la infidelidad, explicada

"He engañado a todos mis novios y no me arrepiento en absoluto"

El adulterio no está bien visto en nuestra sociedad, menos aún si lo perpetra una mujer, pero la protagonista tiene muy claro por qué lo ha hecho reiteradamente

Foto: Foto: iStock.
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Fue Lilit la primera mujer infiel de la historia, pues según cuenta la leyenda, abandonó a Adán (antes de que este conociera a Eva) para irse del Edén y fuera conoció al que sería su amante, Asmodeo o Samael. El engaño siempre está mal visto en nuestra sociedad (y peor aún en otras) más si cabe cuando es la mujer que lo perpetra: ahí están las Anas Kareninas, Madames Bovary o Anas Ozores. El adulterio sigue siendo un crimen en Birmania, Afganistán o Irán.

La revista masculina 'Men's Health' ha decidido dar voz a una mujer infiel que, por suerte, no tiene que pasar por el problema de vivir en un lugar donde sigue siendo un delito. No ha querido revelar su identidad, pero trata de explicar por qué no se arrepiente de haber engañado y anima a las chicas que están en sus veinte años a no sentirse culpables tampoco.

Hacía meses que no lo hacíamos y por eso acabé en la cama con su mejor amigo. Nunca me había sentido tan cachonda

"Antes de que me odies te diré algo: nunca me he sentido tan cachonda como cuando me acosté con el mejor amigo de mi novio. Empezó así, como una amistad donde no podíamos negar la atracción sexual. Así, pues, quedamos en una habitación de hotel con un neón en el techo y yo pensaba en cómo mi chico (lo llamaremos Matt, como nombre provisional) habíamos tenido relaciones sexuales a diario, incluso varias veces al día, durante los dos primeros años de nuestra relación. Pero un día nos descubrimos durmiendo uno al lado del otro sin hacer nada. Tan solo tenía 21 años y, por algún motivo, una aversión extraña por tener relaciones con mi novio".

Así comienza su confesión. Asegura que llegó a pensar que esos eran los años en los que estaría más cachonda, no entendía qué le pasaba. Incluso consideró ver a un terapeuta. "No se me había ocurrido que quizá no quería hacerlo con mi novio justamente por él. Todavía no entendía la diferencia entre amar a alguien y simplemente necesitarlo. Fue entonces cuando acabé en la cama con su amigo y la primera vez que engañé a mi novio", indica. "Al principio sabía que había pasado una barrera infranqueable, mis padres se habían separado justamente por un engaño, sin embargo, durante los siguientes días no sentí la necesidad de decirselo a Matt". Todavía era capaz de sentir un hormigueo salvaje cuando estaba con un hombre que le interesaba.

He tenido que luchar durante mucho tiempo contra la idea de la castidad, que las chicas no necesitamos tener sexo

La relación terminó, pero ella no lo achaca al engaño. Simplemente, tarde o temprano debía acabar y quizá el engaño solo lo acortó. "No creo que engañar sea una ofensa capital. No, por lo menos, cuando eres joven y sigues intentando aprender cómo funcionan tu corazón y tu cuerpo. La segunda vez que engañé a otro novio fue en un bar al aire libre, salía con un chico, le quería, pero llevábamos meses sin hacerlo. Intenté hablarlo con él pero no quiso, y al principio yo estaba tan enamorada que me convencí de que todo estaba bien. "Las chicas no necesitamos tener tantas relaciones sexuales", me dije, hasta esa situación en el bar en la que me di cuenta de que me había estado engañando", explica. "Después se lo conté a una amiga y me di cuenta de que no era justo continuar una vida en la que la relación no incluyera una vida sexual, así que corté con él".

Una lección necesaria

Pero matiza que, si bien no se siente culpable por engañar, tampoco bien. "He tenido que luchar durante mucho tiempo contra esas lecciones de castidad que nos enseñan desde la infancia, que las chicas deben ser buenas y no tienen necesidad de sexo. La culpa es como un gas, se expande por todas partes. La mayoría de los hitos en la vida de una mujer aparecen acompañados de dolor. Gracias a los engaños también aprendí cosas sobre cómo amar a los demás y sobre mi propia sexualidad de una manera honesta".

Y engañó, una tercera vez. La casualidad hizo que fuera con Matt, ese primer novio que tuvo, como si de alguna manera cerrara el ciclo. "Fue también una noche calurosa y tuvimos un sexo frío y metódico. No me sentí mal pero tampoco bien. Solo sentía tristeza, en lugar de la habitual culpabilidad, quizá era porque había recorrido un largo camino desde aquella noche en que le engañé por primera vez a cuando me desperté, infiel de nuevo, en su cama. Aprendí mucho sobre mí misma todos esos años, cómo se siente alguien cuando está enamorado, cómo se siente un beso cuando realmente lo quieres y una tercera lección muy rara de aprender: la maravillosa sensación de que el amor y el sexo converjan. ¿Cómo podría arrepentirme de haber hecho alguna de las cosas que hice para emperimentar estas lecciones?", concluye.

Alma, Corazón, Vida

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