EL CARIÑO ES LO QUE SE BUSCA

"El menú del día": las costumbres sexuales que más gustan a hombres y mujeres

Una reciente encuesta desvela tanto los hábitos como las preferencias de un amplio porcentaje de la población, y da importantes pistas sobre qué y cómo debemos hacerlo

Foto: Listos para una sesión de cariñitos y de lo otro. (iStock)
Listos para una sesión de cariñitos y de lo otro. (iStock)

¿Qué buscas en el amor y en el sexo? Piénsalo. Ahora, vuelve a responder a la pregunta: ¿qué buscas de verdad en el amor y en el sexo? Es posible que la respuesta que has proporcionado esta segunda vez pueda parecer convencional, cuando no conservadora. Pero no te preocupes: a pesar de lo que pueda sugerir el éxito de la literatura erótica pseudo-hard, a todos nos gustan cosas muy parecidas, y estas no son particularmente aventuradas.

Es lo que se desprende de una encuesta recientemente publicada en 'PLoS ONE' que intenta adivinar cuáles son los gustos y costumbres de los estadounidenses a través de las respuestas de 2.021 individuos, 975 hombres y 1.046 mujeres. Como recuerda la propia investigación, hay algo que pone de acuerdos a ellos y a ellas, sean de donde sean y tengan las preferencias sexuales que tengan: como en la película de Andzej Zulawski, lo importante es amar.

Besarse con frecuencia durante el sexo, abrazarse, acariciarse, decir cosas bonitas o crear un ambiente de intimidad son cosas que gustan a todo el mundo

“Los comportamientos más atractivos para todos los participantes, independientemente de su género, estaban relacionados con el romance y el afecto”, señala el estudio. Este recuerda que no es la primera vez que se obtienen estos resultados, ya que otra investigación canadiense previa había llamado la atención sobre el hecho de que en la mayoría de fantasías sexuales, el afecto entre los miembros de la relación y el romanticismo son factores esenciales. Como señalaba la autora del estudio, la profesora Debby Herbenick de la Universidad de Indiana, es una idea que contradice los estereotipos más frecuentes. ¿Quizá porque preferimos dar una visión de nuestro “yo” sexual más aventurada?

¿En qué se traduce exactamente esta manifestación de afecto? Básicamente, en gestos y situaciones románticas. Por ejemplo, besarse con frecuencia durante el sexo, abrazarse, acariciarse, decir cosas bonitas, crear un ambiente de intimidad… En definitiva, todo aquello que contribuya a convertir el acto, sea más o menos salvaje, en algo íntimo en el que sentirse querido y deseado. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustan unos mimos?

El menú del día (y las especialidades de la casa)

El amor es el marco, pero ¿qué nos gusta pintar dentro de él? Como cabe esperar dado que la encuesta se centra en los hábitos más frecuentes, predomina el sota, caballo y rey. O, dicho de otra manera, la masturbación, el sexo vaginal y el oral. Estas son las tres costumbres que la mayoría de participantes (más de un 80%) manifestaba haber realizado de manera habitual a lo largo de toda su vida, pero también las que preferían. No es nada nuevo, pero por lo menos nos permite recordar que el sexo oral ha terminado convirtiéndose en una costumbre tan arraigada como el vaginal o la masturbación en el repertorio básico en el catre.

El 75% de mujeres manifiesta haber usado ropa interior sexy a lo largo de su vida, algo en lo que solo coincide el 25% de hombres

Entre las actividades más comunes, al menos en los últimos años, se encuentra el 'sexting', es decir, enviar y recibir fotografías un tanto subidas de tono. Algo que habían hecho el 65% de hombres y el 54% de mujeres. Un porcentaje muy semejante al de personas que habían leído relatos eróticos: un 57%, una cifra sorprendentemente baja dado el supuesto éxito de la literatura picantonilla. Lo que resulta bastante más llamativo es que más del 43% de los encuestados haya hecho el amor alguna vez en público. Es posible, no obstante, que el éxito de cierta literatura porno se refleje más bien en el auge de prácticas de BDSM flojito como los azotes (más de un 30%), juegos de rol (22%) y atar o ser atado (20%). El látigo, tan solo para los más avezados, con apenas un 13%.

A partir de aquí, las diferencias entre sexos comienzan a ser patentes y a desvelar las exigencias culturales y sociales que sienten unos y otros. Por ejemplo, el 75% de mujeres manifiesta haber usado ropa interior sexy a lo largo de su vida, algo en lo que solo coincide el 25% de hombres. Algo que también ocurre, pero en un menor grado, con ver vídeos pornográficos, aunque la distancia entre hombres y mujeres sea menor: hasta un 82% de hombres lo había hecho alguna vez, por un 60% de mujeres. Eso sí, como bien recordaba Pornhub, la brecha se reduce cada día que pasa.

“Lo hice, pero eso fue hace mucho”

Sigamos explorando algunas de las costumbres menos habituales. Como son por ejemplo los tríos, algo realizado por un 10% de mujeres y un 18% de hombres (saquen la calculadora), unas cifras bajas pero relativamente apreciables. Aún más por debajo, sin superar el 8% se encuentran el sexo en grupo, las fiestas sexuales, ir a un taller sobre educación sexual o acudir a un encuentro BDSM, otros de los cincuenta ítems presentados en la encuesta.

'Oh, no, otra foto de un pene no': el 65% de hombres ha hecho sexting por un 54% de mujeres. (iStock)
'Oh, no, otra foto de un pene no': el 65% de hombres ha hecho sexting por un 54% de mujeres. (iStock)

Todas estas actividades menos frecuentes tenían un llamativo factor en común: que la mayoría de participantes revelaban haberlas llevado a cabo en el pasado, pero no en el último mes. La investigación preguntaba a los encuestados sobre la dimensión temporal de estas actividades, y cuanto menos común fuera un comportamiento, más distanciado parecía estar: “Los comportamientos que ocurrían en el pasado lejano de una persona incluían el sexo en público, el 'bondage', lamer pies o dedos, los juegos de rol, el sexo a través de la 'webcam', ir a un club de 'strip tease', hacer un trío o el sexo en grupo, ver revistas explícitas y leer libros sobre sexo”.

La moraleja que se deduce de esta particular situación parece sencilla: hombres y mujeres estamos dispuestos a admitir que hemos incurrido en comportamientos sexuales tabú siempre y cuando nos despeguemos de ellos como si se tratase de algo que hicimos en otra vida. Es un hallazgo involuntario de la presente investigación, que no solo explicita qué nos gusta y qué no, sino que, como suele ocurrir en los estudios sobre sexo, también desvela qué estamos dispuestos a contar y qué no.

Alma, Corazón, Vida

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