"LAS RESACAS DURAN 24 HORAS"

Las grandes diferencias entre tener 20 años y ser un treintañero

¿Acabas de cumplir 30 años? Seguramente sientas incertidumbre ante lo que está por venir. Hoy te contamos cómo cambia tu vida de una década a otra

Foto: Foto: iStock.
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Vale, este es tu último año de universidad. Se te acaba "el chollo". Los profesores y exalumnos te han repetido una y otra vez que se acaba la que quizás sea la mejor etapa de tu vida. Más te vale tener un plan definido: buscar trabajo para lo que te has preparado o bien estudiar otra cosa. No va a ser fácil. A partir de hoy eres tú el que decide. Por otro lado, acabas de cumplir treinta años. Se supone que ya por fin vas convirtiéndote en lo que todo el mundo define como "adulto". Ya aguantas peor las fiestas, ves menos a tus amigos y tu situación financiera empieza a preocuparte.

Las diferencias entre ambas edades son evidentes. Saber lo que quieres hacer en la vida y cómo quieres vivirla no es fácil. Ni a los 20 ni a los 30. Es inevitable sentir un poco de dolor al hacerse mayor, ya que los retos parecen hacerse cada vez más grandes y complicados. Sin embargo, si no tuvieras que afrontarlos, jamás alcanzarías el crecimiento personal. Porque aunque ahora digan que los 30 son los nuevos 20, desde que naces hasta que te mueres la vida te pone pruebas que no puedes entrar a menos que quieras avanzar.

Mientras que a los 20 se te permitía fracasar, diez años después ya se te exige tener un buen título que avale tu trayectoria profesional en LinkedIn

Julia McVeigh, periodista de 'Business Insider', ha escrito un artículo en el que detalla con exactitud las principales diferencias entre estar en tus 20 y en tus 30, para aquellos que quieran anticiparse al futuro o bien recordar cómo eran hace diez años. Seguramente concuerdes con su visión de la vida, siempre complicada y a veces injusta, pero en todo caso hermosa.

Diferentes personalidades

"Cuando tenía 20 años, tenía una gran relación con mis coetáneos", analiza McVeigh. "Todos acabábamos de graduarnos, teníamos por primera vez un trabajo y nos esforzábamos desesperadamente por convertirnos en adultos. Nos unían los errores profesionales, las citas vergonzosamente malas (yo estaba soltera) y convivir por primera vez todos juntos en una casa. En resumen, reímos y lloramos juntos durante todo el proceso".

"Ahora que ya he pasado los 30, mis compañeros y yo ya estamos menos vinculados a cosas comunes. Soy una madre casada que trabaja a jornada partida y vive en los suburbios. Un amigo mío es soltero, trabaja 60 horas a la semana y reside en el centro. El treinteañero prototípico tiene múltiples personalidades, y yo las conozco todas: los de ciudad centrados en su carrera profesional, los solteros de la jet-set, los ligones con complejos de glamour y los divorciados en shock. Todos ellos son muy diferentes a mí, salvo en que tienen la misma edad. Aprendí que los vínculos reales entre nosotros se forjan a través de tener en común emociones, valores morales o intelectuales".

Fracasos y derrotas

"Si tus 20 años son un ensayo para la vida adulta, los 30 son una verdadera actuación en directo", resume McVeigh. La periodista señala que los 30 son la época en la que ya hay que conseguir lo que denomina "hitos adultos". Mientras que en los 20 se te permitía flaquear o fracasar, diez años después ya se te exige tener un buen título que avale tu trayectoria profesional en LinkedIn, una pareja que también sea un excelente compañero o compañera de vida, una boda digna de Instagram, niños hermosos y poco exigentes, además de una gran casa para acoger a todos ellos.

Se espera que las mujeres luchen contra los signos del envejecimiento, como si no fueran algo natural

"Aquellos que no cumplan con todos estos hitos, pueden sentirse un poco ineptos, mientras que si te esfuerzas en alcanzarlos vas a estar presionado", observa. "Es un rollo. Por norma general, los veinteañeros compartimos y asumimos nuestros errores con facilidad y humor, algo que no sucede más adelante. En los 20 sentí desorden e incertidumbre en m vida, sentimientos que compartía con mis compañeros. Pero ahora eso ha cambiado".

Y si eres mujer...

McVeigh opina que crecer siendo mujer es algo muy diferente a si eres hombre. "Si eres una chica de veintitantos te sientes intocable: la sociedad ama a las jóvenes y tu cuerpo funciona a la perfección, suena genial: aguantas las resacas, no te duele el cuello después de trabajar y los pantalones cortos te quedan perfectos. Pero una vez llegas a los 30, las cosas comienzan a cambiar", avisa. "No eres vieja, pero las arrugas empiezan a notarse. Las resacas duran 24 horas. Las cartucheras comienzan a hacer acto de presencia en tus muslos..."

Lo más difícil es lidiar con la presión de estar siempre joven. "Se espera que las mujeres luchen contra los signos del envejecimiento como si no fueran algo natural", agrega la periodista. "Lo paradójico es que muchas de las chicas que conozco con más de 30 años son la versión más hermosa y auténtica de ellas mismas. No quieren volver a sus 22, excepto claro, cuando tienen resaca".

Una mayor "autoconciencia"

La última diferencia que McVeigh pone sobre la mesa es que ahora se conoce más a sí misma. Aunque ya no disfruta tanto de la vida ni se da tantos caprichos como antes (viajes y fiestas exprés, compras compulsivas o excesos físicos...) ahora sabe qué es lo que necesita. "A pesar de saber lo que quería en cada momento, no tenía ni idea de lo que en verdad necesitaba", asegura. "Al margen de todo ese ruido, también tenía mucha ansiedad al no saber con certeza qué es lo que demandaba de mí y de los demás".

"Ahora, la autoconciencia de mi misma ha llegado gracias a la edad y la experiencia", reconoce. "Ha cambiado mi vida a mejor. Me ha ayudado a identificar cuáles son mis necesidades. Cuando tenía 20 años, solo me importaba pasármelo bien y comprar ropa, ahora me he decantado por una relación amorosa, amistades férreas, un estilo de vida saludable y leer o escribir. La conciencia de mí misma me ha ayudado a sentirme más segura, más relajada y más comprensiva conmigo y los demás".

Alma, Corazón, Vida

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