EL PROLETARIADO CREATIVO

Cómo se contratará a la élite de trabajadores (y probablemente no formarás parte de ella)

Las empresas disponen de nuevas herramientas para garantizar que captan a la 'crème de la crème', pero ello puede generar una brecha aún mayor entre élites laborales y proletarios

Foto: Foto: iStock.
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En España hay alrededor de 3.200.000 autónomos y más de 500 negocios se basan en el modelo de la economía colaborativa, lo que representa el 1,4% del PIB. A menudo, se recuerda que el autónomo —y, ahora, la conocida como 'gig economy'— terminará sustituyendo a la mayor parte de asalariados. En teoría, los 'freelancers' disfrutan de una mayor libertad para elegir las empresas con las que quieren trabajar que los asalariados. Pero es muy probable que esa teoría no deje ver una realidad menos visible.

Una nueva tendencia de contratación que está emergiendo en el mercado laboral global pone en duda la presunta meritocracia que en principio debe regir los procesos de selección de personal. Lo recoge un reportaje publicado en el medio de actualidad empresarial 'Fast Company': la posibilidad de establecer mercados laborales 'curados' con mucha mayor facilidad está provocando la aparición de una pequeña élite del talento y una amplia clase de profesionales intercambiables cuyas posibilidades laborales están mucho más limitadas.

Cada mes, se reciben unas 1.200 solicitudes para formar parte del 'roster', de las que solo se aceptan 20. Actualmente, hay 750 profesionales en total

Por 'mercado laboral curado' se entiende la selección previa de potenciales candidatos realizada por plataformas de selección de personal, y que suele afectar ante todo a los empleos de la economía colaborativa o esporádicos. No se trata simplemente de que determinados puestos vacantes u ofertas no lleguen a ser conocidos por la mayoría de posibles candidatos, como ocurre a menudo, sino que ya hay empresas que generan portafolios de empleados de élite que ponen en contacto con las compañías que lo solicitan, y a los que es difícil acceder. Por lo general, tan solo es posible a través de invitación.

“Las editoriales y autores confían en nosotros para que les proporcionemos talento de calidad”, anuncia una de estas empresas, Reedsy, en su página web. “Esa es la razón por la que únicamente trabajamos con editores, diseñadores, comerciales y negros ('ghostwriters') que tengan experiencia en libros que hayan formado parte de la lista de superventas de 'The New York Times'”. Un espectro de candidatos muy reducido. Según los datos que proporciona la empresa, cada mes se reciben unas 1.200 solicitudes para formar parte del 'roster', de las que solo se aceptan 20. Actualmente, hay 750 profesionales en total.

Ilustración: iStock.
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No se trata únicamente de industrias tan excepcionales como la editorial. Gigster, por ejemplo, contrata a autónomos “que se encuentran en el 1% del 'top' del mercado de ingenieros de 'software', por experiencia y nivel de habilidades”, según su responsable, y Working Not Working, que se define a sí misma como “una comunidad obsesivamente curada”, colabora con Google, Facebook o Apple, pero también con 'The New York Times'. La mayoría de ellas no tienen un carácter local, sino global, y su objetivo es diversificar perfiles para cubrir todas las demandas. Siempre y cuando sean de pata negra.

“Nuestra junta internacional, formada por creativos ganadores de premios, asegura que los nuevos miembros son los más respetados y más trabajadores del universo”, señala la compañía en su página. En este caso, cualquiera puede presentar su candidatura para formar parte de la plataforma, pero solo entre el 10 y el 15% son aprobadas. En España, Talentoo trabaja con una red de seleccionadores que elige a sus propios candidatos, los presenta cuando una nueva oferta de empleo se publica y recibe una bonificación si su protegido es el elegido.

Por una parte, están los profesionales de experiencia acreditada que acceden a los mejores puestos y, por otra, el resto

Es una nueva vuelta de tuerca de un viejo conocido: el 'head hunter' o cazatalentos, el profesional encargado de encontrar y retener a los mejores profesionales de cada sector. Sin embargo, herramientas como las que aquí hemos presentado agudizan aún más la criba y matizan la supuesta meritocracia de estos procesos de selección, ya que introducen un nuevo filtro, lejos de los recursos humanos de cada empresa, que favorece a aquellos que ya gozan de ventaja desde la casilla de salida.

La reproducción de las viejas clases

A lo que tendencias como estos procesos de selección exclusivos apuntan es a una gran brecha entre trabajadores. Por un lado, aquellos profesionales de gran experiencia, validez contrastada y acceso a determinada formación que forman parte de una élite que accede a los mejores encargos, se relaciona entre sí —estas agencias suelen recordar que su objetivo es crear “comunidades”— y comparte gustos o frecuenta los mismos lugares; por otro lado, un nuevo proletariado, que debe aceptar los encargos peor remunerados y con menor valor añadido y al que, por ello mismo, le costará acceder a otros trabajos de mayor enjundia.

Richard Florida acuñó en su día el concepto de clase creativa (del que él mismo ha renegado) y, sin embargo, cada vez más pistas apuntan a que esa supuesta clase emergente está formada por un pequeño porcentaje de la sociedad, mientras que el resto son autónomos mal pagados y precarios trabajadores de la economía colaborativa. Como recuerda Anthony Hussenot, profesor de la Universidad de Niza Sophia Antipolis, es una clase “glamurosa, ágil, conectada, bien educada y globalizada”. De diseñadores a 'influencers', tan solo unos pocos pueden llegar.

Son la excepción: la mayoría de profesionales en estas condiciones viven o una existencia absolutamente precaria, en la que deben buscar continuamente con el objetivo de sobrevivir nuevos trabajos para los que no hace falta una gran especialización, o una vida de estrés e hiperactividad laboral. Son a los que Guy Standing denominó 'proficians' ('profitécnicos'), y que situaba en la escala laboral entre los asalariados y el precariado. Viven “una vida frenética y oportunista”, en la que también se sirven de sus contactos y relaciones personales, que les abren menos puertas que a la nueva élite de la economía colaborativa.

Los cambios perpetúan o agudizan dinámicas: la brecha de género es mayor entre autónomos y la mitad ingresa menos de 12.000 euros

En el último escalón se encuentra el proletariado de la 'gig economy', permanentemente inestable y desprotegido, como sí ocurría con asalariados o, en menor medida, los autónomos. Son aquellos para los que el sueño de independencia, libertad y mérito se ha convertido en una pesadilla, pues carecen de la posibilidad de acceso a los círculos privilegiados. Aunque se produzcan innovaciones tecnológicas y laborales, las estructuras sociales tienden a reproducirse a sí mismas, por lo que no resulta tan extraño que los cambios en el mercado laboral perpetúen o incluso agudicen dichas dinámicas: en España, la brecha de género es mayor entre los autónomos, de los cuales la mitad obtiene anualmente unos ingresos inferiores a los 12.000 euros.

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