CONSULTORES, ABOGADOS, INGENIEROS…

El lado oscuro de los mejores empleos: “Trabajar cada vez más, disfrutar menos”

A pesar del 'glamour' que rodea a trabajos emergentes como el de ingeniero informático o tradicionales como el de abogado, no es oro todo lo que reluce. Ni mucho menos

Foto: ¿Es trabajar 10 horas al día el único camino al éxito profesional? (iStock)
¿Es trabajar 10 horas al día el único camino al éxito profesional? (iStock)

El trabajo es trabajo, y, como tal, un castigo divino (no nos miren, ¡lo dice la Biblia!). Algo que había que aguantar ocho horas al día para recibir el jornal o, mejor dicho, el sueldo a fin de mes. Al menos, hasta que recientemente diversos trabajos han empezado a imbuirse de cierto 'glamour'. El mejor ejemplo de ello es el de ingeniero informático que, lejos de corresponderse con la gris imagen del ingeniero tradicional, ha conseguido, Silicon Valley y 'La red social' de David Fincher mediante, tener un aura diferente.

Empresas jóvenes, talento a raudales, buenos sueldos y futbolín en la oficina (aparte del solecito californiano) han contribuido a crear una imagen de trabajo ideal que, probablemente, y como cada vez que se idealiza algo, no se corresponde con la realidad. No es el único ámbito, claro está. Cada vez es más frecuente que trabajos que en un pasado eran codiciados por su estabilidad o comodidad -el privilegio del que llegaba a un puesto de responsabilidad-obliguen a los trabajadores a pasar horas y horas en el trabajo. O trabajando las 24 horas del día, a través de ordenadores portátiles, 'smartphones' y otras herramientas.

No solo debes trabajar a destajo todos los días, sino que debes invertir una gran cantidad de tiempo en formarte

No hay nada como escuchar lo que cada sector tiene que contar para entender que no todo el monte es orégano. ¿Jornadas de cuatro horas regadas con cócteles y partidas inacabables con la Xbox? ¿Empleados que pueden elegir sus propios proyectos y, si no están conformes, moverse de departamento? ¿Siestas inacabables, porque estamos cansados de levantarnos a las 10 de la mañana? Nada de eso: empecemos por los ingenieros informáticos.

Así da ¿gusto?

Basta con echar un vistazo a un hilo publicado en 'Quora' para descubrir que las jornadas laborales en el mundo de la tecnología no tienen nada que envidiar al resto de sectores. En lo malo, claro. La hora de entrada ronda las nueve de la mañana, una hora relativamente más tardía que en el resto de empleos del mundo anglosajón… pero no se sabe cuándo termina. Un usuario llamado Donald William Gillies, ingeniero de 'software' de Google, explica que suele volver a casa a las siete de la tarde “con mi mochila y mi portátil cargado”. Ahí está el truco: por las características de su trabajo, debe responder ante cualquier incidencia en menos de cinco minutos. Su turno termina realmente a las 21:45 de la noche, cuando escribe un informe para su compañero del turno de noche. Ese que vive en Dublín para, aprovechando el cambio horario, poder estar en guardia durante la noche americana.

Eres joven, quieres triunfar, eres un 'crack' en lo tuyo... pero algo falla. (Charles Gullung/Corbis)
Eres joven, quieres triunfar, eres un 'crack' en lo tuyo... pero algo falla. (Charles Gullung/Corbis)

Son horarios de trabajo que sonarán a los ingenieros españoles. Quizá, también, la carga de trabajo. Como explica otro ingeniero llamado Dimitrii Motorgin, hay “un montón de estrés”, que se traduce en plazos muy cortos, una gran cantidad de tareas por realizar y el “miedo al fracaso cuando estás haciendo algo importante para la empresa”. Coinciden con él otros compañeros, como Jeremy Deats, que señala que el empleo puede ser muy estresante. No solo hace falta trabajar a destajo a diario, sino que además, “para permanecer en el mercado, debes gastar mucho tiempo personal en formación”. Otro, llamado Jeff Xu, llega a hablar del “burn out' del desarrollador” como una categoría aparte: “Es real, y aunque existe en todas las profesiones, creo que es mucho más grande en el reino del 'software' que en el resto”.

Es probable que el césped del vecino parezca siempre más verde que el nuestro, pero también hay que reconocer que, de mano de la innovación tecnológica, los nuevos empleos asociados a dicho sector han conseguido generar sus propios y exclusivos problemas. Es el caso, por ejemplo, de cobrar un gran sueldo y, aun así, no ser capaces ni siquiera de pagar la hipoteca, una queja habitual de los trabajadores de Silicon Valley, donde el nivel de vida es muy alto. Otros problemas serán bien conocidos en cualquier sector: “Me levanto, me ducho, paso una hora atrapado en un atasco. Llego al trabajo, no hay sitio para aparcar. Desayuno en el escritorio. Trabajo. Como. Trabajo. Atasco de una hora. Dormir. Otra vez lo mismo. Sí, Silicon Valley es apasionante”. Un día cualquiera.

"Después de trabajar 60 horas a la semana durante cuatro meses, no es que esté cansado, es que me importa todo un bledo"

“Al principio, pensaba que estar quemado era como estar muy cansado, como si hubieses corrido una maratón, y entonces dormías tres días y te recuperabas para otra”, explica un informático llamado Feifei Wang. “No, no es así. Estoy cansado, por supuesto, pero después de trabajar 60 horas a la semana durante cuatro meses y viajar a China tres veces, sobre todo me importa todo una mierda”. Incluso en los trabajos de moda asoma la cabeza el peligro del 'burn out', cada vez más veloz y feroz.

Mientras tanto, en los viejos empleos…

Sería exagerado pensar que todos estos problemas son exclusivos de dicho sector y emplazamiento, mucho menos que lo hayan inventado ellos. La creciente abundancia de 'burn out' laboral sugiere que se trata de la deriva consustancial al trabajo moderno -24 horas, siete días a la semana, preocupaciones constantes- y que incluso llega a los puestos de más alto nivel de empleos tradicionales como los de consultores, abogados o ingenieros. Especialmente si se quiere tener una carrera larga y próspera.

Se acabaron los tiempos de dormitar de tres a cinco. (iStock)
Se acabaron los tiempos de dormitar de tres a cinco. (iStock)

La historia de Dana Campbell, como ella misma la explica en 'Financial Careers', resulta muy reveladora de los extremos a los que se debe llegar para triunfar… al menos en apariencia. “Me quemé en una consultora, pero eso benefició mi carrera a largo plazo”. Su historia probablemente sea la de mucha gente. Después de salir de la universidad, un puesto como consultora era lo más atractivo del mundo: “La verdad sea dicha, la presión constante para encontrar clientes y tener éxito profesional encajaba perfectamente con mi personalidad”. En los cinco años siguientes, se daría cuenta de que quizá no era así. Viajes semanales, llamadas interoceánicas a las dos de la mañana, una vida social en retroceso y problemas de salud que no le impidieron seguir trabajando (“incluso los días en los que el dolor era tan fuerte que casi no podía salir de la cama”) apuntalaron su ilusión. Hasta que finalmente decidió replantearse su trabajo, al darse cuenta de que todo el esfuerzo que estaba realizando no le iba a garantizar un ascenso. El éxito profesional al que se refería era saber dónde poner límites.

Tres cuartos de lo mismo ocurre con los abogados, una de las profesiones que más han degenerado durante las últimas décadas. Un buen ejemplo es un artículo de elocuente título llamado 'Burn out: ¿una parte necesaria de las vidas de los abogados?', que recordaba que la dinámica ha sido últimamente la de “trabajar cada vez más, disfrutar cada vez menos”. Como ocurría con los profesionales del sector tecnológico, el trabajo de un abogado al volver de la oficina cada día consistía en enchufarse al ordenador. “Los abogados identificamos rápidamente la fuente del estrés y la frustración”, explicaba el reportaje. “Trabajamos en un ambiente con mucha presión, conflictivo y que va a toda velocidad. Trabajar muchas horas es una marca del éxito, incluso una medalla de honor. ¿Un abogado sin estrés? No he conocido a ninguno”.

"Trabajar muchas horas es una marca del éxito, incluso una medalla de honor. ¿Un abogado sin estrés? No he conocido a ninguno"

Basta con volver (¡una vez más!) a 'Quora' para descubrir otras razones por las que surge ese sentimiento de insatisfacción; y aunque en este caso las respuestas hagan referencia a los ingenieros de nuevo, muchos se sentirán identificados con ellas. “Lo que lo causa es una ausencia de recompensa y retroalimentación”, explica un trabajador de Pinterest llamado Michael O. Church. “Las compañías a menudo quieren contratar a los mejores y esperan que los empleados lleven a cabo un trabajo muy inferior a su verdadera capacidad, y el resultado es que se queman rápidamente”. El otro lado de la moneda es quemarse por hacer menos de lo que uno puede. Lo que está claro es que cada vez resulta más difícil satisfacer las necesidades del trabajador.

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