¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN ICARIA?

La isla griega de la longevidad: el lugar donde la gente vive muchos años con buena salud

Este sitio ha llamado la atención de los médicos por las buenas condiciones de vida de sus habitantes. Aquí contamos todo lo que conocemos de los residentes de la isla griega

Foto: El secreto no está en el agua. (iStock)
El secreto no está en el agua. (iStock)

A unos 19 kilómetros al suroeste de la isla griega de Samos se encuentra Icaria, también conocida como Nicaria. Una pequeña isla del mar Egeo que durante siglos fue parte del Imperio otomano, hasta que finalmente, en 1912, consiguió convertirse en Estado independiente. Fue un periodo breve, ya que apenas seis meses después pasaba de nuevo a formar parte de Grecia. Pero hoy en día sus algo más de 10.000 habitantes no son famosos por sus vicisitudes geopolíticas, sino por una saludable longevidad que les hace vivir mucho y bien. En 2012, su media de edad era nada menos que de 90 años.

Se trata de una de las cinco “zonas azules” identificadas por Dan Buettner, es decir, uno de esos lugares donde sus habitantes han encontrado —o mejor dicho, se han topado con ellos— los secretos de una larga y saludable vida. Es, de hecho, la segunda más cercana de las que identificó en su libro 'El secreto de las zonas azules' (por detrás de Cerdeña), donde también consideraba a Okinawa (Japón), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) como tales. ¿Qué diferencia a esta isla griega de las que la rodean?

“Pescado, frutas, verduras, legumbres y el té protegen el sistema cardiovascular”, recordaba la médico que investigó a los ancianos


La repuesta la puede tener una investigación realizada por un grupo de cardiólogos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Atenas encabezados por Christina Chrysohoou. En primer lugar, los autores ponen de relieve unos datos sorprendentes. Mientras en el resto de Europa la media de personas mayores de 90 años es de un 0,1%, en Icaria el porcentaje asciende al 1,1%. De entre los 1.400 habitantes analizados, el 30% de ellos tenía más de 80 años y un 1,6% de los hombres y un 1,1% de las mujeres estaban por encima de los 90. Además, aunque los niveles de enfermedades de colesterol o diabetes eran semejantes a otras partes de Grecia, estas se manifestaban a una edad más avanzada.

Para los autores, la receta del éxito de sus vecinos está clara. “Pescado, fruta, verdura, legumbre y té protegen el sistema cardiovascular”, desvelan. “Es más, el uso diario del aceite de oliva es beneficioso para la actividad sexual, y si se le añade una siesta vespertina a un consumo moderado de café, tenemos los ingredientes que componen el secreto de la longevidad”. Una receta muy mediterránea, parece, que bien se la podría apropiar cualquier anuncio de aceite, yogures o cervezas. Hay que recordar que, aunque no se haga referencia a ello en el estudio, Icaria es una gran productora de vino tinto.

Ejemplos centenarios

Desde que Icaria apareció en el mapa de la salud mundial, los medios han intentado recoger historias personales que mostrasen este carácter especial de la isla. La más conocida probablemente sea la historia de Stamatis Moraitis, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que se quedó a vivir en EEUU después de la contienda. En 1976, cuando tenía algo más de 60 años, se le diagnosticó cáncer de pulmón y le dieron nueve meses de vida. Así que decidió volver a Icaria, su isla natal, para pasar allí lo que le quedaba. Que no fueron 270 días, no, sino casi 40 años más: falleció a principios de 2014. No solo no cayó víctima de la enfermedad, sino que poco a poco comenzó a sentirse mejor y aguantó hasta convertirse en una leyenda, el hombre que ilustraba el reportaje “La isla donde la gente se olvidó de morir”.

Los secretos de Sponsas son dormir bien, beber té y no perdonar ninguno de los dos vasos de vino para acompañar la comida


Poco a poco, y gracias a los medios de comunicación, su historia comenzó a transformarse en parte del folklore de la isla, en una historia que contar a los nietos. Como recuerda el reportaje de Dan Buettner en 'The New York Times', otros ancianos le contaron la misma historia como si la hubiesen vivido ellos mismos. El propio Moraitis tenía el colofón perfecto para su relato: cuando el descubridor (¿inventor?) de las zonas azules le preguntó por qué creía que no había muerto de cáncer, este le respondió que había intentado averiguarlo volviendo a consultar a los médicos que le habían diagnosticado. Pero no pudo: “Estaban todos muertos”.

Otra historia pintoresca es la de Kostas Sponsas, que apareció en 'The Guardian' como otro ejemplo del carácter excepcional de la isla. En este caso, el centenario había perdido una pierna en Albania a causa de una mina alemana. Salvó la vida gracias a sus compañeros, pero consiguió llegar décadas después a los 100 con una movilidad excepcional… y una pierna menos. Sus secretos, contaba al diario británico, eran dormir bien (y con la ventana abierta), beber té (con menta o salvia), un par de copas de vino con la comida y, sobre todo, no excederse con la carne. Eso sí, nada de fritos en su dieta.

Vista aérea de la isla. (iStock)
Vista aérea de la isla. (iStock)

Esta misma semana, la BBC ha mostrado la historia de Ioanna Proiu, una anciana de 105 años que vive en Christos Raches y que sigue tejiendo ella misma las ropas y bolsos que vende en su tienda. Proiu también tiene su propia receta para la longevidad: “Haz algo que te apasione” es su lección. Después de quedarse viuda, decidió rechazar a todos los pretendientes y casarse tan solo con su mayor afición. “No quieras tener más cosas que las que necesitas. Envidiar a los demás solo puede darte estrés”. Estos mediterráneos inmortales parecen haber leído a los grandes maestros orientales.

Una buena promoción

La fama reciente de esta isla ha promovido el interés de la comunidad internacional, que perturba ocasionalmente la paz de sus habitantes. Otro de los secretos para la longevidad de estos ancianos. Como recuerda en el medio inglés el doctor jubilado Christodoulos Xenakis, nadie tiene agenda en la isla. Algo que comprobó bien la autora, al ver que era difícil contactar con él. “Es más en plan 'nos vemos por la mañana, por la tarde o por la noche”, le contó. “No nos estresamos”. Al igual que ocurre con Cerdeña, no se trata tan solo de una cuestión de dieta, sino de un ritmo de vida mucho más relajado que al que estamos acostumbrados.

Murieron entre los 67 y los 80 años cuando todo el mundo en Grecia solía hacerlo entre los 50 y los 55


No hay que perder de vista, obviamente, el factor genético. Como recuerda Christos Pitsavos, coautor del proyecto Icaria, la longevidad suele estar en un algo grado condicionada por lo que heredamos. “Resulta interesante ver que los padres de los participantes en el estudio también habían vivido mucho”, comenta. “De media, murieron entre los 67 y los 80 años cuando todo el mundo en Grecia solía hacerlo entre los 50 y los 55”. De tal palo, tal astilla… Aunque su estudio descubrió que los mayores del lugar tenían mejores hábitos alimenticios y solían descansar más que sus descendientes, que tenían más posibilidades de sufrir depresión.

Buettner recuerda que, después de haber estudiado muchas poblaciones longevas, seguía sorprendiéndole cómo los factores beneficiosos solían aparecen a menudo juntos. Es decir, no se trata tan solo de adoptar estilos de vida saludables, sino que hace falta “vivir en un ecosistema que lo haga posible”. Es, en definitiva, una cuestión cultural. No hay ningún misterio para sortear la muerte —ni nadie se cura de cáncer por vivir en unas coordenadas concretas—, pero las relaciones que tenemos en nuestro día a día pueden ser de radical importancia. “El poder de estos entornos se encuentra en las relaciones de refuerzo mutuo que se traducen en pequeños empujones de ánimo y costumbres habituales”, concluye el autor.

Alma, Corazón, Vida

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