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El “coach” Donald Trump y la clave del éxito: este fue el peor momento de su vida

El candidato republicano sufrió un duro revés a principios de los años noventa, y eso le sirvió para aprender unas cuantas cosas. En su nuevo libro las expone todas

Foto: Un hombre construido a base de fracasos, tesón y furia. (Reuters/Mike Segar)
Un hombre construido a base de fracasos, tesón y furia. (Reuters/Mike Segar)

¿Quiere saber cómo transformar las derrotas en victorias? Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de la Casa Blanca, sabe muy bien cómo hacerlo y lo cuenta en 'Nunca tires la toalla', que acaba de editar en nuestro país Gestión 2000. En el fragmento que reproducimos a continuación, el empresario reconvertido en provocador político explica cuál fue el peor momento de su carrera profesional y cómo le sirvió para salir adelante.

¿Qué haces cuando el mundo entero te dice que estás acabado? Sufrí un revés tan mayúsculo a principios de la década de los noventa que estoy en la lista de récords Guinness por ostentar el mayor descalabro económico de la historia. No le recomiendo a nadie que persiga el mismo objetivo, pero cuando has estado en la cuerda floja financiera dicha situación te proporciona una cierta perspectiva que puede resultar útil a otras personas.

Se ha dicho que lo que me hace cercano a la gente –aparte de “The apprentice” (“El aprendiz”), que muestra cómo me manejo en el mundo de los negocios– es que he afrontado enormes adversidades. Es algo con lo que todo el mundo puede sentirse identificado. La diferencia puede estar en la cantidad de ceros de tu cuenta corriente, pero lo cierto es que la gente suele identificarse con las dificultades. Nadie escapa a los desafíos de la vida. Tal como un escritor describió el viaje de la vida: “Nadie sale indemne de él”. Es una afirmación un tanto existencialista, pero cuando debes algunos miles de millones de dólares te puede hacer pensar en otras nuevas dimensiones.

'Nunca tires la toalla'.
'Nunca tires la toalla'.

Mi situación a principios de la década de los noventa no pintaba demasiado bien. Tenía miles de millones en préstamos que no podía pagar, y había avalado personalmente 975 millones de dólares de esa deuda. Podría haber caído en quiebra con facilidad. Esto no debería sorprender a nadie ya que siempre lo he hecho todo a la grande, de lo que se sigue que a mis elevadas ganancias les seguirán enormes pérdidas. Aquélla era una pérdida cuantiosa. Los bancos iban detrás de mí. La gente me evitaba. Por si fuera poco, entramos en una recesión y el mercado inmobiliario quedó prácticamente reducido a la nada. No era el mejor de los escenarios.

Entonces, en marzo de 1991, 'The Wall Street Journal' y 'The New York Times' publicaron sendos artículos en primera página —el mismo día— en los que detallaban mi situación y la declaración de bancarrota que sucedería en cualquier momento. Las emisoras de radio se hicieron eco de la información y la pérdida de mi imperio se convirtió en una gran noticia a escala mundial. Estaban seguros de que estaba acabado. Habría sido una historia fantástica si no me estuviera sucediendo a mí.

Aquel fue el peor momento al que me he enfrentado en toda mi vida. Incluso los teléfonos de mi oficina permanecían en silencio, algo que no había pasado nunca. De repente, tuve muchos momentos de tranquilidad para poder pensar y examinar la situación de forma objetiva. Comprendí que parte de lo que me había llevado a aquel trance era que había perdido la perspectiva y había empezado a creer las noticias que se publicaban sobre mí que decían que tenía «el toque de Midas» cuando se trataba de negocios. En otras palabras, había caído en la autocomplacencia

Tenía una gran ocasión para demostrar a la prensa y a mis críticos y enemigos​ que aún era una fuerza a tener en cuenta, no una flor de un día con poca resistencia

Sin embargo, rendirme era algo que jamás se me había pasado por la cabeza. Ni por un instante, y creo que esa es una de las cosas que desconcertó a mis críticos. Éstos intentaban crucificarme, pero tuvo el efecto contrario; solo consiguió que quisiera volver y, además, hacerlo a lo grande. Sabía que podía demostrarles que estaban equivocados siendo obstinado, siendo tenaz, y no dándome por vencido. No pensaba abandonar. Durante aquella época, me convertí a marchas forzadas en una persona más fuerte. No te estoy aconsejando que busques la misma presión, pero quiero que sepas que si te encuentras con algunos reveses, negarte a tirar la toalla será probablemente tu mejor estrategia.

¿Qué me dio semejante fortaleza? No estoy seguro, pero quizá que la prensa internacional me hubiera dejado de lado como «alguien acabado» o «venido a menos» tuvo algo que ver. También aprendí que con frecuencia los problemas no son más que oportunidades disfrazadas. Comencé a contemplar mi situación, lo creas o no, como una gran oportunidad. Tenía una gran ocasión para demostrar a la prensa y a mis críticos y enemigos que aún era una fuerza a tener en cuenta, no una flor de un día con poca resistencia. Es un incentivo muy estimulante, y todo viene de contemplar la situación de forma positiva.

Donald Trump, en The Economic Club of New York. (Reuters)
Donald Trump, en The Economic Club of New York. (Reuters)

Se produjo así un punto de inflexión, y ese cambio fue mi actitud. Mis contables todavía recuerdan la noche en la que se encontraban en la sala de juntas hasta las tantas en plan «somos unos desgraciados», y de repente entré a explicarles todos los nuevos proyectos que tenía en mente. Eran muchos, y eran buenos negocios. Estaba de un humor exuberante, y mis descripciones fueron coloridas y rebosantes de optimismo. Pensaron que me había vuelto loco, que quizá estaba empezando a alucinar debido a la presión, pero lo cierto es que había llegado a un punto en el que sabía que era hora de seguir adelante. No estaba actuando. Estaba preparado. Toda aquella presión financiera quedaría a nuestras espaldas en un breve período de tiempo, les dije. Y lo creía de veras.

Aquel fue ciertamente un momento decisivo; justo entonces. Se trata de otra importante lección: icéntrate en la solución, no en el problema!

Es curioso, pero si miro hacia atrás creo que estar al borde del precipicio me convirtió en un empresario mejor y desde luego en un emprendedor mejor. Tuve que pensar maneras novedosas de evitar que me enterraran vivo. También me apoyé en algo que me gustaría tratar aquí: el pensamiento positivo. Créeme, funciona. Me ha permitido llegar adonde estoy: hoy soy mucho más rico y tengo mayor éxito que antes de que los contratiempos comenzaran para mí en la década de los noventa.

¿Imaginé alguna vez que figuraría en 'El libro Guinness de los récords'? No. Pero lo estoy debido a esas contrariedades. Es un hecho del que me siento orgulloso. La adversidad funciona así algunas veces. Deje que trabaje a su favor.

Alma, Corazón, Vida

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