y son muy eróticas

Así es el sexo en la playa: las experiencias que resultan inolvidables

Cuando calienta el sol... hacerlo en un entorno paradisíaco es una fantasía recurrente, pero ¿realmente es cómodo revolcarse en la arena? Varias personas se confiesan

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

Se acerca el verano y no hay nada como pasar unos días de vacaciones en la playa. Y si estamos acompañados, mejor. Todos nos imaginamos en una zona paradisíaca en Bali, mientras el agua cristalina que cae de alguna cascada recorre nuestro cuerpo bronceado por el sol, descansando porque sin duda nos lo merecemos tras un año agotador. A veces las fantasías van más allá y también pensamos en una sensual noche, retozando en la arena.

En realidad, no es la mejor idea. No solo porque presente algunos riesgos para la salud (que también), como pueden ser todos los ocasionados con la arena, que actúa como material abrasivo y puede provocar irritación y rozaduras, o porque el agua del océano también puede picar y arder, sino porque... es terriblemente incómodo. Pero no vamos a fastidiar tus sueños, como la experiencia hace al maestro hemos recopilado las historias más disparatadas, divertidas y, por qué no, eróticas, de varias personas que han decidido contar sus anécdotas en 'El Confidencial'. Hay sexo, agua y mucha, pero que mucha arena de por medio.

Sol, arena y mar

P. de 25 años, nos lo cuenta así: "Mi experiencia en la playa fue desastrosa. Siempre había querido hacerlo ahí y mis expectativas estaban por las nubes. Era de noche, pusimos una toalla muy grande para estar cómodos, pero la arena nos invadía todo el tiempo. Teníamos que controlarnos para no mancharnos y que no se nos metiera por todos lados. Todo llegó a tal extremo que hasta el preservativo se rompió porque había mucha arena y tuvimos que parar. No volvería a repetir nunca. Ah, y además teníamos que estar pendientes todo el rato porque la máquina que alisa la playa no paraba de ir de un lado a otro y nos daba un poco de miedo morir aplastados y salir al día siguiente en las noticias".

Lo hice en Ibiza. La playa es muy incómoda pero hacerlo en la arena tiene una gran ventaja: que la gente puede verte

"El sexo en la playa es una mierda", señala, tajante, M. de 29 años. "En Ibiza, en la semana de las aperturas (esos tiempos en los que el Space todavía existía), conocí a una chica (que tenía novio en Dinamarca) y nos vimos unas cuantas veces. Los dos compartíamos piso con nuestros amigos, así que la mayor parte de nuestras escapadas sexuales fueron en coches. La peor de todas fue, sin duda, en la playa. Si no quieres restregar tu miembro contra un papel de lija, ni se te ocurra hacerlo en la arena. Da igual que seas cuidadoso y que pongas toallas. Ambos acabamos con arena en sitios innombrables. La experiencia mejora dentro del agua. Recuerdo que teníamos un flotador de esos grandes, como un rosco. Ella metió solo el culo (con las piernas y los brazos por arriba) lo que la dejaba a la altura perfecta para el temita. Eso sí, en la arena hay una gran ventaja: que la gente puede verte".

El sexo en la piscina da pie a escenas íntimas si no hay mucha concurrencia alrededor. Y si la hay, mejor

T. de 32 años, asegura que aunque el sexo en vacaciones de verano es estupendo porque tienes más tiempo para hacerlo y estás más descansado (por lo que rindes más), prefiere hacerlo en la piscina antes que en la playa: "El sexo en la piscina goza de una particularidad que lo hace bastante atractivo: es uno de los escasos contextos sociales donde la (casi) desnudez a plena luz del sol está permitida, lo que da pie a escenas íntimas si no hay mucha concurrencia alrededor. Y si la hay, mejor. En mi caso, no hubo penetración, pero sí otras cosas que pueden pasar más desapercibidas, con el aliciente de poder ser descubierto en cualquier momento y ese puntillo morboso de no poder gemir/hacer mucho ruido/etc, mientras el sol y el aire de la tarde arrullan tu piel. Eso sí, es importante recordar que hay que darse una ducha antes de meterse al agua, por favor, gracias".

Por último, R. de 22 años, también se confiesa: "Fuimos en tren a Santander. La idea era pasar allí el día y volver por la noche. Era mi primera relación, teníamos 16 años y estábamos muy pero que muy salidos. Llevábamos los bañadores, bocatas, toallas y chanclas para disfrutar de un chapuzón en la playa de El Sardinero. Era el verano de nuestra adolescencia y teníamos las hormonas por las nubes. Nada más llegar, nos tumbamos en la arena. La playa estaba abarrotada de familias, niños y chicos jóvenes que jugaban a las paletas en la orilla. A ella se le ocurrió hacer topless y yo ya me comencé a excitar. El sol pegaba con toda intensidad y serían las dos de la tarde. Entonces, comencé a sentir una incipiente erección. Para evitar que se notara, me tumbé boca abajo, y empezamos a darnos mimos y caricias suaves por la piel. Después de un rato, decidimos bañarnos. Yo sentía mucha vergüenza porque mi erección no menguaba, y sentía las miradas de todos los presentes acechándome, aunque seguramente estaban a lo suyo y todo era fruto de mi paranoia. Entonces, nos metimos en el agua".

Sentía mucha vergüenza porque mi erección no menguaba y notaba las miradas de todos los presentes acechándome

"Nadamos a lo profundo, lo suficiente como para poder sostenernos de puntillas en el fondo. Entonces, nos comenzamos a liar y a retozar el uno con el otro. Ella metió su mano en el bañador, me sacó el pene y comenzó a masajearlo, suave y fuerte. Yo hice lo mismo, y empecé a frotar su clítoris. El placer nos duró poco, ya que un grupo de chavales jóvenes comenzó a acercarse. Llegó un momento en el que sospechamos que el agua y la profundidad no podía esconder nuestros cuerpos, y tuvimos que dejarlo y salir".

"Tardé como quince minutos más en salir del agua. Evidentemente, mi erección había ido a más y no pude controlarla. Ella cogió las cosas y me ofreció dar un paseo por la orilla. Yo no podía salir del agua, así que le dije que se volviera a meter y que iríamos a una zona por la que el agua me llegara a la cadera. A la media hora o así, teníamos que salir. Mi erección había descendido un poco, pero no lo suficiente. Además, notaba dolor en la punta a causa de la sal, la arena y el contacto con el bañador. Nos secamos y dimos un paseo por la ciudad. Nos seguimos liando por el paseo marítimo y yo le pedí que por favor parara, ya que continuaba muy excitado. Continuamos así durante todo el día y cuando llegamos al tren de vuelta comencé a notar un ligero dolor en los testículos que fue a más a medida que pasaba el tiempo. No veía la hora de llegar a casa y liberar finalmente el peso de la entrepierna con el que había estado cargando todo el día".

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios