síndrome del superviviente

El hombre que murió varias veces en diez años y se hizo rico

Cuando Paul Olmsted pereció presa del VIH, habría sido deber de su hermano avisar a las agencias y acredores del fallecimiento. Su idea, sin embargo, fue otra

Foto: Foto: iStock.
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Mark Olmsted siempre fue el hermano débil. Desde niño, cuenta en 'GQ', poco tenía que ver con Luke, el mayor, el fuerte, el deportista. Probablemente si no hubieran sido hermanos jamás habrían sido amigos. Luke vencía en todo, y era a él a quien acudía cuando tenía un problema, pues su influencia paterna era mayor que la de su propio padre. Solo había algo que tenían en común: su condición sexual, pues ambos eran homosexuales.

En ese sentido, Mark fue más valiente. Salió del armario en la escuela secundaria. Corrían los últimos años de la década de los 70 y recibió una llamada de su hermano, que ya estaba en la universidad: "Soy igual que tú, pero no me atrevo a decirlo. Sé cómo te sientes". Aquello quizá le dio fuerzas, pues aunque no se atrevió a aceptar su condición sexual como Mark, le visitó en California cuando ambos hermanos ya se habían graduado: quería ver cómo era la ferviente y excitante noche sexual de la costa oeste, y Mark se comprometió a llevarle a los bares de moda.

Como si fuera una macabra broma del destino, los dos hermanos que jamás habían tenido nada en común volvieron a reunirse, tras la confesión de sus gustos, en otra ocasión en la que, tristemente, también coincidían. Cuando Luke visitó a Mark de nuevo en su casa de San Diego, poco tenía que ver con el chico joven y fuerte al que recordaba. Un hombre consumido, "casi digno de Giacometti", apunta, apareció en su apartamento. Aseguró que estaba así de delgado porque se había aficionado a una nueva dieta macrobiótica, pero Mark no le creyó. "Soy seropositivo", se atrevió a confesar con un sollozo. Paul, entonces, también lo hizo: "Yo también".

"Soy seropositivo", "yo también". Con esas palabras se estableció la alianza entre los dos hermanos, que jamás habían tenido nada en común

Corrían los años 80 y mucha gente, más tarde, hablaría de la proliferación del VIH por culpa del sexo sin protección, la heroína y los chutódromos (la expansión del sida se dio en estos lugares, donde los drogadictos compartían jeringuillas). Muchos comparan las bajas en esos años a las guerras mundiales, que no fueron capaces de matar a tantas personas como lo haría esta enfermedad. Mark, por supuesto, se sentía culpable de haber enseñado a su hermano esa cara oscura de la noche neoyorquina.

Una vez más, las diferentes personalidades de los hermanos se mostrarían a la hora de afrontar su condición seropositiva. Luke tenía pavor a esas infecciones oportunistas causantes de las muertes de la mayoría de los enfermos. Se cuidaba. Mark, por su parte, no lo hacía. Sin embargo, irónicamente, el hermano mayor que siempre había sido invencible fue deteriorándose: acabó en una silla de ruedas, era su hermano el que firmaba sus cheques de ayuda debido a su estado incapacitante. Ni siquiera podía moverse. Y, contrariamente a lo que todo el mundo habría podido imaginar, falleció poco después de contraer la enfermedad. Era el 9 de febrero de 1991 y tenía 34 años. Mark, sin embargo y a pesar de todo, no lo hizo.

Se suponía que debía enviar los certificados de defunción de su hermano a los acreedores, pero le quedaban pocos años de vida y necesitaba dinero...

Aquí comienza la segunda historia de nuestro protagonista. Comenzó el fraude. No tenía dinero y sabía (o creía) que moriría pronto, así que 'voilà', al fin y al cabo ya había firmado los cheques de incapacidad de su hermano en el pasado. Simplemente, comenzó a firmar cheques a nombre de su hermano Luke, hasta que agotó la cuenta bancaria de 10.000 dólares de este. Se suponía que debía enviar las copias del certificado de defunción de Luke a agencias y acreedores, pero... no lo hizo. Cuando los pagos por incapacidad de su hermano llegaron al correo los siguió cobrando.

No solo eso. Como pensaba que le quedaba poco tiempo para morir, decidió vivir sus últimos años a lo grande. La cosa se salió pronto de madre, viajó a Londres, a San Francisco, a Montreal, bebió y compró metanfetamina, todo por cortesía de su hermano muerto. Siguió falsificando lotes de certificados de defunción. Aunque su salud sin duda empeoró, nada parecía indicar que fuera a morir próximamente. Los años seguían pasando y él seguía utilizando tarjetas tanto a su nombre como al de Lukas. Incluso envió el guión de una película que estuvo a punto de ser protagonizada por Whoopi Goldberg, aunque al final no cristalizó.

Bajo el nombre de Luke regresó al trabajo en una pequeña revista, pero le pagaban tan poco que cobraba simultáneamente el desempleo como Mark. Se había convertido en dos personas. El trastorno de indentidad disociativa es una enfermedad mental que se caracteriza por la existencia de dos o más personalidades en una persona, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente. Algo así debió sentir esos años, Mark era él mismo y también era su hermano muerto.

En una ocasión acudió a West Hollywood a por una tarjeta sanitaria. El hombre que le atendió le aseguró que, según su ordenador, había muerto, pero Mark no dudo en enseñarle la licencia de conducir de Luke, que también había ido renovando periódicamente, con su propia foto. La bola de nieve comenzaba a hacerse más grande. Tuvo que ser hospitalizado en 2002 y comenzó a trabajar como narcotraficante para poder seguir pagando sus dosis de metanfetamina. Fue arrestado y tuvo que realizar 300 horas de servicios comunitarios, pero nada de eso sirvió para enderezarle.

A veces se pregunta si, tal vez, se hizo adicto a las anfetaminas porque no podía superar haber perdido a su hermano y ser el superviviente

Como suele suceder con las mentiras, al final terminaron alcanzándole. El 5 de febrero de 2004, 11 oficiales irrumpieron en su apartamento y, a pesar de que Mark afirmó ser Luke, los agentes descubrieron pasaportes falsos y un certificado de defunción falso. "Soy Luke Olmsted", aseguraba él continuamente mientras la policía se lo llevaba esposado, como si fueran unas palabras mágicas que fueran a terminar con el hechizo incriminatorio. Fue acusado de seis cargos y cumplió una condena de 16 meses. Llevaba dos décadas enfrentándose al sida.

Ahora vive en Hollywood y hace catorce años que salió de la cárcel. Tiene un trabajo y, aunque todavía debe pagar algunas deudas, intenta hacerlo mensualmente y asegura que no habrá más estafas. Existe una condición, conocida como 'el síndrome del superviviente', una condición mental que ocurre cuando una persona percibe que ha hecho mal al sobrevivir un evento traumático cuando otros no lo han logrado. A veces, Mark se pregunta si no se hizo adicto a la mentanfetamina porque no podía soportar que su hermano hubiera muerto y él no. "Perdí a muchos hombres que amaba durante esos años, entre ellos a mi hermano", explica. "Él lo habría hecho mucho mejor que yo. Iría a la cárcel otros diez años si, con ello, pudiera devolverle a la vida".

Alma, Corazón, Vida

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