LA INVASIÓN DE LOS AUXILIARES DE CONVERSACIÓN

Esto es lo que piensan los profesores nativos de nuestra forma de aprender inglés

Han irrumpido con fuerza en la educación española como el bastón que le faltaba para poder cumplir el sueño de los colegios e institutos bilingües. Y, además, tienen un punto de vista muy diferente

Foto: Alisha, Tim, Chris y Natalia. (Foto: Héctor G. Barnés)
Alisha, Tim, Chris y Natalia. (Foto: Héctor G. Barnés)

Que las cosas han cambiado en lo referente al aprendizaje de idiomas en España es evidente, y quizá el ejemplo más elocuente sea la fuerte apuesta que, desde diferentes comunidades autónomas, se ha realizado para que los colegios e institutos pasen a ser bilingües. Una inversión que, como todas, ha encontrado no pocas dificultades. La más clara, que la mayor parte del cuerpo docente español no controla a la perfección el idioma inglés, o lo hace de manera insuficiente para mantener conversaciones, impartir clases en inglés de manera íntegra o preparar los procesos de evaluación externa que se llevan a cabo en diversas comunidades.

Ahí es donde entran en juego los auxiliares de conversación que, poco a poco, se están haciendo imprescindibles en los colegios de toda España. En Madrid, por ejemplo, había ya unos 1.900 en las aulas durante el curso 2014/2015. Por así decirlo, el suyo es un pacto 'quid pro quo': los nativos pasan unas horas en el colegio, aprenden el idioma y la cultura y, a cambio, ayudan a los profesores y a los alumnos con el idioma desde su posición privilegiada de profesores nativos. En concreto, a la hora de mantener conversaciones en inglés con los estudiantes o prepararlos para exámenes externos.

Los niños no tienen vergüenza de nada. Creo que dentro de 10 años, España estará al nivel del resto de Europa, incluso de los países escandinavos

El Confidencial ha reunido a cuatro de ellos gracias a Cambridge English Languague Assessment, encargada de formarlos, y su experiencia es una buena guía para entender en qué punto nos encontramos en el aprendizaje del inglés y qué podemos hacer para mejorarlo. Sus nombres son Christopher Archevald (de las Escuelas Pías de Navarra), Tim Maxwell (del Santísimo Sacramento de Pamplona) y Natalia Hokin (del Colegio Zola de Madrid), los tres estadounidense (y Alisha Tupchong, que acababa de aterrizar desde Canadá para dar clase en el colegio Safa de Úbeda) y ninguno supera los 30 años. Sin embargo, son optimistas, a pesar de las resistencias. Como asegura Tim, “Los niños no tienen vergüenza de nada. Creo que dentro de 10 años, España será como el resto de Europa, como Noruega”. Está claro que el proceso es imparable: “Algunos alumnos de cuarto de primaria hablan mejor que los de cuarto de ESO. Lo hacen sin vergüenza ni miedo, y la evolución va a mejor”, explica Chris. Algo en lo que coinciden todos los entrevistados pero, ¿qué nos falta por ahora?

Yes, we... can?

Conocer a tres profesores estadounidenses y una canadiense resulta muy positivo para la autoestima: todos coinciden en que el esfuerzo que los españoles hacemos por hablar lenguas extranjeras (inglés, concretamente), es muy superior que el que los americanos realizan para aprender otros idiomas. Y, además sirve para descubrir que, para hablar inglés, deberíamos imitar antes que a los expertos en idiomas a los niños. Como explica Tim, que da clase en el Colegio Santísimo Sacramento de Pamplona, “los de Infantil y Primaria no tienen vergüenza, pero los de ESO un poco más, aunque algunos han mejorado su nivel porque quieren hablar con sus amigos y les gusta mi clase porque es más divertida, aprendemos sin saber que aprendemos”.

Alisha, Tim, Chris y Natalia charlan durante la entrevista. (Foto: Héctor G. Barnés)
Alisha, Tim, Chris y Natalia charlan durante la entrevista. (Foto: Héctor G. Barnés)

En su caso, el profesor le dijo a todos los estudiantes que no sabía nada de español (aunque lo hable perfectamente): el viejo truco para conseguir que los estudiantes tengan que lanzarse a hablar otro idioma… y que no seguimos los adultos en su día, tan obsesionados por no equivocarnos. Chris sigue un método un tanto distinto: no tiene problemas en utilizar el español con los más pequeños, porque lo importante es que nadie quede atrás: “Si necesito hablar un poco en español lo hago, no quiero que no hagan nada en la clase porque no entienden”.

Natalia, que trabaja en el Colegio Zola de Villafranca del Castillo, recuerda que quizá el gran problema que hemos tenido los españoles ha sido olvidarnos de las clases de conversación, y centrarnos demasiado en lo teórico, en la gramática y en el vocabulario. “Al final hablar en un idioma es expresarte y puedes hacer muy bien un examen pero eso no te enseña a hablar con alguien. Creo que el sistema español está demasiado centrado en los exámenes. Toda la nota se basa en ello”. No sólo eso, sino que muchos alumnos siguen evitando hablar en otro idioma: “A veces por el pasillo les dices 'hello, how are you?' y se congelan porque no saben expresarse. Para mí es importante tener a alguien con quien hablar sobre tu fin de semana, sobre tus juguetes… que es lo que hay que saber cuando hablamos un idioma. Saben gramática, pero les cuesta hablar”.

Hay poco análisis y resolución de problemas, pero mucha memorización y exámenes. Si estudiase aquí me costaría ir a la universidad en otro país

A pesar del optimismo generalizado, hay determinadas dificultades que aún nos separan del resto de países europeos. “Tienen que dejar de doblar series de televisión y películas”, añade Natalia. “Conozco niños en Suecia y Alemania que hablan perfecto porque el inglés es parte de su vida normal, no es algo que hagan sólo en clase”. Estas diferencias también afectan al sistema educativo en sí, no sólo en lo que concierne a la enseñanza de idiomas. Dentro de los hándicaps que hay en nuestro país, se encuentran, como ellos mismos proponen, una cultura del examen, una pesada titulitis y la burocratización de la enseñanza.

“España está obsesionada por los exámenes”, señala Natalia. Ella recuerda que en su infancia, en Wisconsin, eran mucho más importante el trabajo en equipo y la investigación. Por ejemplo, nuestros alumnos no suelen redactar 'papers', pero sí dedican mucho tiempo a aprender contenidos de memoria. “Hay poco de analizar y resolver problemas de manera crítica, pero mucha memorización y exámenes. No salen muy preparados al mundo. Si estudiase aquí me costaría ir a la universidad en otro país”. “Lo que me parece raro con el inglés es que los niños de Infantil se centran muchísimo en fonética, y no está mal porque me llamo Tim y todo el mundo me llama 'team', como si fuese equipo, así que...”, explica Tim, con humor. “Me parece raro pero funciona, el problema es que en Primaria hay que escribir y les cuesta hacerlo bien hasta tercero o cuarto. No pueden deletrear. Al escribir se nota que no pueden escribir 'papers' de investigación”.

Uno de los roles que estos docentes llevan a cabo es el de ayudar a los alumnos a preparar exámenes como los de Cambridge (PET ante todo, y también First), especialmente en lo que se refiere a la parte oral, y que en muchos casos constituyen las pruebas externas de cada comunidad. Como explica Natalia, muchas veces utilizrn los exámenes y materiales para preparar a los alumnos, de manera que "sepan lo que van a encontrarse". En ese caso, como recuerda Tim, es importante trabajar de manera conjunta con el profesor, que es quien determina los contenidos que se están impartiendo para que el auxiliar profundice en ellos en el aula.

Los profesores, ¿amigos o enemigos íntimos?

Así visto, podría pensarse que el auxiliar puede poner en peligro la figura del profesor tradicional, que no puede competir con otros docentes cuya lengua original es el inglés. No obstante, la convivencia es pacífica, y por ahora, estos nuevos ayudantes son un complemento y no tanto una sustitución. Algunos compañeros, explica Natalia, acuden a las clases que ellos mismos proporcionan para aprender inglés sin, parece ser, el complejo que solemos atribuir a los adultos.

Chris y Natalia. (Foto: HGB)
Chris y Natalia. (Foto: HGB)

“Las monjas también son profesoras de inglés”, recuerda Tim, quien trabaja en un colegio concertado religioso. “El director es el que mejor nivel tiene. Para ellos soy un diccionario andante: 'Tim, ¿cómo se dice esto en inglés…?' Cuando estoy con los profesores dicen cosas como “revise”, que no significa “revisar”, en lugar de “review”. En Primaria hay un profesor que tiene muy buen nivel, los otros no tanto. A ellos tres les doy clases particulares en horas extraescolares, y lo que descubrí es que el problema no es que tengan un nivel bajo, es que tienen vergüenza. 'No sé si es correcto, no quiero decirlo…' Pero tras unos meses mejora su nivel de confianza y, por lo tanto, de inglés. Durante el recreo o la comida me preguntan cosas. Quieren aprender y mejorar para darle lo mejor a los alumnos”.

“Los profesores hablan muy bien, y en cada curso estamos una hora a la semana junto a la profesora”, recuerda Natalia. En muchos casos, los auxiliares también están presentes en el aula como apoyo al cuerpo docente convencional. “Los profesores también tienen una hora para charlar, y las jefas de departamento una hora aparte más intensiva”. Chris, por su parte, agradece a Corinna, jefa de Departamento de Inglés, que también es de Nueva York, haberle ayudado a integrarse tanto en la escuela como en su vida, la muestra también de que lo de los auxiliares no es un caso excepcional y parece relativamente irremediable que cada vez más angloparlantes encuentren trabajo en nuestro país.

Es un camino muy largo ser profesor en España, y la burocracia aquí es muy complicada

El papel que estos auxiliares juegan no es meramente educativo, aunque su principal función sea asistir a los alumnos en sus conversaciones de inglés, eso que tanto cuesta a muchos docentes españoles. También sirven de enlace cultural. Como explica Javier López Molina, director de UP International Education, dedicada a gestionar los cuerpos de auxiliares, “su presencia revoluciona completamente el colegio, desde el bedel hasta los profesores o los padres. Eso está cambiando muchas maneras de cómo trabajan los colegios. Esta manera de integrar chicos que están completamente dentro del colegio hace que todo haya cambiado mucho. No se dan cuenta, pero traen un trozo de EEUU a un colegio de Tafalla, Úbeda o Pamplona”.

Su presencia, por lo tanto, es también la muestra de que los centros educativos están cambiando y resultan más permeables a nuevas figuras que quizá no tengan la categoría del profesor pero que se relacionan de otra manera con los alumnos, en ocasiones facilitando la tan buscada motivación. A ese respecto, por ejemplo, Chris recuerda que recientemente un alumno le dijo que era “el mejor guiri de Tafalla”, y Tim (que cuenta sus experiencias en su blog) afirma sentirse un poco como una estrella. Especialmente en el ámbito rural, la presencia de estos auxiliares contribuye a proporcionar un punto de vista diferente. Como el propio Chris recuerda, no sólo los alumnos les preguntan por Nueva York, su forma de vida u otros aspectos, sino también sus compañeros profesores o los propios pamplonicas.

Alisha y Tim. (Foto: HGB)
Alisha y Tim. (Foto: HGB)

¿Están los visitantes aquí para quedarse? En algunos casos da la impresión de que este es un paso superior al de 'au pair' de intercambio, algo que se hace transitoriamente para ganarse la vida y vivir experiencias en otro país, pero en otros, parece el principio de una clara vocación. Natalia, por ejemplo, lo tiene claro: va a estudiar el máster de Formación del Profesorado para trabajar como docente. “Me encantaría trabajar de profe, profe”, señala. En la era de la globalización y la movilidad extrema de trabajadores, ¿quién mejor que un angloparlante para enseñar inglés? Sin embargo, no todo es tan sencillo. Tim explica que la burocracia española es un escollo importante, algo ante lo cual asienten todos. “Es algo que me detiene para ser profesor, es un camino muy largo conseguir todo lo que necesito para ser profesor de verdad, y mi experiencia con la burocracia aquí ha sido… impresionante. Lo que me frena un poco”. Tarde o temprano, incluso los profesores extranjeros deben encontrarse con la dura realidad española.

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