los 'eurekas' más inesperados

Accidentes y casualidades que cambiaron del todo el rumbo de la historia

Estos son algunos ejemplos de cómo la vida de millones de personas puede cambiar por una sucesión relativamente casual de acontecimientos

Foto: Pasteur, fotografiado por Nadar. (Wikipedia)
Pasteur, fotografiado por Nadar. (Wikipedia)

Sería una injusticia intelectual achacar el descubrimiento de las leyes de la gravedad por parte de Newton a esa famosa manzana que cayó de un árbol del jardín de su casa. Las grandes mentes de la historia —con ayuda de ciertas circunstancias económicas y sociales— son las responsables del progreso, y no la suerte que queremos ver a veces los que no tenemos talento ni paciencia para seguir las pistas y buscar soluciones a los grandes problemas.

'The Atlantic' ha hecho una pregunta abierta a sus lectores sobre cuál es el accidente fortuito que más ha cambiado nuestras vidas. Aquí te contamos algunas de las respuestas más interesantes.

Nancy Tomes, autora de 'Remaking the American Patient' ('Reinventando al paciente americano') apuesta por el decisivo momento en que Louis Pasteur descubrió… bueno, la pasterización, claro. Lo que en realidad buscaba eran formas de evitar el proceso por el que los vinos se vuelven ácidos y se avinagran. Tuvo la intuición de que la culpa era de un microbio y después pensó que quizá también nosotros nos poníamos enfermos a causa de los gérmenes.

A raíz de la contaminación accidental que Pasteur analizó conseguimos leche segura, vacunas, higiene alimentaria y antibióticos

Aún hoy Pasteur sigue sin ser una etapa superada de la historia de la ciencia. Sus descubrimientos están en la base misma de la actual microbiología y cambiaron la química para siempre. A raíz de él, leche segura, vacunas, higiene alimentaria, antibióticos y, como destacan en 'The Atlantic', mejor vino.

Un torneo que abortó la paz

Jonathan Kay, editor jefe de la revista canadiense 'The Walrus', se centra en un accidente que sufrió Enrique VIII. Relaciona su caída del caballo en una justa en 1536 con uno de los abortos de Ana Bolena. Según las fuentes de Kay, en ese momento estaba embarazada de un niño y perdió el feto a causa de los nervios de aquella situación, lo que fue el principio del fin para ella al no poder dar un varón al rey, obsesionado con su sucesión en el trono de Inglaterra.

Aquella caída del caballo pudo contribuir a los desastres violentos de la época de la Reforma convirtiendo al monarca en una persona impedida y amargada.

Otro escritor, J. Kenji López-Alt, autor de 'The Food Lab', se decide por el fotógrafo Eadweard Muybridge, que creó un dispositivo con cámaras de fotos para que hicieran fotos de un caballo en una rápida sucesión. El objetivo no tenía nada que ver la atracción de feria y posteriormente forma artística que después sería el cinematógrafo, se trataba solo de averiguar si los caballos al galope despegan o no todas las pezuñas del suelo en algún momento.

Alexander Fleming en su laboratorio.
Alexander Fleming en su laboratorio.

Sara Seager, profesora de astronomía planetaria y física en el MIT, nos llama la atención sobre los rayos X, que han posibilitado el diagnóstico preciso en multitud de enfermedades. En 1895, el físico William Conrad Röntgen estaba experimentando con rayos catódicos y vio que uno de los tubos que manipulaba hacía brillar unos frascos de sales de bario a metros de distancia, a pesar de que el tubo estaba envuelto en papel negro.

¿Qué eran esos rayos invisibles que atravesaban superficies opacas? Pronto comprobó lo que podían hacer. La primera radiografía de la historia mostró el interior de la mano de su esposa. Quién hubiera dicho en su boda que algún día podría ver los huesos de esa mano que tomaba entre las suyas sin que nadie saliera herido... 

Cuando no había libros de cocina

Shazad Latif, el actor conocido sobre todo por ser el doctor Jekyll en la serie 'Penny Dreadful', dice algo más básico pero más importante. Aprender a cocinar los alimentos, que posibilitó nuestra evolución y posiblemente nuestra supervivencia como especie, debió ser también fruto de la casualidad en un primer momento.

Laurence Gonzales, escritor y periodista, prefiere a Alexander Fleming y se acuerda de cuando este provocó una contaminación accidental en su laboratorio de Londres. Al volver de vacaciones en 1930, tiró un cultivo de estafilococo y así lo puso en contacto con un hongo que después se identificó como 'penicillium notatum', el principio de la penicilina. Es imposible calcular cuántas vidas se han salvado desde entonces gracias al posterior desarrollo de su hallazgo. Precisamente por ser un fenómeno tan importante, está integrado en nuestra cotidianidad y ya apenas lo vemos. Algunos son capaces de cuestionar los antibióticos en su conjunto, a pesar de haber mejorado exponencialmente la esperanza de vida de los afortunados que tenemos acceso a ellos.

Si el conductor del coche del archiduque Francisco Fernando no se hubiera perdido, quizá no se hubiera producido la Primera Guerra Mundial

Un lector propone dos accidentes nucleares, más importantes aún por sus implicaciones posteriores en la conciencia colectiva que por sus consecuencias directas, Three Mile Island (1979) y Chernóbil (1986). ¿Era necesario estar tan cerca del desastre mundial para aumentar las medidas de seguridad y abrir un debate serio sobre los peligros de la energía nuclear?

Mucho más atrás en el tiempo, el 28 de junio de 1914, el conductor del coche del archiduque Francisco Fernando de Austria se perdió por Sarajevo y en una de sus lentas maniobras buscando el camino fue a toparse con Gavrilo Princip. Princip, un jovencísimo integrante de Mano Negra, el grupo nacionalista serbio que lo quería muerto, aprovechó la oportunidad. Sin ese desencadenante, es posible que la Primera Guerra Mundial no hubiera llegado a producirse. ¿Y sin la primera, hubiéramos llegado a la segunda?

Demasiada responsabilidad para un pobre chófer. Lo que está claro viendo estos ejemplos es que en la ciencia, y en el asesinato, es aún más válida que en el arte aquella conocida frase de Picasso: cuando llegue la inspiración, mejor que nos encuentre trabajando.

(Y sí, los caballos son capaces de tener despegadas del suelo todas las pezuñas a la vez, lo que le dio la razón a Muybridge y a nosotros nos dejó una bonita animación).

Alma, Corazón, Vida

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