¿QUIÉN TIENE EL PODER?

Monopsonio o la verdadera razón por la que no te suben el sueldo

Este término ha vuelto a la actualidad después de que una investigación realizada por un profesor español muestre cómo la concentración empresarial está bajando los salarios

Foto: Cuando no hay nadie más que pueda ofrecerte trabajo, aceptarás lo que te echen. (iStock)
Cuando no hay nadie más que pueda ofrecerte trabajo, aceptarás lo que te echen. (iStock)

Imagínese que, por circunstancias de la vida, se ve obligado a mudarse a otra ciudad. Todo va a ir sobre ruedas. Su formación como ingeniero en el sector de las energías renovables, en boga en ese lugar, le ayuda a encontrar trabajo en la empresa que acapara el negocio en la región. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, empieza a pensar que su sueldo no refleja su esfuerzo. El problema es que en la zona es bien sabido que las energías renovables proporcionan un buen salario, así que los locales se han formado para conseguir un empleo en ellas, y muchos llevan haciéndolo desde hace tiempo. La respuesta que recibe cuando pide un aumento es una que no pensaba oír jamás: esto es lo que hay. Como no hay otra empresa que pueda contratarle, calla y asiente.

Es una exposición un tanto burda de la asimetría en el mercado laboral entre empresas y trabajadores. Esa que, en determinadas circunstancias, puede llegar a considerarse “monopsonio” (“único comprador”), un hermano oscuro del monopolio de toda la vida, tan solo que referido a la demanda en lugar de a la oferta. En realidad, este término griego sirve para referirse a un mercado en el que existe un único comprador o demandante (mientras que el monopolio se emplea para mercados con un único productor con un gran poder de mercado), que puede determinar el precio de los bienes o servicios al poseer mayor poder de mercado.

Los monopolios preocupan por el efecto negativo para el consumidor, pero se suele pasar por alto la influencia en los salarios de los trabajadores

El ejemplo más común es el de la obra pública o la industria del armamento pesado, que tienen un único consumidor, el Estado. Pero también puede aplicarse al mercado laboral, en el caso de que una única empresa demande mano de obra y por lo tanto, pueda elegir. El término ha irrumpido en la actualidad estadounidense, sorprendentemente, a través de la investigación que ha realizado un profesor español del IESE y de la Universidad de Navarra, José Azar, que junto a Ioanna Marinescu y Marshall I. Steinbaum acaba de publicar una investigación que muestra que la gran concentración empresarial estadounidense ha provocado que los sueldos se hayan estancado en las últimas décadas.

Su trabajo ha sido recogido en un reportaje de 'Slate' que lo define como la “nueva teoría que explica por qué no suben los sueldos de los americanos”. No hay nada de nuevo en la idea de monopsonio, que es tan vieja como la de monopolio. El economista mexicano Francisco Zamora, por ejemplo, ya hablaba de ello a principios de los años 50. Sin citarlo expresamente, el senador estadounidense John Sherman, uno de los padres de la legislación 'antitrust' americana, recordaba a finales del siglo XIX que el monopolio “permite dirigir el precio de la fuerza de trabajo sin miedo a las huelgas, porque no tiene competencia”. Lo que sí es nuevo es la creciente preocupación por el efecto que la concentración empresarial tiene en los sueldos de los trabajadores, que había quedado tradicionalmente relegada a un rol secundario ante la subida de precios para el consumidor.

¿Qué está pasando?

Hay buenas razones que explican por qué ahora y no en otro momento. Para empezar, un notable aumento de la concentración empresarial, sobre todo en EEUU pero también en otros países como España, donde el mercado de fusiones y adquisiciones se disparó en el pasado año. También, la aparición de grandes monopolios en sectores como la tecnología, el ascenso del paro tras la crisis, la amenaza de automatización de muchos puestos de trabajo y por último pero no menos importante, el misterio de por qué los sueldos no están subiendo si la productividad aumenta.

Lucasfilm y Pixar fueron denunciadas en 2010 por ponerse de acuerdo para no competir por los mejores animadores en cuestión de sueldos

No se trata tan solo de que una empresa que monopoliza gran parte del mercado tenga el poder negociador. Hay alarmantes casos que muestran incluso cómo algunas compañías se ponen de acuerdo de forma secreta para evitar que sus trabajadores pidan más dinero, especialmente aquellos que, por su especialización y escasa oferta, están en condiciones de exigir más. Es lo que ocurrió en 2011, cuando Lucasfilm y Pixar fueron denunciadas por llegar a un acuerdo por el cual debían avisarse mutuamente antes de hacer una oferta a los trabajadores de la otra compañía y se comprometían a no hacer contraofertas a los trabajadores del competidor.

No es el único caso registrado en los tribunales americanos. Adobe, Apple, Google, Intel, Intuit y Pixar (de nuevo) fueron denunciadas por establecer acuerdos bilaterales por los cuales, por ejemplo, se comprometían a no hacer ofertas a los trabajadores de las otras empresas, lo que reducía la capacidad de negociación salarial de estos. Algo semejante ha ocurrido con los hospitales de Arizona, que fijaron unas mismas condiciones de contratación y sueldo para las enfermeras de refuerzo de sus hospitales. Son pactos que atentan contra las leyes de la competencia.

Las cuentas no salen

La investigación del profesor español y sus dos colegas utiliza los datos de CareerBuilder, una página donde se concentra un tercio del total de las ofertas del mercado americano –desde ingenieros hasta enfermeras pasando por contables o ejecutivos–, con el objetivo de calcular cuál es exactamente el poder de mercado de las empresas. La respuesta es palmaria. La concentración empresarial es cada vez más alta, y por lo tanto, los sueldos son bajos. El resultado es un mercado laboral poco competitivo en el que los trabajadores obtienen menos dinero del que producen.

Los hospitales llegaban a acuerdos para que unos centros no pagasen más que otros. (iStock)
Los hospitales llegaban a acuerdos para que unos centros no pagasen más que otros. (iStock)

La investigación, además, muestra con datos contantes y sonantes la escasez de demanda en muchos sectores profesionales. Por ejemplo, solo había una empresa de transportes en furgoneta en Selma (Alabama). En la mayoría de ciudades americanas, tres empresas realizan todo el 'telemarketing'. En concreto, los sectores más concentrados son este, la mecánica y la abogacía. Hay otro factor que aumenta las posibilidades de ser víctimas del monopsonio: vivir en una gran ciudad, lo que dispara la competición entre candidatos. Como recuerda el artículo publicado en 'Slate', se trata de un estudio pionero a la hora de analizar ofertas laborales concretas, datos que hasta la aparición de estos servicios eran difíciles de obtener.

¿Y qué pasa en España?

La de nuestro país es una realidad relativamente distinta, ya que durante las últimas décadas la negociación colectiva ha sido clave a la hora de reflejar las reivindicaciones salariales en los distintos convenios. A finales de los años 90, una investigación de Inmaculada González Güemes de la Universidad de Valladolid señalaba que “los rasgos específicos del mercado de trabajo español impiden que se le pueda calificar de competitivo o monopsónico”. No obstante, la reforma de la negociación colectiva de 2011 reforzaba los convenios colectivos de empresa, lo que confería a las mismas un mayor poder de mercado.

Tradicionalmente, se han planteado dos soluciones para detener este problema: elevar el salario mínimo y reforzar la negociación colectiva

La situación, 20 años después, es un tanto distinta. Según los datos del Ministerio de Economía, en España hay alrededor de 1.300.000 pymes (con menos de 250 asalariados) por algo más de 4.000 grandes (con más de 250). Sin embargo, los sueldos más altos se ofrecen en estas últimas: de 1.314 en las empresas de 1 a 10 trabajadores a 2.718 en las de más de 250. Es probable, por lo tanto, que en nuestro caso el problema sea diferente, y que el mercado laboral esté más polarizado entre empresas familiares y grandes compañías que tienen una mayor cuota de mercado.

¿Hay una solución?

Tradicionalmente se han planteado dos posibles soluciones para arreglar este mercado poco competitivo: el salario mínimo y la organización sindical. En el caso del salario mínimo, este serviría como factor de contrapeso al poder de las empresas para bajar los precios; con su elevación, se detendría la caída de los salarios en los empleos peor pagados y se animaría a que las empresas pagasen más a los trabajadores más productivos. Además, la negociación salarial colectiva permite que todos los empleados salgan beneficiados, no tan solo unos pocos.

El monopsonio y sus efectos siguen siendo difíciles de cuantificar. Como señala el economista de la Universidad de Harvard Lawrence Katz, el estudio recién publicado se encuentra en la dirección adecuada, pero puede ser un poco “exagerado” ya que hay otros factores que pueden influir. Ahí se encuentra el quid del monopsonio: en que durante mucho tiempo ha estado enterrado entre otros datos que aliviaban la influencia de este factor, que en muchos casos, ya no depende únicamente de sectores, sino de puestos y habilidades concretas. A veces, simplemente, el trabajador no tiene ninguna capacidad de negociación en un mercado cada vez más concentrado en el que la sartén de los sueldos la tiene la empresa. Y si no te gusta, ya sabes lo que hay.

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