¿qué es un IMPUESTO PIGOUVIANO?

Pagar por circular por la ciudad: la medida antiatascos que pronto puede llegar a España

Durante los últimos meses, se ha discutido la posibilidad de que Nueva York imponga un cobro a los que accedan a Manhattan, pero es algo que también se ha valorado aquí

Foto: ¿Un peaje para controlarlos a todos? (Reuters)
¿Un peaje para controlarlos a todos? (Reuters)

Vuelve el otoño. Y, con él, los picos de contaminación causados por los atascos masivos en las grandes ciudades que provocarán restricciones en el tráfico de vehículos privados. Hoy, Madrid activa el escenario 2 del Protocolo de Contaminación, que fija una velocidad máxima de 70 kilómetros por hora en la M-30 y los accesos de la M-40, así como la prohibición de aparcar en la zona SER. Durante los últimos días del pasado año, el ayuntamiento se vio obligado a activar por primera vez el escenario 3, por el cual tan solo los coches con matrícula par o impar pueden circular por el interior de la carretera de circunvalación.

No es la única ciudad que experimenta este problema, íntimamente ligado con los altos niveles de tráfico y la congestión en los accesos. Otras ciudades están buscando soluciones a largo plazo. Por ejemplo, en los últimos meses se está valorando en Nueva York, una de las ciudades con más problemas de tráfico, una de las respuestas más polémicas de todas las que se han planteado: fijar un peaje para todos aquellos que quieran acceder al centro. Como recuerda 'The Huffington Post', el plan, llamado MoveNY, impondría un pago de unos 5,54 dólares (4,7 euros) a los que circulasen por el área de negocios de Manhattan en hora punta.

El Colegio de Ingenieros de Caminos propuso los peajes como una de las herramientas para combatir los problemas de movilidad en las grandes ciudades

Según los cálculos del consejero de Tráfico de Nueva York, Sam Schwartz, esta decisión permitiría reducir el tráfico en las calles más transitadas de la Gran Manzana al mismo tiempo que se ingresan 1.100 millones de dólares adicionales que podrían reinvertirse en mejorar el transporte público y en infraestructuras como puentes y calles. No es la primera vez que se propone algo semejante. La Administración del alcalde Michael Bloomberg ya propuso algo semejante en 2007, pero fue paralizado definitivamente por la asamblea del estado. El plan ha sido apoyado por otras autoridades como Andrew Cuomo, gobernador del estado, que considera que “es el momento de implantar la tarifa de congestión”.

De implantar algo así, Nueva York no sería una ciudad pionera, ya que esta propuesta nació en Europa. Londres impuso su tarifa de congestión hace casi 15 años y, en un primer momento, produjo una importante reducción del tráfico. Actualmente, este 'congestion charge' cuesta unas 11,50 libras (casi 13 euros) y permite circular por el centro entre las siete de la mañana y las seis de la tarde. Una medida semejante a la que se ha implantado en otras capitales europeas como Estocolmo y Oslo, y que no es tan extraño que llegue pronto a ciudades como Madrid.

¿Pagar por atravesar la M-30?

Como ha ocurrido con otras medidas que han intentado solucionar uno de los grandes problemas a nivel municipal de nuestro país, hay quien ha planteado la posibilidad de que algo así pudiese implantarse en España. Hace un par de años, el Colegio de Ingenieros de Caminos entregó a los principales partidos políticos un decálogo de propuestas a introducir en sus programas electorales. Entre ellas se encontraba, como informó Europa Press, además de las restricciones de tráfico o fomentar carriles bus-VAO, articular peajes como medida disuasoria. Una propuesta que no se reflejó en el programa de ningún partido.

Hace que suba el coste privado, por lo que algunos conductores que estaban dudando se decantarán por el transporte público

¿Sería viable una medida así, al menos económicamente hablando? El economista español David Cuberes, profesor de la Clark University y autor del blog 'Nada es gratis', publicó una interesante entrada en la que valoraba la posibilidad de proyectar un sistema semejante para reducir el tráfico y recaudar más dinero en forma de impuestos. En su análisis, consideraba los atascos de tráfico una externalidad negativa en la cual los demás sufren las consecuencias de cada persona que coge su coche por la mañana y que, por lo tanto, sea este el que asuma dicho coste y no la sociedad en su conjunto o el resto de conductores. “El coste marginal de un vehículo más es la suma del coste medio y la externalidad que este vehículo genera”, explica Cuberes.

Según su exposición, el peaje es la manera más eficiente de convencer a alguien para que no utilice su coche, puesto que “hace que suba el coste privado de usar la carretera, y así algunos conductores que estaban dudando entre usar la carretera o el transporte público decidirán hacer lo segundo”. Es una tasa pigouviana, es decir, un impuesto que se aplica a cualquier actividad del mercado que genera externalidades negativas, como ocurre con el consumo de tabaco. Cuberes recuerda que “quizá no sería mala idea plantearse la posibilidad de un peaje en ciudades altamente congestionadas como Barcelona. Aunque los 'commuters' se verían afectados negativamente, los menos dispuestos a pagar por conducir su coche acabarían usando el transporte público y esto llevaría a una reducción de los costes sociales asociados a la congestión”.

Atasco en la A6 madrileña. (Reuters)
Atasco en la A6 madrileña. (Reuters)

Este impuesto ha mostrado efectos positivos en el tráfico, al menos en primera instancia. Un informe publicado en 2014 consideraba el caso de Estocolmo un “éxito” tanto por haber reducido el tráfico como por haber convencido a la población, uno de los aspectos más problemáticos de esta clase de propuestas. Pero ¿es útil a largo plazo? Londres se ha visto obligada a introducir un impuesto adicional para los coches de mayor antigüedad, después de haber visto un repunte en la circulación en las áreas 'de pago', y Singapur, que impuso su tasa a principios de los setenta, acaba de anunciar su plan de reducir a un 0% el porcentaje de crecimiento de su parque móvil (el Estado limita la cantidad de coches por ciudadano).

¿Es políticamente factible?

Aun siendo posible económicamente, es muy difícil que algún partido político dé el paso adelante y promueva una medida altamente impopular. Lo reconocía el propio Cuberes al recordar que “es poco popular porque se trata de un impuesto a los 'commuters', la gente que decide usar la carretera diariamente para ir al trabajo”. Como recordábamos recientemente, debido al aumento del precio de la vivienda en el centro de las grandes ciudades, esta tasa puede terminar repercutiendo en los que habitan en las ciudades dormitorio, es decir, aquellos que precisamente tienen menos recursos y no pueden permitirse vivir en las zonas más céntricas de la ciudad, aunque trabajen ahí.

Se considera que las carreteras son un "bien gratuito", por lo que imponer un peaje es hacer pagar al ciudadano por algo que ya ha costeado


Esta problemática vertiente política del asunto fue puesta de manifiesto por el profesor de la Universidad de California Robert Krol, autor de varias investigaciones sobre el tema. El economista recordaba que la principal resistencia a superar es la percepción de que las carreteras son y han de ser un "bien gratuito" para todos, por lo que imponer peajes es una forma de hacer pagar al ciudadano por algo que ya están costeando a través del dinero de sus impuestos. Por lo general, todas las medidas de restricción o tasación del tráfico soy muy impopulares, lo que disuade a los políticos de pensar en aplicarlas. Sin embargo, Krol recuerda que estos impuestos no son más regresivos que los de la gasolina, por ejemplo.

En nuestro país, el catedrático de Economía de la Universidad de Columbia Xavier Sala i Martín pedía a Mariano Rajoy que pusiese peajes en todas las autopistas. Su propuesta era más bien un órdago para salir de la crisis —y, además, cobrar a los conductores extranjeros que sí disfrutan de ellas gratis, puesto que no pagan impuestos—, pero también servía como aplicación heterodoxa de estos impuestos pigouvianos. Es una posible alternativa para optimizar el tráfico en las grandes ciudades, pero lo que no está tan claro es quién será el primer valiente en intentar aplicarla. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, ya ha dicho que es algo “inconcebible”. Sabe lo que está en juego.

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