¿son buenos los suplementos?

Por qué la vitamina E es tan importante para ti: beneficios y riesgos

Conoces las características de la A, la B, la C y la D. ¿Qué sabes sobre esta? Te contamos por qué es necesaria y qué pasa si tienes deficiencia

Foto: Foto: iStock.
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La vitamina E es un nutriente vital para gozar de una buena salud y se encuentra en una amplia variedad de alimentos. La mejor manera de consumirla es a través de una dieta saludable: es raro sufrir deficiencia y se puede padecer sobredosis por el uso de suplementos. Aquellos que tienen ciertas enfermedades o toman algunos medicamentos deben tener cuidado con ellos.

Se descubrió en 1922, cuando se reveló que curaba problemas reproductivos en ratas alimentadas con una dieta rica en aceites vegetales. Por este motivo se identificó como "la vitamina de la fertilidad". Sin embargo, la sustancia química que causa estos efectos no se conoció hasta 1978, y se denominó tocoferol.

Es soluble en grasas y actúa como antioxidante. "Ocurre naturalmente en ocho formas diferentes, incluidos cuatro tocoferoles (alfa, beta, gamma y delta) y cuatro tocotrienoles. El alfa es la forma más común y más potente de la vitamina", afirma Elizabeth Somer, dietista.

¿Cuánta necesitas?

Las mejores fuentes dietéticas de vitamina E incluyen las nueces, las almendras, los cacahuetes, las avellanas y los aceites vegetales como los de girasol, germen de trigo, cártamo, maíz y soja, según la Biblioteca Nacional de Medicina de EEUU. También la contienen las semillas de girasol y los vegetales de hojas verdes como la espinaca y el brócoli.

La cantidad diaria recomendada es de 15 miligramos para personas mayores de 14 años, según los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses. Las mujeres que están amamantando pueden necesitar un poco más, por lo que la dosis diaria recomendada para ellas en período de lactancia es de 19 mg. Para bebés de hasta 6 meses, 4 mg y 5 mg. Del año a los 3, 6; de los 4 a 8, 7, y de los 9 a los 13, 11 mg. La mayoría de las personas pueden obtener suficiente cantidad de una alimentación saludable y no necesitan suplementos. Consulta siempre con un médico antes de tomar cualquier complejo adicional, especialmente si estás en algún tipo de tratamiento. Más de 250 no son compatibles al interactuar con ella, de acuerdo con 'Drugs.com'.

Tomar demasiados complementos de vitamina E conduce a una tasa de alta mortalidad en pacientes con enfermedades cardiovasculares y cáncer

Sufrir deficiencia de ella es algo raro, aunque algunas personas son más propensas a tener menos que otras. Los recién nacidos, las personas con mala absorción de grasas y abetalipoproteinemia (una condición que impide que el cuerpo absorba completamente algunos tipos de lípidos de la dieta) o los fumadores tienen más probabilidades de tener falta de ella. La anemia, la miopatía esquelética, la ataxia, la neuropatía periférica, la retinopatía, el deterioro de la respuesta inmune y el daño nervioso son signos de que puedes sufrir carencias.

Beneficios

Incluir más vitamina E en tu dieta trae muchos beneficios. Como un nutriente soluble en grasa ayuda a proteger las células del daño causado por moléculas inestables llamadas radicales libres, compuestos que se forman cuando el cuerpo transforma los alimentos consumidos en energía. "Además podría ayudar a reducir una variedad de problemas de salud, desde enfermedades cardíacas hasta cáncer y, posiblemente, incluso la demencia", afirma Somer a 'Live Science'.

Asimismo, es vital para un sistema inmunológico en correcto funcionamiento. Como un poderoso antioxidante ayuda a las células a combatir las infecciones. Esta vitamina también protege la vista. Un estudio realizado en 2015 por el Departamento de Epidemiología y Estadísticas de Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Qingdao descubrió que su ingesta y los altos niveles de suero y tocoferol estaban relacionados con un menor riesgo de sufrir cataratas relacionadas con la edad.

Cápsulas. (iStock)
Cápsulas. (iStock)

Además, desempeña un papel importante en la producción de sustancias similares a las hormonas llamadas prostaglandinas, que son responsables de regular una variedad de procesos corporales como la presión arterial y la contracción muscular. Una investigación publicada por la Biblioteca Nacional de Medicina de EEUU demostró que ayuda en la reparación muscular después del ejercicio. Las personas con enfermedad de Crohn, fibrosis quística o incapacidad para secretar bilis desde el hígado al tracto digestivo pueden necesitar suplementos solubles en agua para evitar problemas digestivos.

Riesgos

Algunas personas pueden ser sensibles si añaden más cantidad, según la Clínica Mayo. El consumo de un suplemento puede causar diarrea, náuseas, calambres estomacales, debilidad, cansancio, dolores de cabeza, erupciones y otros problemas. Al ser soluble en grasa se almacena en el cuerpo y su exceso no se elimina a través del tracto urinario como ocurre con las que lo hacen en agua. Este rasgo significa que puede acumularse a niveles tóxicos con el tiempo, por lo que es posible una sobredosis de ella.

Tener una deficiencia de ella es algo raro, pero los recién nacidos, los fumadores y los que tienen mala absorción de grasa pueden sufrirla

Según el centro sanitario anteriormente mencionado, demasiada puede causar sangrado excesivo y muchos otros síntomas como fatiga, náuseas, visión borrosa y disfunción gonadal. Es un anticoagulante suave por lo que no se recomiendan altas dosis antes de una cirugía. Además, un estudio realizado en 2005 por un equipo de científicos de The Johns Hopkins Medical Institutions intentó demostrar que los suplementos podrían ayudar a tratar la enfermedad cardiovascular y el cáncer. En cambio descubrieron que tomar demasiada incrementó la tasa de mortalidad durante el período de estudio para pacientes con esas enfermedades. Los investigadores concluyeron que deben evitarse las grandes cantidades.

De manera similar, un estudio descubrió que las personas que tomaron suplementos antioxidantes, incluida la vitamina E, tenían un riesgo ligeramente mayor de mortalidad durante el período de estudio. Los resultados de ese estudio se publicaron en 2007 en el 'Journal of American Medical Association' y se centraron en 68 ensayos controlados aleatorios que siguieron a 232.606 participantes durante un promedio de 3,3 años.

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