Los ovnis existen: la lucha de un politólogo para que conozcamos la verdad
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ENTREVISTA CON ALEXANDER WENDT

Los ovnis existen: la lucha de un politólogo para que conozcamos la verdad

Hace 15 años, el científico político de origen alemán publicó el que se considera el primer estudio académico sobre el fenómeno. Hoy, es una referencia. Hablamos con el politólogo

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Los ovnis existen: la lucha de un politólogo para que conozcamos la verdad

1977. John E. Mack, psiquiatra de la Escuela de Medicina de Harvard, obtiene el Premio Pulitzer por su biografía de Lawrence de Arabia.

1985. Mack, junto a figuras como Carl Sagan, se alza con el Premio Nobel de la Paz como miembro de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.

1994. Mack publica 'Abducción: encuentros humanos con alienígenas', en el que narra los resultados de trece entrevistas con personas que afirmaban haber sido secuestradas por extraterrestres. Aunque comienza abordando el tema como un extraño fenómeno psicológico, termina sospechando que hay algo extraño ahí fuera. Un comité de la Escuela de Medicina de Harvard somete a una investigación a Mack.

El fenómeno ovni es una de las grandes amenazas para el Estado contemporáneo, porque pone en tela de juicio su autoridad

1999. Mack publica 'Pasaporte al cosmos', la segunda parte de 'Abducción'. El padre de Alexander Wendt, un politólogo de 41 años nacido en la RFA y conocido actualmente como una de las figuras del constructivismo político, le entrega una cinta de vídeo con un documental sobre ovnis en el que aparece Mack.

2004. El lunes 27 de septiembre, después de una cena en Londres tras una conferencia en la sociedad T.E. Lawrence, Mack muere atropellado por un conductor borracho.

2005. Wendt publica junto a su director Robert Duvall 'Soberanía y ovnis' ('Sovereignity and the UFO)', el artículo más leído de la historia de la revista académica 'Political Theory' y considerado como el primer 'paper' académico sobre extraterrestres.

PREGUNTA. ¿Existen los ovnis, profesor?

RESPUESTA. Es, simple y llanamente, un hecho.

El provocador trabajo de Wendt se ha convertido en un clásico de la ufología en el proceloso mundo académico. En él, el ya reputado politólogo ponía el dedo en la llaga al recordar que si no sabemos qué pasa con los ovnis es porque es una de las grandes amenazas para la autoridad del Estado contemporáneo. Según el autor, el fenómeno ovni era un tabú que ni la ciencia ni las administraciones públicas estaban dispuestas a discutir. La ignorancia extraterrestre era una cuestión política, no científica, en la medida en que la soberanía política moderna es antropocéntrica desde que el hombre mató a Dios.

Fotografama del vídeo publicado por el Departamento de Defensa estadounidense el año pasado.
Fotografama del vídeo publicado por el Departamento de Defensa estadounidense el año pasado.

El profesor de Ciencia Política de la Universidad Estatal de Ohio recuerda a El Confidencial vía telefónica que, como él mismo había explicado algo más de una década atrás, no hay ninguna duda de que los ovnis, entendidos como objetos no identificados, existen. La muestra es que desde 1947 se han reportado alrededor de 100.000 avistamientos. La mayoría de ellos pueden ser explicados de forma convencional, concede, pero entre un 5 un 20% no son tan fáciles de explicar.

P. Entonces, ¿existen los extraterrestres?

R. Nadie lo sabe. Yo no lo sé. ¿Y tú? Pero veo los vídeos de la marina y lo que muestran es sorprendente. Es posible que haya una explicación, pero nadie ha investigado científicamente lo necesario para averiguarlo. Así que no podemos saberlo.

El trabajo de Wendt, que le ha convertido en una de las autoridades “serias” sobre ufología en Estados Unidos, no tiene por lo tanto como objetivo responder a la gran pregunta, sino plantear otra cuestión aún más importante: ¿cómo es posible que un tema tan inquietante y sorprendente como el fenómeno ovni no despierte apenas interés entre la comunidad científica ni entre las autoridades políticas, al menos de forma explícita?

P. ¿Por qué nadie intenta responder dicha pregunta?

R. Si partimos de que se trata de un tabú, hay que recordar que los tabús están asociados con el miedo. No se trata tan solo de las autoridades, los científicos son incluso peores que el gobierno. Hay un miedo subconsciente a encontrar vida extraterrestre. Hay otra razón, el antropocentrismo del Estado moderno. La soberanía es exclusivamente humana. La mera posibilidad de su existencia pone en tela de juicio su función. Así que para los Estados es una situación problemática en la que tan solo pueden perder.

Un tema del que no se puede hablar

Según el autor de 'Teoría social de las relaciones internacionales', el Estado y la ciencia han creado un entramado argumentativo que hace imposible ya no solo investigar ese porcentaje de casos dudosos, sino siquiera plantear la pregunta. Se trata de una relación simbiótica, en la medida que el Estado basa sus premisas en la ciencia, a través de la cual obtiene apoyo institucional y prestigio, mientras que la ciencia prefiere mirar hacia otro lado.

Es habitual tratar a la gente que cree en ovnis como ignorantes, estúpidos o idiotas, porque es una forma de rebajar la preocupación de la gente

En su artículo original, Wendt identificaba cuatro técnicas a través de las cuales se había conseguido que la discusión sobre los ovnis pasase a considerarse un tabú: la representación de cualquier investigación sobre el tema como “pseudociencia”; informes oficiales como el Condon Report de 1969 que no son realmente científicos; el secretismo oficial, que impide acceder a los archivos; y una “disciplina foucaltiana” en la que, a través de ataques a los 'believers', se ha amaestrado a la población para que no se atrevan a plantear la pregunta.

P. ¿Es útil políticamente que los partidarios de la investigación ovni sean presentados como frikis?

R. Bueno, creo que algunos programas de televisión son pro ovni. Me entrevistaron hace unas semanas para el History Channel y me trataron con respeto. A un nivel más general, es común tratar a la gente que cree en los ovnis como ignorantes o estúpidos, mentirosos o gente con una gran imaginación, para acabar con su reputación y despreciar la preocupación de la gente. Pero creo que va a ser cada vez más difícil, porque la marina está cambiando su política. Los escépticos contribuyen a este objetivo haciéndolo pasar por ciencia ficción, pero que la realidad terminará saliendo a la luz poco a poco.

Entrevista con Wendt.

P. ¿Y los científicos?

R. Son la encarnación de ese conocimiento experto que piensa que sabe qué es real y qué no lo es. He conocido a unos cuantos que están interesados en el tema pero que no lo pueden decir en público porque sería el final de sus carreras.

P. ¿Es el escepticismo una actitud políticamente cómoda?

R. El escepticismo es parte de la ciencia, y un escepticismo saludable es clave. Lo problemático es el escepticismo claramente ideológico o motivado por otras consideraciones. Es fácil porque es perezoso. Es la actitud de “demuéstramelo, demuéstramelo”. Pero no podemos demostrarlo hasta que la ciencia no se haga cargo de ello, pero la ciencia no lo investigará si sigue afirmando que no tiene ni pies ni cabeza. Se aprovechan de este círculo vicioso.

La salida del armario del Pentágono

A finales de mayo de este año, un comunicado confirmaba, por primera vez, la existencia del Programa Avanzado de Identificación de Amenazas Aerospaciales del Pentágono, una manera de admitir que las autoridades militares prestan más atención a esta clase de fenómenos de lo que puede parecer.

I want to believe

P. ¿Cómo ha cambiado la situación este reconocimiento?

R. Han sido los pilotos los que han forzado el cambio, obligando a los comandantes a que se lo tomen en serio. Están preocupados por su seguridad: vuelan en máquinas que cuestan cientos de millones y quieren saber que están seguros. Unos cuantos pilotos han dado el paso, y aunque no sabemos qué está ocurriendo realmente, han conseguido que el marina y el Departamento de Defensa reconozcan el fenómeno. El tabú está empezando a hacerse añicos.

También en Latinoamérica varias fuerzas aéreas como la de Perú han solicitado a sus pilotos a que comuniquen cualquier cosa que vean. En Francia llevan tiempo haciéndolo. Así que poco a poco está cambiando, pero aún no tenemos ningún dato de que alguien lo esté investigando científicamente salvo quizá la marina. Así que la ciencia sigue estando ausente del debate, y es lo que debe cambiar.

¿A quién le importa?

El artículo de Wendt generó cierta controversia, pero siempre fuera de los ámbitos académicos oficiales. Una de las respuestas más detalladas fue la planteada por el científico político Henry Farrell, de la Universidad George Washington, en su blog. En ella, Farrell esgrimía la paradoja de Fermi (“si hay vida inteligente, ¿por qué no nos ha contactado ya?”) identificaba algunos de los puntos débiles del razonamiento de Wendt, como que la misma lógica que aplica a los ovnis puede utilizare con la astrología u otros fenómenos que el Estado no estudia. Un texto que, a su vez, suscitó otra respuesta cordial por parte del politólogo estadounidense.

La ausencia de respuesta a mi artículo demuestra mi tesis. Lo cual es una satisfacción

En él, recordaban una vez más la mayor: no es que los escépticos estén equivocados. Simplemente, no tenemos forma de saber de qué hablamos cuando hablamos de ovnis. Lo que le resulta más revelador al politólogo es que todo el mundo lo lee pero nadie lo cita, una paradoja que, en su opinión, no hace más que demostrar que tiene razón.

P. Su tesis no ha sido discutida en otros artículos académicos.

R. Así es. A pesar de que es, de lejos, el artículo más bajado de esa revista, no ha recibido ninguna respuesta. Y, cuando ha sido citado, lo ha hecho citando otras partes de mi argumentación, nada relacionado con ovnis. Creo que eso muestra que es bastante provocador y que el tema es aún un tabú: la ausencia de respuesta demuestra la tesis del artículo. Lo cual es, en cierta forma, satisfactorio.

Los límites de lo imaginable

Si 'Soberanía y ovnis' merece una lectura no es tanto porque desafíe sin complejos los tabús sobre la vida en otros planetas, sino porque nos hace replantearnos nuestra relación con el mundo. Qué consideramos posible, qué imposible, y de qué manera la confianza en la realidad dada –un mundo en el que la democracia liberal es la forma de Estado por excelencia, y en la que el ser humano se encuentra en su centro– nos ciega ante otras posibilidades políticas.

Wendt no deja de ser nunca un politólogo cuando recuerda que una de las razones por las que los ovnis y los extraterrestres son tan peliagudos para el estado moderno es porque este está preparado para hacer frente a casi cualquier situación imprevista (guerras, inmigración, pandemias, terrorismo) menos a la posibilidad de que, de la noche a la mañana, se descubra que existe vida inteligente en otros planetas.

P. ¿Sería un reto descubrir vida extraterrestre?

R. Tal vez. Mientras lo que hallemos sean bacterias en Marte o algo por el estilo, la idea de que los humanos están al mando no cambiaría. ¡Sería necesario que los alienígenas viniesen en su nave espacial! Para mí, es una mera cuestión de tiempo. La gran pregunta es que si están aquí, ¿por qué no se muestran? Y creo que sí lo hacen, en cierta forma: molestando a nuestros pilotos están reclamando su atención. Quizá piensen que de esa manera alguno de esos estúpidos humanos pueden plantearse qué hacen aquí.

P. ¿Qué podemos aprender políticamente del tabú ovni? Hace apenas cinco años, aquel que dijese que Trump llegaría a presidente de los EEUU sería tan ridiculizado como el que hoy asegura que los ovnis existen. Y sin embargo...

R. Es cierto que también era inimaginable que Trump ganase. Ha roto un millón de tabús desde que llegó al poder, lo que resulta espantoso. Pero las cosas están cambiando en otro sentido en todo el mundo: por ejemplo, he visto cómo se aprobaba el matrimonio homosexual. Hay más movimientos liderados por la gente. En este caso, han sido los pilotos. Así que para mí, la lección política es la capacidad de la gente para movilizarse a favor de ciertas causas que hagan el mundo un lugar mejor. Como con el cambio climático. Quizá los gobiernos no sean capaces de resolver el problema, pero la gente sí.

La situación de los catalanes es mejor que la de los ovnis, porque al menos pueden hablar aunque no se les escuche

P. ¿No ocurre los ovnis algo semejante a Cataluña o Palestina, en el sentido de que el reconocimiento de su independencia o de su mera existencia pondría en tela de juicio la autoridad del Estado.

R. Creo que la situación de los catalanes y los palestinos es mejor que la de los ovnis, porque al menos pueden hablar aunque no se les escuche. Puede haber alguna clase de analogía con los ovnis, pero creo que son un tipo distinto de amenaza. Los problemas humanos como las guerras o el secesionismo son amenazas para las que el Estado está preparado para combatir, aunque no tenga éxito. Pero el Estado no está preparado para afrontar el hallazgo de vida alienígena inteligente. Sería toda una crisis existencial para la humanidad y para los gobiernos en particular.

P. Bueno, esperemos que algún día sepamos la verdad, sea cual sea.

R. La sabremos.

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