Premios Nobel: La pregunta del nuevo Nobel de Economía que demuestra que no entiendes el dinero
¿VENDER O NO VENDER?

La pregunta del nuevo Nobel de Economía que demuestra que no entiendes el dinero

El recién galardonado economista explica que no somos tan racionales a la hora de tomar decisiones con el dinero utilizando una de sus grandes pasiones: el buen vino

Foto: Richard Thaler, en una conferencia tras conocer que ha ganado el Nobel. (Reuters)
Richard Thaler, en una conferencia tras conocer que ha ganado el Nobel. (Reuters)

Richard H. Thaler, pionero de la economía conductual, está obsesionado con la forma en que las personas toman decisiones. No solo las de los grandes inversores o los políticos, sino sobre todo las de los consumidores y ciudadanos ordinarios. Estos esfuerzos por comprender la psicología de los diferentes actores ante cambios en el mercado le han valido para ganar el recién otorgado premio Nobel de Ciencias Económicas.

El mensaje que subyace en la economía conductual en general y en el trabajo de Thaler en particular se suele resumir como “el ser humano no es racional”. La disciplina se ha basado históricamente en modelos de comportamiento en los que los individuos persiguen racionalmente sus metas. Los economistas, por tanto, suelen asumir que las personas tienen buen acceso a la información, que pueden procesarla sin problemas y después llevar a la práctica sus decisiones buscando siempre una ganancia personal. Sin embargo, Thaler, hoy profesor en la Universidad de Chicago, lleva toda su carrera desafiando estas hipótesis.

Las respuestas habituales representan la confusión habitual entre el costo hundido y el de oportunidad e ilustran cómo funciona la economía conductual

Desde que empezase a ser conocido a finales de los ochenta y principios de los noventa como un economista disruptor, Thaler ha planteado multitud de situaciones en las que los actores, supuestamente racionales, se comportan de modo diferente a como indicaba la teoría económica del momento. Quizás una de las más relevantes tiene mucho que ver con una de las grandes aficiones del estadounidense: el buen vino.

Es difícil deshacerse de las cualidades humanas cuando tomamos una decisión. (iStock)
Es difícil deshacerse de las cualidades humanas cuando tomamos una decisión. (iStock)

En una entrevista publicada por 'The New York Times', el investigador contraatacó a una de las preguntas del columnista Paul Sullivan con un interrogante que ilustra a la perfección cómo funciona la economía conductual. Antes de responder, ponte en la piel de un coleccionista de vino o, al menos, de alguien que compra botellas y las mantiene un tiempo en la despensa antes de beberlas. La pregunta es: “¿Cuánto te costaría beber una botella de vino que compraste hace años por 50 dólares pero que ahora vale unos 500?”.

(Pausa dramática)

La respuesta tiene poco que ver con el vino (deja la guía Peñin donde estaba) y más con cómo funciona de verdad el dinero. De hecho, las respuestas al interrogante representan la confusión habitual entre dos términos económicos: el costo hundido y el coste de oportunidad.

Decisiones humanas

El primero es el que ya has gastado, el que se ha evaporado de tu cartera y ya no podrás recuperar. En este caso, los 50 dólares que costó la botella. En cambio, el segundo se refiere a aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión. En el ejemplo, elegir beber la botella en lugar de venderla por 500 dólares o incluso mantenerla y venderla por más dinero en el futuro.

Compramos demasiado y ahorramos poco porque la persona media no piensa en el dinero de la misma forma que lo haría el típico economista

La respuesta correcta, por tanto, es que beber la botella te costaría 500 dólares y no 50, pues estás eligiendo disfrutarla en lugar de venderla. “La mayoría de la gente me dice que no le costaría nada”, explica Thaler. “Algunas personas, a quienes estimo mucho, incluso me dicen que en realidad ganarían dinero bebiendo el vino porque solo cuesta 50 dólares. Eso es contabilidad mental”. Es decir, la gente tiende a simplificar las decisiones financieras. A lo que Sullivan añade: “Con toda probabilidad, aquellos coleccionistas que opten por beber el vino en la comida pasarían un mal rato si tuviesen que ir a un restaurante a cenar y pagar 500 dólares por la misma botella, aunque sea exactamente lo mismo que hacen antes en sus casas. Prefieren creer que beberla es una ganga porque solo pagaron 50 dólares por ella hace años”.

No estoy segura, cariño. (iStock)
No estoy segura, cariño. (iStock)

Lo que tanto Thaler como Sullivan tratan de explicar es que, diga lo que diga el consenso económico, la gente no es tan racional cuando se trata de tomar decisiones con el dinero. Precisamente esta idea le ha valido el elogio de la Academia sueca: “Al explorar las consecuencias de la racionalidad limitada, las preferencias sociales y la falta de autocontrol, ha mostrado cómo estos rasgos humanos afectan sistemáticamente a las decisiones individuales, así como a los resultados del mercado”.

Por lo general, compramos demasiado y ahorramos poco, porque la persona media no piensa en el dinero de la misma forma que lo haría el típico economista. Esto no significa que a partir de ahora haya que cambiar radicalmente nuestro enfoque, pero sí ser más conscientes de que el 'homo economicus' no es tan infalible como lo pintan, de que a veces la gente pide préstamos absurdos cuando tiene suficiente dinero ahorrado o que, incluso, no vende el vino por más dinero de lo que lo compró porque cree que así sale ganando.

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