la respuesta de un economista

El truco para calcular si merece la pena hacerte un seguro

Un experto analiza la creciente moda de ofrecer pólizas para cualquier bien de consumo o experiencia y aplica una regla para saber cuando son un gasto innecesario

Foto: ¿Cuánta angustia te produce perder un euro? (iStock)
¿Cuánta angustia te produce perder un euro? (iStock)

Últimamente es bastante frecuente que se sugiera si se quiere incluir un seguro a casi cualquier tipo de bien e, incluso, de experiencia. ¿Unas vacaciones al Caribe? La aerolínea, la agencia de viajes y hasta el hotel pueden ofrecer alguna garantía en caso de que se necesite cambiar las fechas o cancelarlo. Hasta en el casino se puede asegurar una mano de blackjack por si acaso no es un día de suerte. Tal y como relata en 'The Conversation' el economista Jay L. Goransky, todo puede ser asegurado, incluso un par de patines de alquiler o una suscripción a una televisión de pago. Pero realmente ¿merece la pena pagar esas pólizas por pequeñas que sean?

Aunque los sistemas para cubrirse ante una pérdida grande se pueden rastrear hasta casi el principio de los tiempos, el negocio de los seguros tal y como lo conocemos emerge en el siglo XVII. Empresas europeas y más tarde estadounidenses desarrollaron un sistema muy sofisticado para valorar los riesgos y proteger a la gente en caso de enormes pérdidas, desastres o, directamente, la muerte.

La gente percibe como un golpe psicológico mucho más duro perder una cantidad de dinero que el valor que le daría a una ganancia de la misma cuantía

Pero solo en los últimos tiempos se ha utilizado para dar cobertura a pérdidas relativamente menores, como los bienes de consumo o los billetes de avión. Y así, como la mayoría de los productos tienen una garantía muy limitada, los corredores y comerciales ofrecen aumentarla por una tarifa pequeña, algo que hasta hace poco solo era posible con adquisiciones de cierta cuantía, como un coche nuevo.

La nueva oferta, cada vez más extensa, de pequeños seguros para casi cualquier cosa, tiene que ver con algo que se empieza a conocer como "fobia a la pérdida", que consiste en que la gente percibe como un golpe psicológico mucho más duro perder una cantidad de dinero que el valor que le daría a una ganancia de la misma cuantía. Otra razón, seguramente, es porque es un buen negocio.

Tres buenas razones

Así que ¿cuándo es sensato y buena idea pagar ese dinero de más para no correr riesgos? En términos generales hay tres circunstancias en las que es aconsejable, siempre según Goransky. La primera, obviamente, cuando uno esté obligado a ello, como es el caso de los seguros a terceros en los coches. También en los que el banco exige un seguro de hogar si se quiere contratar una hipoteca con esa misma entidad.

La segunda, cuando el individuo esté seguro de que es necesario hacerlo, aunque no sea obligatorio. Un buen ejemplo es en los teléfonos de alta gama y correspondiente coste, tanto de adquisición como de reparación. Casi todas las grandes marcas tienen un seguro, pero casi nadie lo contrata porque pueden parecer caros. Sin embargo, son baratos si hay que reparar o reemplazar el móvil, y eso no es tan extraño. Para mucha gente no tiene sentido ese pago extra, pero si uno es particularmente desastre y siempre está cayéndosele el teléfono y rompiéndose, pues resulta una buena idea.

Hay que empezar por pensar lo que nos dolería perder un euro e ir subiendo la cantidad hasta que la pérdida nos parezca insoportable

La tercera, hay que contratar un seguro cuando la pérdida sea terrible desde cualquier punto de vista, incluido el emocional. Un ejemplo muy claro de esto son los seguros de salud, especialmente en países como estados Unidos, donde los gastos médicos suponen la principal causa de ruina de muchas economías medias.

Para saber si alguno de los seguros que se ofrecen pertenece a alguna de las tres categorías antes citadas que lo haría aconsejable, hay que ser consciente de la realidad de cada uno. Empezando por calcular cuanta angustia te produciría perder un euro. Probablemente, la respuesta de casi todo el mundo sería que muy poca y muy breve, así que hay que agregarle otro cero y así sucesivamente hasta que la idea de perder esa cantidad nos parezca inconcebible, imposible de asumir. Otro sistema para calcularlo es el inverso. Empezar desde un millón hasta llegar al punto que nos parezca una pérdida posible de aceptar sin que nos caigan gruesas gotas de sudor frío por la frente.

El máximo y el mínimo

Así se llega a un máximo y un mínimo tolerables, que en cada persona pueden ser diferentes dependiendo de su carácter y, sobre todo, de sus finanzas. Nunca asegures nada que esté por debajo de lo que has establecido como mínimo. Siempre toma una póliza de todo lo que supere lo que has estimado como tu máximo. Los seguros pueden dar tranquilidad... pero también hacerte más pobre.

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