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Ictus: ¿es recomendable tomar una aspirina al día para prevenirlo?

Los especialistas alertan de que la aspirina podría aumentar las consecuencias de un ictus que se produzca por la rotura de un vaso cerebral

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El ictus es una patología con una incidencia anual de 187,4 casos por cada 100.000 habitantes. Esto supone que afecta a un total de 71.780 personas cada año (considerando la población española de 18 años o más), según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Es la primera causa de mortalidad en la mujer y la segunda en el hombre. Los datos nos dicen que uno de cada seis españoles va a padecer un ictus a lo largo de su vida.

Es una enfermedad cerebrovascular con elevada incidencia y prevalencia. Se trata de la primera causa de discapacidad adquirida en los adultos y la segunda de demencia, por detrás del alzhéimer, y eso provoca un gran impacto sanitario y social. Es una enorme carga, no solo para el sistema sanitario sino también para el propio paciente y para su entorno, por el enorme impacto que va a suponer en su vida.


El próximo 29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus, y aprovechamos para que el Dr. Jaime González-Valcárcel, coordinador de la Unidad de Ictus de Quirónsalud Madrid, nos ayude a despejar dudas en relación con lo que hemos oído hablar sobre esta enfermedad. Una de las primeras preguntas recurrentes es si el ictus duele. “Tan solo un 10-15% de los ictus se asocian a dolor de cabeza, y en la inmensa mayoría este no es su síntoma principal”, explica el especialista. “Sin embargo, la ausencia de dolor no debe tranquilizarnos, ya que la gravedad del ictus es independiente de su aparición”.

En el caso de otros síntomas, como debilidad, dificultad para hablar correctamente, entumecimiento o parálisis en la cara, brazos o piernas, vértigo o pérdida de coordinación, también se suele pensar que, si desaparecen en una hora (aunque a veces pueden durar hasta 24 horas) y son de carácter leve, no suponen una urgencia médica. “Nada más lejos de la realidad”, asevera el Dr. González-Valcárcel. “Los ictus transitorios son también una emergencia médica. El estudio precoz de estos casos permite identificar a pacientes con alto riesgo de recurrencia en los primeros días después del ictus y adaptar el tratamiento preventivo para evitar un nuevo ictus”.

También se suele pensar que afecta únicamente a personas mayores, pero esto no es cierto. “Si bien es cierto que el riesgo de sufrir un ictus aumenta con la edad, en las últimas décadas hemos visto un aumento de la incidencia en personas menores de 50 años”.

El efecto de la aspirina

Hay personas que han decidido tomar una aspirina por precaución de manera sistemática. También está la creencia de que hay que tomar una en cuanto notamos los primeros síntomas. El especialista nos aclara que es imposible distinguir un ictus isquémico (por obstrucción de una arteria) de un ictus hemorrágico (un sangrado por rotura de un vaso cerebral) únicamente con los síntomas. “En el caso de una hemorragia, una aspirina podría empeorar el sangrado y las consecuencias del ictus. Es fundamental acudir a un centro con unidad de ictus para realizar una prueba de imagen cerebral lo antes posible que nos permita llegar a un diagnóstico preciso y adaptar los tratamientos según el mismo”, subraya.

Hay que tener en cuenta que, actualmente, el 80-85% son de tipo isquémico, por obstrucción de un vaso cerebral. “En estos casos, disponemos de diferentes tratamientos de fase aguda muy eficaces para desobstruir la arteria afectada y restablecer la circulación cerebral. La utilidad de este tratamiento depende fundamentalmente de la rapidez con la que se aplica, por lo que acudir inmediatamente a una unidad de ictus resulta vital”. De hecho, el recibir o no tratamiento en estos primeros momentos es lo que va a condicionar más significativamente las secuelas que se puedan producir. “Con el correcto manejo en la fase precoz, más del 60% de los pacientes recupera una situación funcional similar a su situación previa, permitiendo una vida independiente”, afirma el especialista.

Frente a estas cifras y datos impactantes, es importante recordar que más del 80% de los ictus son evitables y que la incidencia se puede reducir de manera eficaz con un adecuado control de los factores de riesgo modificables. Un buen control de los factores de riesgo vascular como la hipertensión, el colesterol y la diabetes, una vida saludable, favoreciendo la actividad física regular y evitando el tabaco y el consumo excesivo de alcohol (más del equivalente a una copa de vino al día), permiten reducir el riesgo de tener un ictus. Finalmente, concluye el Dr. González- Valcárcel, “en los pacientes que ya han sufrido un ictus, además de estos factores, conocer la causa del ictus y adaptar el tratamiento preventivo según la etiología reducen enormemente el riesgo de volver a sufrirla”.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con Quirónsalud Madrid.

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