problemas equivocados en el peor momento

Lo peor que te puede pasar cuando visitan tu piso (y más si lo quieres vender)

Si puede salir mal, saldrá mal. O al menos eso es lo que debieron pensar estas personas cuando invitaron a potenciales futuros inquilinos a los domicilios que alquilaban

Foto: Encerrarle no era mala idea, después de todo. (iStock)
Encerrarle no era mala idea, después de todo. (iStock)

Vender un piso hoy en día es casi un milagro, la oferta continúa siendo elevada y la demanda escasa. Aunque en 2015 se consolidó el ciclo de recuperación del sector inmobiliario en España y empieza a gozar de buena salud, ya que la compraventa de viviendas creció un 11,1%, no debemos olvidar que hace diez años era tres veces mayor.

Quienes quieren vender un piso, con la ayuda o no de inmobiliarias, saben que se enfrentan a una tarea complicada y que se puede prolongar meses, incluso años. Si fijar bien el precio y atraer compradores parecía lo más difícil, cerrar la venta es igual de complicado. Hay múltiples factores que influyen. Uno de los más decisivos es la visita, momento en que se debe hacer la vivienda lo más atractiva posible para seducir a los compradores. Hay quienes cocinan para que huela bien, otros compran flores naturales para recrear un ambiente hogareño, y otros, simplemente, no hacen nada.

Hay que causar buena imagen, y la primera impresión se obtiene en apenas 30 segundos

Pero la mayoría, como si de una primera cita en casa se tratara, esconden en los cajones las mil y una cosas que tienen encima de la mesa, quitan el polvo a cuadros y jarrones, y limpian a fondo para que a primera vista esté todo en orden. Hay que causar buena imagen, y no debemos olvidar que la primera impresión se obtiene en apenas 30 segundos.

Que (no) parezca un accidente

Los popularmente conocidos como API (Agente de la Propiedad Inmobiliaria) ofrecen numerosos consejos: no descuidar los detalles –un grifo que gotea, una puerta que no cierra…–, concertar la cita por la mañana si la casa dispone de una buena iluminación, hacer hincapié en los puntos fuertes –zona, habitaciones, mobiliario–, no mostrarse nervioso –podrían pensar que estamos ocultando algo– y guardar lo mejor siempre para el final, enseñando las estancias con más encanto para que los posibles compradores se vayan con un buen sabor de boca.

A lo mejor no era tan urgente arreglar esa esquinita del armario. (iStock)
A lo mejor no era tan urgente arreglar esa esquinita del armario. (iStock)

Aunque esta es la teoría, en la práctica muchas visitas acaban siendo un auténtico caos. Muestra de ello son las historias que han expuesto algunos internautas en un hilo de conversación en el portal británico Mumsnet sobre las peores cosas que les han sucedido al enseñar una casa, o al ir a verla para valorar su compra.

Una usuaria explica que tras conocer que tenía unos posibles compradores se puso a limpiar como una loca para causar buena impresión, pero sin que ella se diera cuenta pasó algo terrible. Mientras hacían el recorrido por la casa les invitó a pasar al cuarto de baño. El hombre abrió la puerta, se detuvo y dijo: “Creo que hay vidrios en el suelo”. “El espejo se había caído de la pared, había roto el soporte del cristal del cepillo de dientes y estaba todo hecho añicos en el suelo. Además, habían golpeado el grifo de agua fría”, añade.

Otra usuaria tuvo relaciones sexuales con su marido antes de la visita y olvidaron esconder el vibrador

El baño es el escenario de otra de las historias de una internauta, quien explica que al entrar vieron que se había caído el techo. Como era de esperar, ella y su marido decidieron que era demasiado trabajo para ellos.

Otros usuarios narran sus anécdotas avisando de que van a hacer reír mucho, como una madre que descubrió que la casa que le estaba enseñando el agente inmobiliario no estaba en venta. “No había nadie dentro, pero había pantalones en el suelo, los cuencos del desayuno, las camas sin hacer… Cuando salí de la propiedad con el agente, un vecino salió y preguntó: ‘¿Qué narices estáis haciendo?’ El vecino había llamado al actual inquilino de la casa, que comenzó a gritar al agente e incluso pensé que iba a golpearlo”.

A todo el mundo le pasa, pero mejor no a la vista de compradores. (iStock)
A todo el mundo le pasa, pero mejor no a la vista de compradores. (iStock)

Las historias, que bien podrían ser escenas de 'Scary Movie', se suceden. Otra usuaria recuerda que tuvo relaciones sexuales con su marido antes de que llegara la visita y olvidaron esconder el vibrador, mientras que una madre explica que la avisaron con muy poco tiempo de la visita de unos potenciales compradores, así que decidió guardar todos los platos sucios en el horno. Cuando el agente inmobiliario enseñó la cocina… sí, abrió el horno de par en par.

Recibir a cara de perro

Los perros también protagonizan algunas de las historias más surrealistas, como un divertido episodio que incluye una pelea entre el perro de unos posibles compradores y el del dueño de la casa. “Al ir a ver la vivienda, el perro de los propietarios vio al nuestro en el coche y se precipitó hacia él tan pronto como se abrió la puerta”. Salió corriendo hacia la carretera y un autobús que pasaba tuvo que realizar una parada de emergencia. Otros compradores vieron una casa que estaba repleta de cacas de perro por todas las alfombras. Eran tantas que cuando salieron tuvieron que limpiarse los zapatos porque no había forma de esquivarlas.

Como relatan algunos de los usuarios de Mumsnet, los imprevistos pueden jugar una mala pasada al enseñar un piso, pero no olvides lo que dicen los API, si quieres vender tu casa mejor no dejar nada al azar, quienes la visitan se fijan hasta en el más mínimo detalle.

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