Social: Nos convencen de que tener trabajo es tan raro que no deberíamos querer un sueldo. Noticias de Alma, Corazón, Vida
ENTrEVISTA CON NATHALIE QUINTANE

“Nos convencen de que tener trabajo es tan raro que no deberíamos querer un sueldo”

¿Qué es la clase media, hacia dónde va y de dónde viene? Ese es el objeto del último ensayo de la francesa Nathalie Quintane, que responde a nuestras preguntas acerca de él

Foto: La autora de 'Que faire des classes moyennes?'. (Hélène Bamberger/P.O.L)
La autora de 'Que faire des classes moyennes?'. (Hélène Bamberger/P.O.L)

Nunca antes se había hablado, pensado y escrito tanto sobre la clase media, a pesar de haber sido el grupo social que mejor ilustró el desarrollo de la sociedad occidental tras la Segunda Guerra Mundial, y que ha estado ligado al desarrollo del Estado de bienestar, la economía de consumo y los servicios públicos. Ha tenido que empezar a desaparecer –o, al menos, a ponerse en duda– para que se haya convertido en frecuente objeto de análisis, cual especie en peligro de extinción.

En su último trabajo, 'Que faire des classes moyennes?' (Editions P.O.L.), la escritora francesa Nathalie Quintane se ha preguntado acerca de lo que define a la clase media, desde su perspectiva como miembro de ella. El estilo de Quintane, a la sazón actriz y poetisa, se define por su agilidad, concisión e ironía casual, a la manera de las 'Mitologías' de Roland Barthes. De su mano nos internamos en los rincones oscuros de la clase social por excelencia que define la normalidad de nuestro tiempo.

La clase media es la única que se cree normal, porque los pobres son anormales y los ricos, excepcionales

PREGUNTA. Si el “proletariado” y las “clases propietarias” definieron el siglo XIX, ¿hicieron lo propio las “clases medias” con el siglo XX?

RESPUESTA. Yo diría más bien que lo que las clases medias evocan, más que describen, es el período que entre 1955 y 1975 ha permitido a la mayor parte de la población comprar objetos y acicalarse en un cuarto de baño. Pero Perec ha relativizado rápidamente la clase de felicidad que se puede obtener del orden de las cosas que se deriva de ello.

P. Habla de una singularidad que te dice que perteneces a la clase media: “una separación entre cómo vives y lo que cuentas”. ¿Es la clase media la única que tiene que demostrar que existe?

R. La clase media no tiene necesidad de demostrar que existe, ya que es obvio que lo hace… se ha convertido en algo 'natural'. Como ya he dicho a propósito del libro, son los únicos que se creen normales, ya que los pobres son anormales y los ricos son excepcionales.

P. ¿Es la clase media el gran sueño del Estado de Bienestar (1955-1975), una ensoñación de la que despertamos en 2008?

R. Aún no hemos sido despertados… Dormimos durante la mayor parte del tiempo y mantenemos los ojos cuidadosamente cerrados, porque sentimos que si los abrimos descubriremos la pesadilla en la que gran parte de la población mundial ya se ha hundido. Una de las pruebas de que estamos dormidos es nuestra nula reacción a la destrucción de Alepo, por ejemplo.

P. Habla de una sociedad en forma de U en la que la clase media se encuentra en la parte inferior: no quieren ni las prestaciones de las clases bajas, ni las reducciones de impuestos de la altas, por lo que no tienen ninguna ventaja. ¿Cayeron las clases medias en su propia trampa?

R. Puede ser que hayan caído en una trampa muy particular, que consiste en creer en un presente permanente, aislados del presente y del futuro, y que aseguraba que nada iba a cambiar incluso si todo cambiaba aparentemente. Si lo real es una ilusión, entonces la Historia también lo es: ese es el verdadero confort.

P. ¿Fueron las clases medias creadas por aquellos que no querían ser considerados “pobres” pero no tenían dinero suficiente para ser llamados ricos?

R. Las clases medias han sido necesarias para absorber la gran cantidad de objetos que se destinaban a sí mismos a través de la publicidad, por así decirlo. Son un momento del capitalismo. ¡El capitalismo con las clases medias como invitado especial! Sí, puede ser que sea la mejor publicidad que el capitalismo jamás se ha hecho a sí mismo durante todos estos años, ya que por una vez no parecía una forma de saqueo y sometimiento, sino algo voluntario.

La lógica de la clase media, que creía en el trabajo y en el mérito, ya no es válida cuando hay tanto paro

P. Por otra parte, ¿no es ser de clase media perfecto para los ricos que se sienten avergonzados de tener un montón de dinero?

R. ¡Sí, pero me pregunto si eso no es aún más grave! No es solo que los ricos no quieran pagar impuestos (y por lo tanto se hagan pasar por clases medias y defrauden a hacienda), ¡es que ni siquiera comprenden la necesidad de pagar! ¡Los ricos cada vez se sorprenden más cuando se les reclama el dinero que deben!

P. Según la clase media, hay otra idea que ha sido traicionada: que si lo hacías bien en el colegio, vivirías bien (o, al menos, tendrías un empleo). Dice que es una mala manera de pensar, pero muy de clase media. ¿Por qué?

R. Las clases medias creían en el trabajo y en el mérito. Su éxito, entre los años 50 y los años 70, les hizo pensar que habían obtenido ese éxito por sí mismas, por su trabajo y por su mérito. Desgraciadamente, aunque trabajemos bien y tengamos mérito, cuando no hay trabajo… La lógica que conduce su vida ya no es válida.

(Reuters/Benoit Tessier)
(Reuters/Benoit Tessier)

P. Habla de que la venganza es una clase de pegamento social. ¿Una venganza hacia quién y por qué?

R. Como cuento de manera humorística en el libro, las clases medias quieren “castigar a lo real” ya que lo real no les conviene. Una parte de las clases medias ha elegido a Trump, que es exactamente eso: castigar lo real. Es una forma de locura.

P. Las clases medias alumbraron la industria del ocio (museos, libros, vino) y una nueva cultura basada en el sector terciario. ¿Era la consecuencia lógica del crecimiento económico que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, tras el fordismo y el taylorismo?

R. La transformación del arte y la cultura en “industrias culturales” ha actuado en Francia, por ejemplo, al más alto nivel del Estado (el término “industrias culturales” ha sido utilizado recientemente por una ministra). En Francia en particular, ya que cada vez hay menos empleos industriales de verdad y que la agricultura está en proceso de desaparecer (al igual que una buena parte de la función pública y del pequeño comercio), no hay otra salida que el “desarrollo turístico” del país entero.

El capitalismo nos convence de que tener un trabajo es algo tan raro que no vamos a querer que nos paguen. ¡Bastante suerte tenemos ya!

P. Critica algunos valores de clase media, aunque reconozca que pertenece a ella. Pero ¿hay realmente alguna alternativa? ¿No han dado forma los valores de la clase media a todos nuestros valores durante la segunda mitad del siglo XX?

R. ¡Sí! ¡No se puede escapar de los valores de clase media! El debate, por ejemplo, se encuentra polarizado por las discusiones acerca del colegio, a los lugares de residencia (los barrios de la periferia y el centro de las ciudades) y más que nunca alrededor de las fantasías masivas que son, en Francia, la ortografía y la Historia nacional. Las discusiones sobre estos temas impiden toda reflexión sobre la educación y la enseñanza, y qué podría ser una docencia verdaderamente diferente. De igual manera, dar valor al trabajo en periodo de desempleo masivo puede ser una locura, ya que se trata de una orden contradictoria.

P. Al final del libro, explica que decimos sobre la clase media lo mismo que decíamos sobre la clase trabajadora en el siglo XIX: nos dan miedo. ¿Por qué tememos a la clase media?

R. Nosotros somos las clases medias, y nosotros disfrutamos dándonos miedo a nosotros mismos. ¿Por qué? Sin duda, ¡haría falta preguntarle a un buen psiquiatra! ¿Es preferible el miedo al aburrimiento y la seguridad a la libertad? Buen tema de debate.

P. Volviendo a la primera pregunta: si la clase media describió el siglo XX, ¿cuál será la clase que describa el siglo XXI?

R. La clase que mejor evoca el siglo XXI por el momento es el “precariado”, la gente que cobra poco o no cobra por trabajar. Sin duda es un asunto importante para el capitalismo de hoy en día: convencernos que tener un trabajo es algo precioso y tan raro que no vamos a querer que nos paguen. ¡Bastante suerte tenemos ya! Hay también becarios que pagan para poder tener sus horas de formación. ¡Pagan por su derecho a trabajar!

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