MILAGROS AL ALCANCE DE LA MANO

El colegio de Sevilla en el que ningún niño suspende (y qué podemos aprender de él)

Frente a los altos niveles de abandono y fracaso escolar de nuestro país y, más concretamente, de Andalucía, un centro privado ha conseguido erradicar casi por completo los malos resultados

Foto: El San Francisco de Paula abrió sus puertas en 1886.
El San Francisco de Paula abrió sus puertas en 1886.

Estamos en el año 2015. Toda España sufre una epidemia de abandono y fracaso escolar… ¿Toda? ¡No! Un colegio sevillano asegura haber alcanzado unas tasas de suspenso que son “virtualmente” del 0%. Se trata del San Francisco de Paula, un centro privado que ha conseguido que el porcentaje de alumnos promocionados en Primaria sea del 100%, en Secundaria del 99% y en Bachillerato de un 98,5%. Unos datos que contrastan con las tasas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en la que el abandono escolar temprano se sitúa en un 27,7% (frente al 11,1% de la media comunitaria). Pero ¿puede tener este centro la clave para que todo nuestro país salga adelante, o se trata de un caso aislado e irrepetible? Al fin y al cabo, se trata de uno de los centros más caros de toda la comunidad, con matrículas mensuales que oscilan entre los 435 y los 1.170 euros, según Europa Press.

Ha llevado años de ajustes, se avanza poco a poco en función de los descubrimientos de la investigación pedagógica o la neurociencia

El director del colegio, Luis Rey Goñi, lo tiene muy claro: a pesar de que se trata de un colegio privado, todas sus innovaciones pueden ser imitadas en los centros públicos, como explica a El Confidencial. “No es solo una cuestión de dinero”, recuerda. “En la mayor parte de las comunidades de España, el gasto por alumno es muy similar al nuestro”. La clave para haber conseguido ese objetivo y otros, como que unos 90 alumnos de los 1.200 del centro consigan cada año un título de Cambridge habilitante para dar clases de inglés, se encuentra en hacer “un trabajo continuado y constante en una misma línea que nos permita avanzar”. En definitiva, explica, frente a los tumbos del sistema educativo, el San Francisco de Paula lleva 20 años apostando por la investigación, el desarrollo y la implantación de programas como el del Bachillerato Internacional. No es una cuestión de dinero, recuerda el director, sino de saber cómo hay que gastarlo.

Una visión positivista de la enseñanza

¿Cuál es la fórmula del éxito? “La respuesta inmediata es trabajar mucho”, responde Rey Goñi. Y con ello se refiere no solo a alumnos, sino también a profesores y cuerpos directivos, que “intentan analizar las necesidades de cada estudiante para aportar lo que cada uno necesita”. Lo explicábamos en un reportaje sobre los centros educativos de Silicon Valley: una de las claves de colegios como la Khan Lab School es aprender e investigar continuamente, algo que también ocurre en el San Francisco de Paula: “Es una labor que toma años de ajustes, se avanza poco a poco en función de los descubrimientos de la investigación pedagógica o la neurociencia”.

Laboratorio del San Francisco de Paula.
Laboratorio del San Francisco de Paula.

Se trata de una visión positivista de la educación, que confía en la ciencia y la investigación como sus motores. Rey Goñi dibuja un paralelismo elocuente con el sistema sanitario, que “funciona en la medida que la investigación médica avanza, y se aplica por criterios políticos. ¿Qué pasaría si cada Gobierno nuevo cambiase cómo son los tratamientos y las operaciones quirúrgicas?”. En términos prácticos, el objetivo de suspensos cero se obtiene ante todo “incrementando los servicios de refuerzo, atención individualizada y los recursos para adaptarnos a las necesidades”. En el centro hay un orientador por cada 230 alumnos, mientras que en el resto de España la media es superior a los 1.000, añade el director. A ello hay que añadir una organización flexible que hace que los alumnos puedan disfrutar de la atención de profesores especializados así como horarios adicionales de atención a dificultades psicosociales o de aprendizaje, de desarrollo de capacidades lingüísticas y matemáticas o nivelación de alumnos procedentes del extranjero.

No se trata de la única inversión que ha realizado el colegio en los últimos 18 años, desde que Rey Goñi se hiciese con los mandos de la nave. Como explica él mismo, en ese tiempo ha adoptado como metadología el Bachillerato Internacional, que “promueve un aprendizaje mucho más activo, de una manera más diversificada, más basada en la intervención e investigación que en la repetición del temario”. Los grandes beneficiados son, en ese caso, los alumnos de en medio que no tienen ni dificultades ni habilidades especiales, que ven su motivación aumentar. Como recuerda el director, a la sazón embajador español de la Singularity University, el coste de un programa como el IB -que en otros países se ha popularizado en centros públicos- es muy reducido en comparación con los beneficios que proporciona. Además, el centro se preocupa especialmente por la formación del profesorado y de los cuerpos directivos.

Hace falta voluntad, una línea mantenida en el tiempo y una conciencia muy clara de que el objetivo real de todo sistema educativo es el progreso del alumno

Es inevitable no tener ciertas reservas cuando un colegio asegura haber acabado con los suspensos. ¿No puede haber bajado la exigencia en los exámenes? ¿O haberse desecho de los estudiantes más conflictivos, la misma acusación que han utilizado los detractores de las academias Success de Nueva Yorknbsp;Rey Goñi recuerda, a tal respecto, que los exámenes externos, como las pruebas de diagnóstico realizadas por la Junta de Andalucía, que realizan un análisis sobre cómo están los alumnos respecto a cómo les correspondería por situación social y económica, arroja un resultado “muy superior a lo esperable”. Además, la nota media de la prueba de acceso a la Universidad es medio punto superior al resto de colegios privados.

En lo que concierne a los estudiantes, Rey Goñi explica que la tasa de rotación de los mismos se ha reducido sensiblemente durante los últimos 15 años, y ahora se encuentra en un 2%, que representa sobre todo a aquellos alumnos cuyas familias se mudan fuera de Sevilla. Así que, de haber alguna diferencia sustancial, no se encuentra ni en un descenso de nivel ni en el arrinconamiento de los estudiantes menos capacitados que puedan emborronar la estadística. ¿Qué pasaría, entonces, si a alguno le da por suspender y de paso emborronar los datos del San Francisco de Paula? “Nada”, responde el director. “Intentaremos ayudarle a que vaya avanzando superando sus dificultades. Son casos excepcionales desde el punto de vista estadístico, pero no traumáticos”.

El patio del colegio.
El patio del colegio.

El problema, recuerda, no es que haya alumnos que repitan, sino que teniendo en cuenta que la inteligencia está repartida por igual en todos los países, en España tantos estudiantes fracasen. Su colegio quizás haya empezado a abrir un camino para encontrar solución a uno de los grandes problemas que amenazan a los jóvenes de nuestro país. Algo quizá mucho más sencillo de lo que parece: “Hace falta una voluntad decidida, una línea mantenida en el tiempo y una conciencia muy clara de que el objetivo real de todo sistema educativo es el progreso del alumno, no la comodidad de los adultos o ganar las elecciones, sino darle al alumno lo que necesita”. La gran pregunta es la siguiente: ¿es posible trasladar la experiencia aislada de un centro que ha pasado décadas investigando sobre educación al conjunto del país, con sus radicales diferencias socioeconómicas, o tan solo unos pocos podrán disfrutar de las ventajas que ofrece un centro como este?

Alma, Corazón, Vida

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