Por qué los mosquitos prefieren picar a unas personas y no a otras
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OLOR, SUDOR Y DIÓXIDO DE CARBONO

Por qué los mosquitos prefieren picar a unas personas y no a otras

Aunque durante los últimos años se han localizado ciertos factores que determinan el gusto de estos animales, aún falta mucho por entender desde un punto de vista biológico

Foto: El secreto está en la sangre... pero no solo en ella. (iStock)
El secreto está en la sangre... pero no solo en ella. (iStock)

Pican, pican los mosquitos, pican con gran disimulo. Unos pican en la cara y otros pican… Ahora que el verano ya está aquí, junto al calor y las indeseables picaduras de este díptero, es probable que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿por qué a mí, señor? ¿Por qué parece que algunas personas son víctimas propicias de este animal mientras que otras son completamente inmunes? ¿Son plato de mal gusto? ¿A quién no le ha pasado eso de levantarse un buen día totalmente agujereado mientras la pareja, que duerme justo al lado, no tiene ni media picadura? Como recordaba el 'Smithsonian', hasta un 20% de la población es especialmente atractiva para los mosquitos.

Un grupo de investigadores ingleses liderados por James Logan, médico entomólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, está intentando descubrir hasta qué punto influye la genética a la hora de salvarse o no de las picaduras, un aspecto en el que aún nos falta mucho por aprender. Hace dos años publicaron sus primeros resultados en 'Plos One', obtenidos de una investigación realizada con hermanos gemelos. El estudio concluía que muy probablemente estaba relacionado con el control genético de nuestro olor corporal, puesto que los hermanos gemelos idénticos (con una carga genética exactamente igual) obtenían los mismos resultados.

Los humanos y los ratones parecen preferir las parejas que huelen de forma menos similar a ellos, una forma de control natural contra la endogamia

¿Y si el secreto se encontrase, exactamente, en el olor de nuestros pies? Un artículo publicado la semana pasada en 'Scientific American' anunciaba cuál va a ser la nueva línea de investigación que van a seguir estos científicos, y que se centra concretamente en “200 pares de gemelos idénticos y no idénticos, cuyas prendas se situarán en un túnel de viento junto a mosquitos para ver qué ocurre”. Este estudio se realizará con parejas de gemelos ingleses y de Gambia con el objetivo de entender cuáles son exactamente los orígenes genéticos de esta diferencia.

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Muy probablemente, esta tenga que ver con el conocido como complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) –en inglés, “major histocompatibility complex”, MHC– constituido por entre cuatro y siete millones de pares de bases que codifican más de 200 genes. Como recordaba el artículo de 'Scientific American', “estos genes parecen jugar un rol en la producción de olor y también en las elecciones de apareamiento de los mamíferos, ya que los humanos y los ratones parecen preferir las parejas que huelen de forma menos similar a ellos, lo que los científicos han entendido que puede ser una forma de control natural contra la endogamia”. Vaya, vaya: ¿y si ese mosquito no te pica porque porta genes muy parecidos a los tuyos?

Los factores ambientales

Sabemos demasiado poco en cuestión de genética acerca de qué nos hace atractivos a estos animales”, ha explicado Logan. “Esperamos que este estudio nos de una nueva perspectiva sobre los mecanismos que nos ayudan a cambiar nuestro olor corporal para hacernos más o menos deseables”. En su mente se encuentra la idea de identificar los genes concretos relacionados con las picaduras para “desarrollar una pastilla o medicación que permitiría que el cuerpo produjese repelentes naturales para mantener a raya a los mosquitos”.

Los adultos reciben más picotazos que los niños porque sus cuerpos son más grandes y, por lo tanto, desprenden más dióxido de carbono

Más allá de las razones propiamente genéticas, hay otros factores en apariencia sorprendentes que explican el porqué de esta diferencia de criterio. Eso sí, lo que está claro en todos los casos es que tener la sangre dulce, como suele señalar la sabiduría popular, no influye en nada. Pero sí el dióxido de carbono que desprendemos al respirar (y que puede ser olido a 50 metros de diferencia), como puso de manifiesto un estudio publicado en 'Analytical Chemistry'. También el calor y la humedad, que llaman la atención del olfato tremendamente sofisticado de estos animales. El tamaño importa en este caso: debido a que la gente “grande” exhala una mayor cantidad de CO2, son un blanco más atractivo. De ahí que los adultos reciban más picaduras que los niños.

Dicha investigación ponía de manifiesto que de los 346 componentes químicos que producen olor, hasta 277 (unas tres cuartas partes) atraen a los mosquitos. Entre ellos, los más llamativos para los 'Aedes aegypti' –portador del dengue y la fiebre amarilla– eran el ácido láctico, el amoníaco y los ácidos carboxílicos. Teniendo en cuenta que los mosquitos se sienten atraídos por el olor corporal, y que este se potencia mediante la transpiración de la piel, el calor y el sudor son clave a la hora de terminar siendo víctimas de las picaduras. Por ejemplo, a la familia 'Anopheles gambiae', gran aficionada de un queso llamado 'Limburguer', le vuelve loca el olor de los pies humanos… que comparten bacteria con este producto lácteo.

Algo tendrás que los vuelves locos. (iStock)
Algo tendrás que los vuelves locos. (iStock)

El tipo de sangre que portamos también influye. Como aseguraba una investigación publicada en el 'Journal of Medical Entomology', los portadores del grupo 0 atraen más a los mosquitos que los que portan sangre AB, B y A (con estos últimos, la diferencia era casi del doble). En realidad, hasta un 85% de las personas segregan una señal química que muestra qué tipo de sangre portan, y esas son las preferidas de los mosquitos.

No salgas corriendo

Hay otros factores que pueden determinar que nos toque (o no) ser objeto de picaduras, que se derivan de los anteriormente mostrados. Por ejemplo, hacer ejercicio. Es obvio: si, como hemos visto, sudar nos hace liberar esos elementos que tan sabrosos resultan para los mosquitos (a los que hay que añadir también el ácido úrico y el amoníaco), la práctica de deporte nos convertirá en firmes candidatos a recibir algún que otro picotazo. Aunque hay que recordar que los factores genéticos también influyen en la secreción de estos elementos químicos.

Consumir un tercio de cerveza provoca que los mosquitos se decanten por ti en lugar de por tu amigo abstemio

Es posible que también las bacterias de nuestra piel llamen la atención de estos animales. Un estudio publicado en el año 2011 recordaba que determinada composición en la microbiota externa llamaba la atención del mosquito 'Anopheles gambiae', uno de los principales responsables de la expansión de la malaria en África. Curiosamente, la abundancia es positiva para el ser humano: aunque parecían decantarse por zonas como los pies o las rodillas, si el espécimen humano presentaba una mayor diversidad de bacterias pero repartidas por una mayor superficie del cuerpo, parecía ser menos atractiva para estos animales.

Beber cerveza también los atrae. Una investigación publicada por el 'Journal of the American Mosquito Control Assocation' defendía esta relación. Aunque no era capaz de explicar cuál era exactamente la razón, probablemente tenía que ver con la elevación de la temperatura corporal y la cantidad de etanol en el organismo Lo que quedaba más o menos claro en dicha investigación es que bastaba con tomarse un tercio de cerveza para que los mosquitos nos prefiriesen a nuestros amigos abstemios.

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Una última advertencia: los mosquitos parecen mostrar una preferencia clara por las mujeres en determinadas etapas del ciclo menstrual; en concreto, en proceso de ovulación. También las embarazadas, como señaló una investigación publicada en 'The Lancet': según esta, las mujeres en estado atraían el doble de 'Anopheles gambiae complex' que las que no estaban embarazadas. Una vez más, parte de la explicación se asociaba con la cantidad de dióxido de carbono que exhalaban y con su temperatura corporal, que era muy superior (un 21% y unas décimas, respectivamente).

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