenía puestos eran los adecuados. En este nuevo cambio, además, no se respetó el par de apriete especificado. Pero dadas las condiciones de trabajo (madrugada, estaba oscuro y hacia frío en el taller), al técnico que realizó la reparación no le fue posible notar la diferencia.

El operario que realizó la sustitución se limitó a poner los mismos tornillos asumiendo que los que tenía puestos eran los adecuados

Si la historia no era suficientemente sorprendente, casi 28 años después (en mayo de 2018) sucedió un incidente casi idéntico a bordo de un vuelo de Sichuan Airlines. Mientras volaba sobre China, el parabrisas del primer oficial se voló y succionó parcialmente al primer oficial fuera del avión. El capitán Liu Chuanjian realizó un aterrizaje de emergencia seguro en Chengdu, y su primer oficial solo sufrió heridas leves. La diferencia es que llevaba el cinturón de seguridad, por lo que suponemos que tras la traumática experiencia, Lancaster también comenzaría a llevarlo.

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