¿El fin de la heterosexualidad femenina?

Por qué cada vez hay más mujeres bisexuales

Varios estudios confirman que las féminas se sitúan con más frecuencia en un punto intermedio en el espectro que va desde la heterosexualidad al lesbianismo

Foto: Las preferencias de ellas cambian con los años. (iStock)
Las preferencias de ellas cambian con los años. (iStock)

El número de jóvenes que se define como bisexual ha crecido en un 45% en los últimos años. La tendencia, sin embargo, se encuentra mucho más acentuada entre el sexo femenino. Según datos recogidos por la Oficina Nacional de Estadística de Gran Bretaña en el año 2015, entre aquellas mujeres que se consideran “no heterosexuales” son más las que se califican a sí mismas como bisexuales (0,8%) que lesbianas (0,7%). Los datos contrastan con el mundo masculino, donde un 1,6% de los encuestados aseguraba ser homosexual, frente al 0,5 que se consideraba bisexual.

Diferentes investigaciones tienden a sugerir que la sexualidad femenina es más difícil de acotar en comparación con la de los hombres. El espectro muestra muchos matices entre los extremos de la heterosexualidad y la homosexualidad. Incluso la bisexualidad se presenta para algunas féminas como un calificativo que tampoco delimita correctamente ciertos tonos intermedios, como el sentimiento de ser mayormente heterosexual o lo que ahora se conoce como heteroflexibilidad, o ser mayormente homosexual u homoflexible.

Los datos aseguran que hay más mujeres que han mantenido relaciones con personas de su sexo que féminas que dicen ser bisexuales o lesbianas

Las conclusiones de algunas investigaciones se atreven incluso a romper cualquier modelo. Según un trabajo coordinado por Gerulf Rieger de la Universidad de Essex sobre una muestra de 345 mujeres, todas serían bisexuales o lesbianas, pero nunca ‘hetero’. Para llegar a semejantes resultados, se fijaron en las respuestas físicas de las féminas de cualquier condición, determinando que incluso las que no entraban en la denominación de bisexual o lesbiana se excitaban ante la visión de imágenes eróticas protagonizadas por personas de su mismo sexo.

Lo que se ha descubierto

¿Existe quizás un conflicto entre la identidad que se acredita y la realidad que imponen los deseos y los instintos? Si ponemos la mirada nuevamente en las estadísticas, los datos vuelven a ser reveladores. Según la Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de Vida británica el número de sujetos que señalaba haber mantenido relaciones con personas del mismo sexo era mucho mayor que aquellos que se identificaban con las etiquetas de gay o bisexual. La experimentación, por tanto, sería un importante recurso a la hora de aclarar la propia sexualidad, incluso en aquellas personas que buscarían asentar su propia identidad hetero.

Por lo que respecta a las mujeres, aquellas más jóvenes se hallan en estos momentos con un ambiente social más abierto a la hora de aceptar inclinaciones distintas a las tradicionales que sus antecesoras. Sin embargo, el fenómeno de la bisexualidad es cada vez menos extraño en féminas que han sobrepasado la tercera, cuarta y quinta década de edad. Varios estudios vienen a constatar la posibilidad de que la identidad sexual en ellas tiende a cambiar con el paso de los años. No son pocos los casos de mujeres felizmente casadas que tras una ruptura encontraron una nueva pareja en una persona del mismo sexo. Ahí están para constatarlo Cynthia Nixon, Alison Goldfrapp, Portia de Rossi o Ellen DeGeneres. Por otro lado, actrices como Angelina Jolie, Cara Delevingne, Anna Paquin o Drew Barrymore no han tenido reparos en confesar abiertamente su bisexualidad en los últimos años.

El contexto social impone importantes límites en aquellas mujeres que, de otro modo, mostrarían una sexualidad más fluida

Estos indicios parecen revelar que las preferencias sexuales en el caso de ellas van más allá de una mera condición involuntaria. El ‘National Longitudinal Study of Adolescent to Adult Health’ elaborado entre 1994 y 2008 recogió una serie de impresiones sobre la identidad sexual de 5.018 mujeres y 4.191 hombres en distintos momentos de sus vidas. Las posibilidades que podían elegir los encuestados se agrupaba en cinco categorías: 100% heterosexual, mayormente heterosexual, bisexual, mayormente homosexual y 100% homosexual.

Teniendo en cuenta los niveles de educación de las mujeres, los hijos concebidos y el atractivo físico que consideraban tener, los investigadores extrajeron una serie de conclusiones muy ilustrativas: “Las mujeres con educación superior, físicamente atractivas y sin hijos tienden a tener un mayor acceso a los hombres que ellas consideran como deseables. Para tales mujeres, la heterosexualidad es el camino más obvio, y también el que les ofrece menos resistencia, incluso aunque se dé algún grado de atracción hacia personas del mismo sexo”, Declara la coordinadora del estudio Elizabeth McClintock.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Al mismo tiempo, las mujeres con títulos universitarios mostraban también una menor predisposición a cambiar su tendencia sexual con el paso del tiempo. Los investigadores aseveran que no intentan sugerir que estos factores provoquen que ellas se identifiquen conscientemente con una determinada condición, sino que los contextos sociales pueden jugar un importante papel a la hora de poner límites en aquellas mujeres que de manera natural mostrarían una sexualidad más fluida.

Estos resultados llevan inmediatamente al planteamiento de otra cuestión, ¿la sexualidad masculina se encuentra verdaderamente más limitada que la de ellas? ¿Podría ser que la bisexualidad entre los varones no se manifieste en la misma proporción al tener menor aceptación social? Los expertos coinciden en que son necesarios más estudios para corroborar la veracidad de esta afirmación o desmentirla como otro lugar común.

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