LAS TRANSICIONES SON DIFÍCILES

La crisis del cuarto de edad: cuál es de verdad la peor época de nuestras vidas

Ni la adolescencia ni la madurez: hay una etapa que cada vez resulta más inaguantable a aquellos que la atraviesan, quizá porque aún no sabemos cómo entenderla

Foto: Cuando eres un adulto pero nadie te trata como tal. (iStock)
Cuando eres un adulto pero nadie te trata como tal. (iStock)

Durante mucho tiempo se ha señalado que la adolescencia, en concreto la tardía, es una de las épocas más complicadas de nuestras vidas, puesto que es aquella en la que nuestras ambiciones empiezan a dispararse pero aún carecemos de los medios necesarios para alcanzarlas. La situación parece estar cambiando o, mejor dicho, alargándose, como sugieren varias investigaciones publicadas este mismo año, y que recuerdan que la época más frustrante, triste y complicada de nuestras vidas se encuentra en un momento cercano a nuestro 30 aniversario.

Es probable que la postergación de la llegada de la era adulta –propiciada por una miríada de factores, desde los laborales como las altas tasas de desempleo juvenil a las culturales como el aumento en la edad a la que uno se casa por primera vez– tenga mucho que ver. Como sugiere una investigación publicada en 'Emerging Trend in the Social and Behavioral Sciences', se ha producido una evolución desde las definiciones tradicionales y universales de la era adulta a otras mucho más diversas: sin embargo, la percepción que tanto los jóvenes como los propios adultos siguen teniendo de estas diferentes definiciones de la madurez siguen estando determinadas por ideas de épocas pasadas.

A veces no tienen trabajo, a veces consideran que están subempleados, pero todos ellos tienen en común que se sienten incompletos

No es el único. Otro estudio de índole más psicoanalítica publicado, esta vez, en 'Psychological Perspective', recuerda que apenas se ha prestado atención al estadio del desarrollo que Jung consideraba “la primera mitad de la vida” (una de las célebres citas del suizo aseguraba que “la primera mitad de la vida se destina a formar un ego saludable, la segunda mitad a librarnos de él y explorar nuestro interior”). Mientras que antes los adultos resultaban de gran ayuda a la hora de facilitar esta transición entre épocas, la mayor parte de jóvenes carecen actualmente de dichas referencias, quizá precisamente porque aún no existen términos ni reglas para entender dicha época vital situada entre la juventud y la madurez, y que cada vez es más larga.

En otras palabras, si tan mal lo pasan aquellos que están a punto de cumplir los 30 o que lo han hecho recientemente, en comparación con otras edades es porque, como señala el investigador de Happify, Inc. Ran Zilca en un artículo publicado en 'Harvard Business Review', se trata de una época crítica en cuanto que el individuo empieza a disfrutar de cierta independencia (se independiza, consigue su primer trabajo serio, sus relaciones amorosas empiezan a ir más en serio) y, no obstante, sigue siendo tratado como un niño por los mayores. Paradójicamente, a una edad en la que hace tan solo unas décadas uno era un adulto de pleno derecho.

Durante esta crisis de identidad, mucho sienten una intensa soledad. (iStock)
Durante esta crisis de identidad, mucho sienten una intensa soledad. (iStock)
  • El término 'quarter life crisis' (algo así como “crisis del cuarto de edad”) se ha popularizado para referirse a ese período de vida marcado por el estrés de convertirse en adulto. Ya lo utilizó un artículo publicado en 2004 en 'The Boston Globe' que se refería a esa juventud “desempleada en algunos casos, en otros muchos subempleados, pero que en todos los casos se sienten incompletos”. Zilca también recurre a dicho concepto para referirse a esa etapa en la que se ha multiplicado el número de personas que sufren depresión, como los propios datos recabados entre 88.000 cuestionarios por su compañía, Happify, demuestran: “Mirando en primer lugar a las autoevaluaciones de estrés continuo, encontramos que la gente experimentaba un incremento agudo en los niveles de estrés a finales de la veintena y principio de la treintena”.
  • A medida que pasan los años, esta insatisfacción, estrés y frustración aumentan. Sin embargo, aquí es donde llegan las buenas noticias: a pesar del crecimiento de estos factores en principio negativos, se empieza a disponer de herramientas que nos ayudan a hacerles frente de forma mucho más satisfactoria y a proporcionar una mejor respuesta emocional. “Este proceso positivo comienza después de la crisis del cuarto de vida y continúa a medida que la gente encuentra nuevas maneras de lidiar con los factores estresantes interpersonales, laborales y familiares”.

Muchos se sienten en una “falsa madurez”, ya que han aceptado algunas de las responsabilidades de la era adulta pero aún no se sienten percibidos como tales

Es durante la época previa en la que se produce el conocido como estado de “vagabundeo mental” (“mind wandering”) relacionado con una menor felicidad y que impide al que lo sufre que pueda concentrarse en una única actividad. Y, como señala la investigación llevada a cabo por Richard A. Settersten, Timothy M. Ottusch y Barbara Schneider, de las Universidades de Oregon y de Michigan, está causado ante todo por la incomprensión que los ya no tan jóvenes sienten por la manera en que son tratados en su familia y en la universidad

Las cuatro fases de la depresión veinteañera

Es la gran aportación de Zilca en el artículo publicado en 'HBR': no solo los jóvenes se sienten insatisfechos, sino que además, suelen compartir un mismo proceso vital conformado por cuatro fases y del que emergen con más confianza, seguridad y ya como unos adultos de pleno derecho. ¿Cuáles son, según el investigador, estas etapas vitales que todos nos hemos visto obligados a quemar en mayor o menor grado?

  • Atrapado: la postadolescencia es el momento de aceptar las primeras responsabilidades y compromisos. Esto se traduce en comenzar una relación seria, alquilar o comprar un piso, elegir una carrera profesional y descartar otras o, en definitiva, cualquier decisión que puede provocar una sensación de angustia. Ya no hay marcha atrás (aparentemente).
  • Abandono: muchos de los jóvenes se sienten inmersos en una “falsa madurez”, ya que han aceptado algunas de las responsabilidades de la era adulta pero aún no se sienten percibidos como tales. Por lo tanto, en algún momento pueden tomar la decisión de romper con esos lazos que los atan y dejar a su pareja, abandonar su trabajo, cambiar de piso, mudarse a otra ciudad, volver a casa con sus padres…
  • Soledad: la etapa crítica, producto de la incapacidad de hacer frente a los retos de la edad adulta. Es en este momento en el que se disparan las depresiones relacionadas con la soledad y el aislamiento; pero también el momento en el que terminan “saliendo y explorando nuevas aficiones, intereses y grupos sociales”. Bienvenido a la edad adulta.
  • Un nuevo yo: una vez se ha producido ese proceso de reevaluación, emerge de la crisis una nueva persona, “más feliz, más motivada, y con una dirección más clara”. Aunque el autor recuerda que, como todo proceso crítico, este puede ser doloroso, “es también una tremenda oportunidad de crecimiento, ya que puede dar lugar a individuos que lleven vidas más felices y con un mayor significado”.  
Alma, Corazón, Vida

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