La razón por la que las ilusiones ópticas engañan a tu cerebro, según un estudio
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La razón por la que las ilusiones ópticas engañan a tu cerebro, según un estudio

Durante años se ha estudiado por qué si una forma está rodeada por algo oscuro, la percibimos como más brillante que si estuviera entre sombras más clara

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Si hay algo que todos los seres humanos tenemos en común, es sin duda el interés intrínseco por resolver misterios. Los acertijos visuales, esos que consiguen engañar a nuestros ojos y a nuestro cerebro hasta que resolvemos el rompecabezas, son los pasatiempos preferidos de muchas personas. No nos referimos únicamente a buscar a Wally o encontrar el paisaje tras 'El ojo mágico', los científicos de todo el mundo han tratado de dar respuesta durante cientos de años a una curiosa pregunta: ¿por qué dos formas de colores idénticos se ven diferentes cuando se colocan en un fondo degradado?

Nuestra percepción de tonos y colores cambia según su contexto visual, un proceso que es conocido como 'contraste de brillo simultáneo', informa 'Science Alert'. Si una forma está rodeada por algo oscuro, la percibimos como más brillante que si estuviera entre sombras más clara. Este efecto ha sido explorado por los artistas durante siglos, y varias investigaciones sistemáticas de cómo percibimos las sombras en contraste entre sí también se han realizado desde el siglo XIX. Pero no todas las preguntas se han respondido aún.

Nuestra percepción de tonos y colores cambia según su contexto visual, un proceso que es conocido como 'contraste de brillo simultáneo'

¿Por qué sucede? ¿Nos engañan nuestros ojos en estas mentiras visuales? ¿El cerebro está perezoso? Algunos científicos creen que se debe a que estos últimos proporcionan la interpretación de lo que nuestros ojos están detectando solo después de tener en cuenta la iluminación y las condiciones ambientales. Pero las nuevas investigaciones sugieren lo contrario.

En un estudio realizado recientemente, se sometió a 27 voluntarios a una serie de pruebas visuales específicas, e incluyeron una presentación de imágenes sutilmente diferentes. Para probar si nuestra interpretación de lo que estamos viendo se debe a las sombras percibidas o debido a los niveles reales de luz emitida, el equipo les mostró una ilusión en la que, según explicaban los propios investigadores, "el lado que en realidad era más luminoso se percibía como más oscuro y viceversa". Esto es lo que vieron:

"Esto es lo contrario de lo que sucede en las pantallas de contraste simultáneas estándar, en las que un punto sobre un fondo oscuro parece más brillante que un punto sobre un fondo claro", explicó el neurocientífico Pawan Sinha. Resulta que la luminancia (la densidad angular, rectangular y superficial de flujo luminoso que incide, atraviesa o emerge de una superficie siguiendo una dirección determinada) contribuye a nuestras estimaciones de brillo, aunque no siempre seamos conscientes de ello, lo que sugiere que no se requieren procesos de pensamiento de alto nivel para hacer este juicio entre los contrastes.

¿Un mecanismo innato?

El equipo descubrió que nuestras estimaciones de brillo ocurren muy temprano en nuestra ruta de procesamiento visual, incluso antes de que la información de ambos ojos se fusione en nuestros cerebros. "Nuestros experimentos apuntan a la conclusión de que este es un fenómeno de bajo nivel", dijo Sinha. En otras palabras, es algo que el sistema visual está preparado para hacer desde el nacimiento.

Las estimaciones de brillo ocurren muy pronto en la ruta de procesamiento visual, antes de que la información de los ojos se fusione en el cerebro

Para probar esta última afirmación, se les mostró la misma ilusión a un grupo de nueve niños de entre 8 y 17 años que podían ver por primera vez tras de una cirugía de cataratas. Según explicó Sinha, la predicción era que si la estimación del brillo es realmente un mecanismo innato, justo después de que los chavales con ceguera congénita comenzaran a ver por primera vez, también 'caerían' en la trampa de la ilusión.

Y eso fue exactamente lo que pasó. Tan solo 24 horas después de que les retiraran los vendajes quirúrgicos, los niños cayeron en la ilusión, lo que muestra que esta percepción no se aprende con el tiempo ni se ve influenciada por las experiencias pasadas. Sinha señaló que sus conclusiones son consistentes con otras que surgen de los estudios de brillo, pero hay algunos aspectos de estas ilusiones que el equipo aún no puede explicar. Esto puede significar que otros procesos en el cerebro también están involucrados en etapas posteriores, aunque aseguran que las estimaciones de contraste implican "un mecanismo innato temprano en la vía visual".

"Muchos de los fenómenos que atribuimos con tanta rapidez a procesos de alto nivel en realidad podrían ser mecanismos de circuito muy simples del cerebro que poseemos de forma innata", concluyó Sinha.

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