NADIE SE CASA CON NADIE

La economía 'quitter' o qué ocurre con los trabajadores cuando el empleo es precario

En su último libro, la profesora Ilana Gershon recuerda que ya que las empresas han dejado de mostrar fidelidad hacia sus trabajadores, estos han decidido hacer lo mismo con ellas

Foto: Antes de entrar, ya estamos pensando en salir: ellos se lo han buscado. (iStock)
Antes de entrar, ya estamos pensando en salir: ellos se lo han buscado. (iStock)

Hasta hace no demasiado tiempo, uno de los principales reclamos que podía ofrecer al trabajador una empresa respecto a sus competidoras era la posibilidad de ascender, tanto en responsabilidad como económicamente. Las carreras profesionales solían desarrollarse dentro de una misma compañía, en la que, si hacías las cosas correctamente, podías llegar lejos. En ese sentido, había un implícito pacto de fidelidad mutua entre empresa y trabajador. Que a uno de los dos les fuese bien redundaría en una ventaja para ambos.

La situación, no obstante, ha cambiado en las últimas décadas, en las que han proliferado los contratos temporales y a tiempo parcial, y en que el despido se ha abaratado enormemente. Es una consecuencia lógica del objetivo de las empresas, mucho más cortoplacista, y basado en aumentar su valor y satisfacer a los accionistas. Un capital humano caro, con contratos de larga duración y trabajadores que tan solo conocen lo que ocurre dentro de la firma, es visto como un escollo. Las empresas modernas, se dice, deben ser capaces de adaptarse a los repentinos cambios en la demanda, por lo que nadie resulta imprescindible.

La gente busca trabajo pensando en dejarlo, con la mirada puesta en qué otros empleos pueden abrirle la puerta a lo que realmente desea

Ello ha provocado un sensible cambio en la manera en que los propios trabajadores perciben su rol en el mercado laboral, explica Ilana Gershon, autora de 'Down and Out in the New Economy: How People Find (or Don't Find) Work Today' (University of Chicago Press), en un artículo publicado en 'Aeon' que resume algunas de las ideas de su libro. Básicamente, la aparición de una nueva clase de empleado: el 'quitter', es decir, aquel que entra en una empresa sabiendo que más pronto que tarde la va a abandonar, y que debe estar preparado para el momento en que ello ocurra.

“La gente busca trabajo con un plan consciente para dejarlo, con la mirada puesta en qué otros empleos pueden abrirle las puertas a lo que realmente desea”, señala la autora, profesora en la Universidad de Illinois. Es una especie de venganza de los trabajadores ante su precarización: si la estabilidad de ningún trabajo está garantizada y los ascensos internos son cada vez más difíciles, el empleado intentará que su paso por el puesto sea un trampolín hacia el siguiente. Como señala la autora, “cuando se trata a los empleados como activos a corto plazo, estos se reinventan como productos vendibles”.

Es el resultado de la traslación de la ideología neoliberal y la economía de mercado al trabajador, señala la autora. Si “los escritores del mundo de negocios empezaron a hablar de que la gente necesitaba invertir en sí misma y verse como un bien cuyo valor solo puede ser determinado por el mercado”, cada trabajador necesitará convertirse en “un conjunto de habilidades, bienes, experiencias y relaciones” que le permitan reciclarse y prosperar con la misma capacidad de adaptación y poca fidelidad que las empresas tienen hacia ellos. Sobre todo, dado que es más fácil ascender u obtener una subida de sueldo cambiándose de empresa que en la misma compañía.

Así es el trabajo hoy

Esta nueva concepción del empleo tiene una larga serie de consecuencias que no son necesariamente evidentes. La más obvia es nuestra percepción de qué es un buen trabajo. En el pasado, este equivalía a “un buen sueldo, ventajas, cercanía, horarios, jefes, compañeros y posibilidad de ascenso”. Hoy, aunque la mayoría de estas cualidades siguen siendo importantes, hay un factor decisivo adicional: “Un buen trabajo es aquel que te prepara para el siguiente, que por lo general se lleva a cabo en otra empresa”.

Es la era del colegueo: tus amigos, no tu jefe, son los que van a conseguir tu próximo empleo

Es decir, las empresas deseables para el trabajador son aquellas que te enseñan habilidades que no tenías y que puedas aplicar en otro puesto. O las que tienen buena reputación y quedarán bien en tu currículo. ¿Cuáles no interesan? Aquellas tan particulares en las que lo aprendido no pueda aplicarse a ningún otro lugar, o “en las que tengas que trabajar tanto que no dispongas de tiempo para buscar otro empleo”. En resumidas cuentas, señala Gershon, “un trabajo es bueno si te lleva a otro trabajo; lo eliges en función de lo bueno que sería para ti renunciar”. Pero ¿qué otras cosas han cambiado?

  • Dinámica del lugar de trabajo

Las promesas tradicionales del empleo estaban relacionadas con la capacidad de ascenso. Sin embargo, explica la profesora, los buenos jefes son ahora los que “ayudan a sus empleados a dejar el trabajo”, aunque suene paradójico, adquiriendo las capacidades que necesitarán. Ello tiene un riesgo asociado, como Gershon explica a partir del caso de una 'startup' de Silicon Valley: que unos proyectos resultan tan interesantes que el resto, relacionados con conocimientos desfasados, se dejan de lado. En dicha empresa, todos los empleados querían programar en Java, que pronto se convertiría en el lenguaje más utilizado, por lo que les resultaba casi imposible encontrar trabajadores que quisieran programar en C++.

La cañita del 'afterwork' que no falte. (iStock)
La cañita del 'afterwork' que no falte. (iStock)

  • Compañeros

Las relaciones entre empleados ya no son lo que eran: lógico, dado que la rotación es muy alta y el día menos pensado nuestro compañero puede dejar de serlo. Pero por esa misma razón nos interesa llevarnos muy bien con ellos: porque “si te aprecian, cuando estés buscando trabajo, tendrás apoyos en otras empresas”. En otras palabras, no hay nada como pasar la mano por el lomo de nuestros iguales (y no de nuestros superiores) para llegar lejos: “Los trabajadores que solían salir adelante impresionando a sus superiores siendo eficientes, constantes y meticulosos ya no tienen tiempo de crear un público que los adore dentro de la empresa”. El tiempo es limitado y prima el colegueo. Tus amigos “esperan que lo dejes, porque si lo haces, puedes ayudarles a conseguir otro trabajo”.

  • Vida emocional

¿Quién se va a comprometer con una empresa en la que muy probablemente no estará en apenas un par de años? Y, sin embargo, cada vez las compañías insisten más en la importancia de mostrar pasión por el trabajo, y los expertos en recursos humanos persiguen a esa clase de trabajadores. ¿Cómo se resuelve dicha paradoja? Básicamente, porque la pasión está encaminada “a las tareas que pueden aprender a resolver, a las soluciones que pueden desarrollar para los problemas específicos del mercado”, no hacia la compañía. En otras palabras, la célebre “búsqueda de nuevos retos” puede traducirse como una manera de conocer los entresijos de la industria desde diversos puntos de vista y, de ese modo, prosperar saltando de una empresa a otra.

Alma, Corazón, Vida

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