el mundo sexista de westminster

"Los diputados me llamaban 'tetas grandes": una asesora política lo cuenta todo

Teresa Fitzherbert, que trabajó para el diputado Mark Garnier, ha decidido contar toda la verdad sobre cómo tratan a las mujeres en el Parlamento británico

Foto: Foto: EFE
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Era diciembre de 2010 y Teresa Fitzherbert llevaba seis meses en su primer trabajo como asesora política en la cámara baja (cámara de los Comunes) del Parlamento inglés. En su despacho, compartido con otros compañeros bastante variopintos y situado en un sótano sin ventanas, se encontraba un recorte de David Cameron a tamaño natural. La imagen del entonces primer ministro estaba cubierto de oropel y lucía un alegre sombrero festivo.

Beryl Goldsmith, secretaria de 83 años de Norman Tebbit, gritaba a alguien por teléfono. Un ratón corría por el papel pintado moteado junto a las papeleras cuando el jefe de Teresa entró. "Mirad lo que le he pedido a Caroline que comprara para mí", dijo sacando alegremente dos vibradores de la bolsa de la compra. Él era Mark Garnier, miembro del parlamento de Wyre Forrest, y ella, su asistente personal, que había adquirido uno de los consoladores para la mujer que trabajaba en la oficina de su distrito electoral.

Regalos inapropiados

"Lo primero que pensé fue cómo los juguetes sexuales brillaban bajo la lámpara del escritorio y el impacto sensacionalista que provocaría en 'The Daily Mail. Por lo tanto, no fue ninguna sorpresa cuando un domingo del año pasado me levanté con la historia estampada en la portada del periódico. Tampoco me sorprendió leer los hallazgos de la encuesta de la semana pasada sobre el personal del gobierno británico donde se revelaba que uno de cada cinco había experimentado o presenciado acoso sexual o algún comportamiento inapropiado durante el año pasado", declaraba Fitzherbert a 'Harper's Bazaar'.

"Los diputados me llamaban 'tetas grandes": una asesora política lo cuenta todo

Mientras tanto el 39% (asciende a un 45% si solo se considera al personal femenino) informó haber sufrido algún tipo de experiencia relacionada con el acoso (no necesariamente sexual) durante el mismo periodo.

El Parlamento está dominado por hombres de mediana edad con egos inflados

La historia de los vibradores de Mark fue una broma estúpida que le salió mal cuando se peleó con su secretaria, quien acabó contando todo a la prensa. Sin embargo, la primicia dio inicio a una ola de inquietantes revelaciones desde el corazón de Westminster: cayeron ministros del gabinete, incluyendo a Garnier que fue despedido como ministro de comercio en la reorganización del mes pasado. Fue para muchos la encuesta que profundizó en la parte oscura de la mala conducta parlamentaria, un escándalo político en toda regla.

Mark Garnier. (Reuters)
Mark Garnier. (Reuters)

"Cuando llegué a la cámara baja tenía 22 años y estaba emocionada ante la perspectiva de trabajar en los corredores del poder, creyendo que estaba con las grandes mentes del país. El edificio gótico estaba vivo con los fantasmas políticos de épocas pasadas, miles de pasillos con paneles de madera, paredes llenas de volúmenes encuadernados de Hansard, las estatuas de Churchill y Lloyd Geoge en la entrada de la Cámara de los Comunes, la bufanda que usó Emily Wilding Davison (la sufragista que se arrojó fatalmente bajo el caballo del Rey) estaba en una vitrina con su desvanecido mensaje verde y morado: 'Votos para las mujeres'...un lugar estimulante y desalentador en igual medida", explica.

Decepción

No llevaba muchos meses allí trabajando cuando Fitzherbert se dio cuenta de que no era el trabajo de sus sueños ni lo que había imaginado durante tanto tiempo. A pesar de las tradiciones únicas, la arquitectura inspiradora y algunas personas fascinantes, se encontró que el sexismo era el pan de cada día. Cada día llegaba a casa con una anécdota diferente: desde que un diputado la llamase "tetas grandes" a sus espaldas hasta escuchar que alguna de sus compañeras deberían subir las escaleras más a menudo porque tenían sobrepeso.

Muchos parlamentarios rompían cosas con ira y atormentaban al personal. "Conocí a una chica que estaba perdiendo el pelo por el estrés y otra que vino llorando porque su jefe le había tirado un maletín a la cabeza", confiesa Teresa. Además, tuvo que aguantar como muchos hombres refunfuñaban cuando algunas mujeres eran promovidas y escuchar comentarios sobre lo promiscuas que eran.

El 39% de los trabajadores (asciende a un 45% si solo se considera al personal femenino) informó haber sufrido algún tipo acoso

"Me estremezco cuando oigo que los miembros del partido conservador se refieren a Theresa May como 'Mami'. Como si fuera la única forma en que pueden concebir a una figura de autoridad femenina. El primer ministro prefiere evitar los bares cercanos donde se llevan a cabo gran parte de las borracheras y charlas (creo que es una sabía decisión) y todavía recuerdo los múltiples escándalos sobre muchos parlamentarios y el personal de los bares: historias de borracheras", comenta la exinvestigadora.

"No todo fue malo"

Como era su primer trabajo no podía saber si todo aquello era lo normal o no: ¿Notas de amor y declaraciones en las mesas de los escritorios? ¿Era habitual que se le preguntara a las mujeres si tenían novio durante una reunión sobre la Política Pesquera Común? Claro que, no todo fue malo: pudo escribir los discursos de Mark, ver debates en vivo y sentarse en las reuniones con los miembros del gabinete. "Me encantaba hacer pasar a mis amigos a escondidas a través de una puerta secreta hasta el tejado donde podíamos ver la puesta de sol mientras escuchábamos el sonido las gaitas de los músicos callejeros. Hasta cuando el Big Ben sonó hizo que nuestras gafas temblaran", cuenta en su artículo.

Además, pudo conocer a Benedicto XVI o ver al presidente Obama hablar en Westminster Hall, el mismo lugar donde hace 900 años jugaba Enrique VIII con pelotas de tenis de cuero (se encontraron en las vigas y se cree que pertenecían a él), o donde Thomas More fue llevado a juicio. "Cuando miro hacia atrás me doy cuenta de lo vulnerable que era. Dejando de lado aquellos desafortunados regalos, tuve la suerte de que Mark fuera un jefe considerado que cuidó de mí porque pienso que no se apoya suficiente a los empleados", asegura.

"Los diputados me llamaban 'tetas grandes": una asesora política lo cuenta todo

Fitzherbert cree que las noches de alcohol, los malos comportamientos y el estrés son la excusa común para que se desahoguen los políticos y piensa que gran parte del problema es que el Parlamento está dominado por hombres de mediana edad con egos inflados y su propio sentido del derecho. Después de tres años, Teresa dejó el trabajo. En su último día, el jefe la invitó a 'champagne​' en la terraza que da al Támesis y le regaló un libro. Tranquilos. Nada sobre posturas sexuales sino sobre las mujeres más inspiradoras en Westminster.

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